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El cuantificador todo en contextos no definidos

En contextos no definidos, todo suele preceder a un sustantivo común en singular (que no queda tácito) sin la presencia de determinantes (abreviadamente, «todo + sustantivo»): todo reptil, toda petición. Se obtienen significados diferentes cuando sigue a todo un grupo nominal construido con el artículo indefinido (todo un hombre, toda una señora) y cuando va seguido de un adjetivo o un participio (todo roto). Se describen brevemente estas construcciones en los apartados que siguen. 

Cuando el sustantivo es contable, la construcción «todo + sustantivo» aparece en contextos de valor genérico: 

Todo instante de felicidad no es sino la confirmación de que tenemos un pasado (Umbral, Mortal); Todo texto estará sujeto, antes de publicarse, a la revisión y rectificaciones del Jefe de Redacción del periódico (Castellanos, R., Eterno). 

En consecuencia, resulta mucho menos natural con tiempos perfectivos (como en Castigaron todo delito o Todo candidato presentó la semana pasada su documentación por triplicado) que con imperfectivos: Castigaremos (o Hemos de castigar) todo delito; Todo candidato deberá presentar la documentación por triplicado. 

Existe una estrecha relación entre los contextos sintácticos en los que se admite «todo + sustantivo» y los que aceptan los indefinidos cualquiera, quienquiera y otros cuantificadores llamados de indistinción. En efecto, podría usarse cualquier en lugar de todo en ejemplos como El artista creador tiene [...] esa segunda vista que el amor ferviente del objeto presta para todo linaje de conocimiento (Rodó, Motivos) o No hablaría el lunes con Álvaro, sino el jueves: en la pequeña cena que suele coronar toda reunión del Club de Escritores (Borges, Aleph). No obstante, las condiciones de aparición de «todo + sustantivo» son más restrictivas que las del indefinido. Así, todo no sustituye a cualquiera cuando se habla de una entidad individual, pero inespecífica, como en Si te pone cualquier pretexto o en Dale cualquier excusa. 

Los sustantivos no contables concretos que siguen a todo se reinterpretan como contables. De este modo, en Toda madera presenta imperfecciones se entiende ‘todo tipo o especie de madera’. No suelen adquirir, en cambio, tal reinterpretación muchos sustantivos no contables abstractos, en particular los que denotan afectos, sentimientos y cualidades. Con estas construcciones se expresa que la propiedad en cuestión se manifiesta en el grado más alto posible. Muchas de ellas van precedidas de la preposición con, como en los ejemplos siguientes: 

Pretende con toda seriedad que recibas a su señor en tu santuario (Valera, Juanita); Góngora siguió con toda humildad el parecer de su sabio amigo (Alonso, D., Poesía); Tomasito entró de repente con toda naturalidad en el zaguán de una casa y el chofer y yo lo seguimos de cerca (Mutis, Maqroll). 

La construcción todo + sustantivo forma parte de un buen número de expresiones lexicalizadas y semilexicalizadas. Destacan especialmente las que se ajustan a la pauta todo + {género, tipo, clase, forma, suerte, variedad...} + de , seguida de un sustantivo contable en plural (todo tipo de libros) o de uno no contable en singular (toda forma de amor). Son asimismo muy numerosas las locuciones adverbiales que se ajustan al esquema preposición «todo + sustantivo». Entre otras muchas, cabe señalar las siguientes, algunas de ellas privativas de ciertos países: 

a toda costa, a toda leche, a toda marcha, a toda prueba, a toda trácala, a toda vela, a toda velocidad, a toda voz, a todo galope, a todo gas, a todo trance, a todo tren, a todo trote, a todo vapor, con toda seguridad, contra todo pronóstico, de toda índole, de todo punto... 

Se forman con infinitivos algunas locuciones similares: a todo correr, a todo meter, a todo sonar, a todo dar, la última muy común en varios países americanos: Es una mujer a todo dar (Monteforte, Desencontrados). 

Presentan diverso grado de lexicalización las locuciones en las que todo se combina con nombres en plural: a todas horas, de todas clases, de todas formas, de todas maneras, de todos modos, en todas direcciones, en todas partes. Este esquema era mucho más productivo en la lengua antigua. Se registran hoy en el español americano las locuciones de todas categorías, de todos colores, de todos tamaños, de todos tipos, entre otras similares, con desigual distribución geográfica y social. 

El uso atributivo de «todo + sustantivo», de gran productividad, apare ce semilexicalizado en algunos casos: Ese hombre que era todo corazón [...] (Ayerra, Lucha); El mísero traje del Pituso era todo agujeros (Galdós, Fortunata). Se expresa en estas construcciones ponderativas que la cualidad asociada con el sustantivo (la bondad con el corazón, por ejemplo) se aplica integralmente al ser del que se habla, o bien que este se presenta convertido en tal entidad, como en el ejemplo de Galdós. En esta construcción todo puede concordar en género con el grupo nominal a cuyo referente se atribuye la cualidad, como en María era toda corazón, pero también permanecer invariable, como en María era todo corazón; Eres todo nervios. 

Es también ponderativa la construcción en la que todo precede a un grupo nominal indefinido encabezado por el artículo indeterminado: La obra fue todo un éxito; Está hecha toda una intelectual. El cuantificador subraya en este uso que una persona o cosa presenta todas las condiciones necesarias para ser lo que se le atribuye (un éxito, una intelectual). En otros casos, todo se re ere al conjunto total de los miembros, las partes o los componentes de una entidad, como en La avería afectó a todo un barrio (construcción no atributiva). Las paráfrasis de todo un / una... con nada menos que... resultan a menudo adecuadas en estos usos, aunque sin sino nimia absoluta: Pues hacerle un hijo a todo un rey es algo que no consiguió ni el propio Júpiter (Moix, Sueño). 

Cuando todo precede a adjetivos o participios (El vestido estaba todo sucio; La muchacha iba toda asustada), se asimila por su significado a los adverbios por completo o completamente: La muchacha iba completamente asustada. Aunque este valor de todo guarda alguna relación con el que corresponde al llamado uso flotante de los cuantificadores, es polémico si ha de asimilarse o no a él. En efecto, la oración La muchacha iba toda asustada no equivale a Toda la muchacha iba asustada, mientras que Los invitados llegaron todos ayer (con cuantificación flotante) es equivalente a Todos los invitados llegaron ayer. La construcción en lo que todo incide sobre un adjetivo o un participio es polémica por razones sintácticas: si todo es aquí adjetivo, no se esperaría que modificara a otro adjetivo o a un participio; si es adverbio, no se explica la concordancia. Se registran, en efecto, variantes no concordadas en el español americano (La muchacha iba todo asustada). Entienden algunos autores que la paradoja deja de existir si se interpreta esta pauta como una variante de la construcción flotante, lo que estaría apoyado por la posibilidad de introducir un pronombre con el que concuerda el adjetivo, como en La muchacha iba toda ella asustada.

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