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El cuantificador todo en contextos definidos

El cuantificador todo (o sus variantes toda / todos / todas, a las que se agrega el neutro todo) puede encabezar grupos definidos introducidos por un artículo determinado (todo el tiempo), un posesivo (todos sus amigos) o un demostrativo (todos estos asuntos). En ciertos usos literarios se pospone, en cambio, al grupo nominal definido, como en Se mineralizan al volverse, evaporada toda su sustancia viva, su alma toda por el sol implacable de una verdad tan pronto perdida cuanto ganada (Cerezales, Escaleras). El cuantificador todo con cuerda en género y número con el grupo que introduce: todo el libro, toda esa agua, todas sus pretensiones. El hecho de que el sustantivo comience por /a/ tónica no altera la concordancia. Se recomienda evitar expresiones como todo el agua, todo el hambre, y emplear en su lugar las formas correctas toda el agua, toda el hambre. 

Los determinantes definidos no comparten grupo sintáctico con el cuantificador todo que los precede. Así pues, la segmentación sintáctica que corresponde a todos los informes, es [todos] [los informes], en lugar de [todos los] [informes]. El grupo nominal puede sustituirse por un pronombre definido en estos casos, sea tónico (todos los informes > todos ellos) o átono (Leí todos los informes > Los leí todos)

El cuantificador todo puede asimismo preceder a los nombres propios cuyo referente implique extensión o duración. Son característicos de este contexto los nombres propios de lugar, como en toda Europa, todo Chile, toda la Alcarria o en Le confío al único amigo que me queda en toda América del Sur (Saer, Ocasión). En Características gramaticales de los nombres propios se explica que los nombres de los meses del año se escriben con minúscula, pero presentan propiedades gramaticales características de los nombres propios: El asunto me llevó todo junio. Por su parte, los nombres propios de persona precedidos del cuantificador todo se suelen reinterpretar como nombres comunes: Todo Carlos bautizado va a la guerra sin remedio (Nieva, Carroza), pero pueden mantener su condición de propios en alguna interpretación particular. Por ejemplo, con los nombres de autores se alude metonímicamente al conjunto de su obra, o bien a su estilo y personalidad: Todo Ben Guzmán (título de un libro de Emilio García Gómez); No es extraño que la crítica, unánimemente, se refiera a Madera de boj como a una obra en la que está todo Cela (Alfa y Omega 24/1/2002). 

Todo puede preceder también a los pronombres personales, como en toda tú, que admite paráfrasis aproximadas con ‘la totalidad de tu persona o de tu ser’. La expresión todo ello suele hacer referencia a un conjunto de cosas mencionadas en el discurso previo. Por último, cuando todos precede a un pronombre personal en plural, se abarca el conjunto de los individuos a los que se hace referencia. e aquí algunos ejemplos de todo con pronombres: 

Bastará una palabra mía para que ella desencadene una tormenta en la que perecerán todos ustedes ahogados por sus propios designios (Donoso, Casa); Todo tú eres un fulgor (Chamorro, E., Cruz); En su intento de dar razón de todo ello, Pavlov hubo de echar mano de unos supuestos procesos de irradiación y concentración (Pinillos, Psicología). 

El pronombre neutro todo adopta la forma del masculino singular: Todo ha terminado entre nosotros. Esta forma da lugar asimismo a un buen número de locuciones adverbiales que se emplean como conectores discursivos: ante todo, después de todo, sobre todo, a pesar de todo, la última solo parcialmente lexicalizada. 

Cuando se construye en plural, el pronombre todo adquiere, al igual que otros cuantificadores (Cuantificadores y restrictores), dos valores. En el primero, todos se usa (en masculino) con el significado de ‘todas las personas’, como en Imagínate que todos actuaran como lo haces tú (Dorfman, Muerte). En el segundo valor, el pronombre todos / todas concuerda con algún grupo nominal introducido en el discurso previo, que constituye su antecedente: El hombre, que a todos los animales domina, que de todos se vale, que se alimenta con los más nobles ¿temblará ante un indigno roedor como tú? (Galdós, Episodios); Su cocina parecía una vitrina de aparatos domésticos y los usaba todos (Allende, Eva). El singular todo / toda, en cambio, carece del primer valor y no suele aparecer en los contextos en los que ha de recuperarse su antecedente. No se dice, por ejemplo, hablando de cierta ciudad, *En toda hay una sola farmacia, sino En toda ella hay una sola farmacia.

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