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Clases de interjecciones atendiendo a su naturaleza gramatical

Atendiendo a su naturaleza gramatical, las interjecciones se dividen en dos grupos: propias e impropias. Las primeras, introducidas en Aspectos fónicos y gráficos, se emplean únicamente como interjecciones (fuera de los usos nominalizados): epa, oh, olé. Las segundas se crean a partir de formas nominales (cuidado), verbales (venga), adverbiales (fuera) o adjetivales (bravo). 



Son numerosas las interjecciones creadas a partir de sustantivos: caracoles, gracias, hombre, leche(s), narices, ojo, rayos. Entre estas, forman un nutrido grupo las interjecciones y locuciones interjectivas originadas a partir de nombres que hacen referencia al ámbito religioso: cielos, demonio(s), Dios mío, Madre de Dios, Virgen Santa. No son interjecciones los sustantivos y los grupos nominales exclamativos que se utilizan para solicitar algo, como en ¡Café‹!, por favor. No se consideran tampoco interjecciones las expresiones exclamativas nominales ¡Calma!; ¡Paciencia!; ¡Unidad! y otras análogas formadas por sustantivos empleados con intención apelativa. No obstante, los límites entre interjecciones y bases nominales usadas en contextos exclamativos son a veces borrosos. Puede ayudar a decidir, el hecho de que las interjecciones adquieren usos solo relacionados indirectamente con el significado original del sustantivo: caracoles, cielos, hombre, narices, pamplinas, puñeta, etc. A diferencia de lo que sucede con estos sustantivos convertidos en interjecciones, se usa la expresión ¡Paciencia! para pedir a alguien que la tenga (o aconsejarse uno mismo sobre la conveniencia de adquirirla). Existe discrepancia entre los gramáticos en lo relativo al análisis que corresponde a silencio, auxilio o socorro, entre otras voces. El hecho de que constituyan fórmulas convencionales que, por lo general, han de memorizarse cuando se aprende español como segunda lengua es uno de los factores que lleva a algunos autores (pero no a otros) a analizar estas expresiones entre los sustantivos que admiten usos como interjecciones. 



También son abundantes las interjecciones creadas a partir de verbos en imperativo. Ha de tenerse en cuenta que el imperativo puede dar lugar a más de una interjección y que el grado de lexicalización de estas formas es variable. Así, están fuertemente lexicalizados términos como arrea, atiza, sopla, toma y venga. No lo están tanto otros como anda (también andá, ándale, ándele), calla (también calle), imagínate (también imaginate, imagínese, imagínense), mira (también mirá, mira tú, mirá vos, mire usted), oye (también oiga) o quita (también quite, quita ya, quite all|). Se restringen a ciertas áreas lingüísticas dale, meta (o metele), sepa y viene. 



Existe una estrecha relación entre las categorías de interjección y adverbio. De hecho, algunos autores han propuesto que los adverbios y las locuciones adverbiales de afirmación (sí, claro, desde luego, por supuesto) y negación (no, de ninguna manera, en absoluto, para nada) deberían reinterpretarse como interjecciones asertivas. Esta opción es, sin embargo, polémica y no está exenta de inconvenientes, entre ellos el de duplicar las categorías. Se entenderá aquí que el uso de una expresión adverbial en un contexto exclamativo (como ¡Por supuesto! en una réplica) no la convierte en interjección. Se consideran, en cambio, interjecciones los adverbios que presentan usos lexicalizados, como arriba para expresar aplauso, (¡Arriba los estudiantes!) o ¡Adelante! empleado para transmitir ánimo. Ojalá posee características que la asimilan a las interjecciones, pero también otras que la acercan a los adverbios y a los verbos, entre ellas el hecho de inducir el modo subjuntivo. 



Se forman a partir de adjetivos las interjecciones bravo, bueno, claro o largo, entre otras. No se consideran interjecciones los usos exclamativos de los adjetivos que expresan valoración (¡Bárbaro!; ¡Chévere!;¡Macanudo!; ¡Magnífico!; ¡Regio!) ni los usos apelativos (Tranquila, viejita). Dan lugar a interjecciones y locuciones interjectivas ciertos grupos preposicionales (hasta luego, por Dios) y determinadas oraciones exclamativas inmovilizadas: quia o ca (de ¡Qué ha (de ser)¡); qué va.



Se usan como eufemismos muchas interjecciones formadas a partir de palabras pertenecientes a diversas categorías, grupos sintácticos u oraciones. Se evitan de esta forma las voces malsonantes que se asocian con cada una de estas expresiones: concho (por coño), diantre (por diablo), jo (por joder), mecachis (por me cago), ostras (por hostias). 

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