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Interjecciones no formularias

Son también apelativas, aunque no formularias, las interjecciones que se usan para hacer una promesa o una aserción categórica (palabra, palabra de honor, palabrita del Niño Jesús): Caprónima vacante será tuya. ¡Palabra! (Chávez, Batallador). Lo son igualmente las empleadas para advertir o llamar la atención de alguien, como las subrayadas en ¡Eh, alto ahí! No empieces con tus coñas de abogado y habla claro (Mendoza, Verdad) o en Ojo, cuidado. Uno de los hombres se levanta y viene hacia acá (Quintero, E., Danza). A estas pueden añadirse hey, guay y las onomatopeyas con valor interjectivo chis, chist, pst. 



Se transmite ánimo o estímulo con un gran número de interjecciones, entre las que se encuentran adelante, ánimo, arriba, dale, ea, epa, hágale, hale, órale, vamos, venga. Se usa upa (también aúpa, úpale o upalalá en varios países) cuando se levanta a un niño en brazos. Se pide silencio con sh (onomatopeya asimilada a las interjecciones) y chitón. Ciertas voces de mando en la milicia (ar, fir) se pueden considerar asimismo interjecciones directivas. 



Algunas interjecciones apelativas se dirigen exclusivamente a los animales: so y arre se dirigen a las caballerías; zape a los gatos; mine a las cabras; tus tus a los perros (también chito en algunas áreas); titas o pitas a las gallinas; jau a los toros; ox a las aves, y cuche o huche a los cerdos. Las interjecciones de este grupo presentan una distribución geográfica muy irregular. 

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