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Los sustantivos numerales colectivos o de grupo

Los llamados sustantivos numerales colectivos, como los subrayados en una docena de huevos, una veintena de preguntas, un millón de habitantes, son también nombres, pero, a diferencia de los estudiados en los apartados anteriores, forman expresiones cuantificativas. arios de ellos se crean con la terminación -ena (decena, veintena, treintena, cuarentena, cincuentena, centena); otros se construyen con -ar (centenar, millar), y algunos acaban en -ón (millón, billón, trillón y cuatrillón). Para designar la cantidad de mil millones se ha aceptado recientemente el sustantivo millardo, procedente del francés. No es, pues, correcto usar con este sentido el nombre billón, que en español significa ‘un millón de millones’. 

Los numerales colectivos van introducidos por un cuantificador o un determinante, que concuerda con ellos en género y número: un millón doscientas mil casas, cuatro millones ochocientos veinte mil censados, varias docenas de espectadores, las decenas de veces que te lo he dicho. Forman construcciones partitivas (un centenar de las preguntas enviadas, un millón de estos folletos: Los cuantificadores en las estructuras partitivas) y pseudopartitivas (tres docenas de botellas, un par de zapatos: Los cuantificadores en las estructuras pseudopartitivas​​​​​​​). Admiten adjetivos, casi siempre relativos a la completitud o incompletitud de la cantidad designada (justo, exacto, aproximado, largo, corto): Le costó un millón justo; Del medio centenar largo de desgraciados que a proa se ocupa de la maniobra [...] (Pérez-Reverte, Trafalgar). 

Mil y cien pertenecen a los adjetivos o pronombres cardinales estudiados en Usos adjetivos y pronominales de los numerales cardinales, pero se asimilan en parte a los numerales colectivos cuando mil equivale a millar, y cien (bajo la forma ciento) a centenar: muchos miles de pesos, varios cientos de personas. Como se ve en los ejemplos, ambos pueden aparecer en estructuras pseudo- partitivas, en lo que coinciden con los demás numerales colectivos. No obstante, a diferencia de ellos, se combinan mal con el singular y con los cardinales. Así, no se dice *un mil de botellas y, en general, se prefieren dos millares de cartas y un centenar de botellas a dos miles de cartas y un ciento de botellas. Usados como adjetivos, mil y ciento aparecen en singular y no admiten construcciones pseudopartitivas, a diferencia de sus correlatos nominales: compárese mil pesos, cien euros (cuantificadores adjetivos) con miles de pesos, cientos de euros (numerales colectivos). Cambian estos numerales de significado cuando se construyen con el artículo indefinido según se usen como sustantivos o como adjetivos. En unas mil (o unas cien) libras (uso adjetivo), unas significa ‘aproximadamente’ y concuerda con el núcleo libras; en unos miles (o cientos) de libras (uso como numerales colectivos), unos significa ‘varios, unos pocos’ y concuerda en género con miles, no con libras. Se recomienda evitar la construcción unas miles de libras y también otras como las miles de veces que te lo he dicho. 

Millón, billón, trillón y cuatrillón se diferencian de otros numerales colectivos en que pueden formar cardinales complejos por yuxtaposición, de acuerdo con el proceso visto en Formas de los numerales cardinales: un millón cien mil personas, dos millones cuarenta y dos mil quetzales. Como son sustantivos, no inciden directamente sobre los nombres a los que cuantifican. En consecuencia, no son admisibles construcciones como *millón habitantes ni *dos millones quetzales. Por esa misma razón, unos no tiene, cuando precede a estos sustantivos, valor aproximativo, sino que equivale a varios, como en unos millones de euros. 

Algunos sustantivos numerales colectivos se especializan léxicamente, como decenio ‘período de diez años’ o lustro ‘período de cinco años’. Estos sustantivos no admiten complementos pseudopartitivos que expresen la unidad cuantificada, lo que da a entender que no funcionan como cuantificadores. Se dice, en efecto, una docena de huevos o un millón de habitantes, pero no *un lustro de años. Están también especializados, aunque tengan más de una acepción, cuarentena, quincena, década, centuria, dúo, quinteto, cuarteta y otros muchos. 

Los sustantivos numerales colectivos expresan, por lo general, una cantidad exacta, pero en algunos usos pueden denotar cantidad aproximada, habitualmente alta e incluso exagerada. He aquí algunos ejemplos: 

Esto le sirvió de rosario el tiempo que allí estuvo, donde rezó un millón de avemarías (Cervantes, Quijote I); ¿No sabéis que ahora mismo podría mandar a docenas de legiones de ángeles y sus compañeros me librarían de las manos de los hombres? (Benítez, Caballo); Arribaron ayer a suelo patrio los campeones juveniles del X Campeonato Centroamericano de Baloncesto Sub-20, quienes fueron recibidos por decenas de familiares, dirigentes y periodistas deportivos (Siglo 19/5/1997). 

También los cardinales no sustantivos pueden emplearse con valores semejantes, sobre todo en la lengua coloquial: Repitámonos una y mil veces que el dolor compadecido purifica y, abandonado, deprava (Arenal, Visitador); ¡Cien veces me has contado tus amoríos en La Martinica! (O’Donnell, Vincent). El margen para la variación es grande en estos casos: Te lo he dicho {cuarenta ~ cien ~ doscientas ~ quinientas ~ mil} veces. En el mismo registro coloquial se usan a menudo cardinales ficticios, variables según las zonas, para designar, normalmente con intención humorística, un número elevado de personas o cosas: tropecientos, quichicientos, chiquicientos, chorrocientos, sepetecientos, cuchucientos, etc. 

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