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El antecedente de los posesivos

Los grupos nominales formados con posesivos antepuestos (como su casa) son expresiones referenciales, como ya se explicó. Los posesivos de primera y segunda persona tienen referentes no ambiguos (el hablante y el oyente), pero los de tercera persona requieren un antecedente en el discurso inmediato. Por ejemplo, la interpretación natural de su en la oración Marta llevó a su hijo al colegio toma a Marta como antecedente. En otros contextos puede serlo el pronombre genérico uno, como en Cuando uno piensa en su trabajo..., pero no el pronombre se de las impersonales reflejas también genérico. Así pues, la oración Cuando se piensa en su trabajo... no significa ‘Cuando uno piensa en su propio trabajo’, sino ‘Cuando se piensa en el trabajo de otra persona’. 

Los posesivos de tercera persona pueden ser o no reflexivos. En efecto, el auto del que se habla en Antonio trajo su auto puede ser o no el de Antonio. Si lo es, el posesivo su tendrá a Antonio como antecedente y se interpretará como reflexivo; si no lo es, el antecedente será algún grupo nominal presentado en el discurso previo. La correferencia es obligada, sin embargo, en los llamados posesivos enfáticos, como en En todo caso la expresión tiene su gracia (Marías, J., Corazón). Los posesivos enfáticos se usan a menudo en la descripción de situaciones habituales, características o esperables, como las descritas en Se levantaba temprano, se preparaba su desayuno, salía a dar su paseo y se compraba su periódico. Añaden a su significación propia otras informaciones, como encarecimiento (ya tiene sus cincuenta años), cálculo aproximativo (tendría sus cincuenta años) y diversos matices afectivos. Los posesivos enfáticos no son contrastivos. Así, en la secuencia Los ingleses se tomaron su revancha sin saberlo (Mundo [Esp.] 1/7/1996) no se trata de distinguir la revancha de los ingleses de la revancha de otros. Esta propiedad permite que alternen con frecuencia con los artículos determinados, aun cuando estos no aporten los matices expresivos que caracterizan a aquellos. 

Son reflexivos los posesivos, tónicos o átonos, contenidos en un buen número de modismos. Estos posesivos poseen variantes de persona que alternan en función de sus antecedentes, como en Esta casa le costó lo suyo ~ Esta casa me costó lo mío; Tú siempre haces de las tuyas; Si hay un poco de suerte, nos saldremos con la nuestra (Calvo Sotelo, Muchachita); Ella iba a lo suyo (yo nunca supe ir a lo mío) (Posse, Pasión). Se registran en la lengua descuidada variantes no concordadas de estas construcciones, generalmente a favor de las formas de tercera persona, como en Esta casa te habrá costado lo suyo (por ... lo tuyo); Yo siempre hago de las tuyas (por ... las mías) y similares. En cambio, la locución de suyo (como en Esta situación es de suyo muy complicada) equivale a ‘de por sí’, y no admite variación de persona ni de número. 

Lo mismo que los pronombres personales (Relaciones anafóricas y catafóricas), los posesivos pueden tener un referente único, como en los casos analizados hasta aquí, o bien pueden interpretarse distributivamente como variables ligadas o vinculadas. Esta diferencia se percibe de modo claro al contrastar Marta tiene su teoría (donde su equivale a ‘la de ella, la de Marta’) con Aquí todo el mundo tiene su teoría (Cortázar, Glenda), donde se habla de tantas teorías como individuos denota la expresión todo el mundo. Esta segunda interpretación es compatible con la paráfrasis cada uno la suya; de hecho, el cuantificador cada suele dar lugar a la lectura distributiva: Pero cada uno tiene su estilo (Benedetti, Primavera). En cambio, esta interpretación no es obligada con el cuantificador todo. Así, en Todos tienen su estilo puede querer decirse que cada uno tiene el suyo propio o que todos poseen el de alguien supuestamente mencionado antes. Cuando se obtiene la interpretación distributiva, pueden alternar el singular y el plural sin que el significado se altere, como en Todos los pasajeros llevaban {su maleta ~ sus maletas}. Pese a su carácter de nido, los posesivos prenominales aceptan en esta interpretación antecedentes indefinidos, como en Nadie confía en su vecino (‘el vecino propio’) o en En el instante mismo en que alguien se muere su cuerpo se transforma en algo misteriosamente distinto (Sábato, Abaddón).

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