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Clases de expresiones interjectivas expresivas

Las interjecciones y locuciones interjectivas se asocian con una amplia gama de matices expresivos en función del contexto. Manifiestan contrariedad, disgusto o decepción en diversos grados muchas interjecciones, a menudo malsonantes, creadas a partir de sustantivos: carajo, demonios, lástima, leche(s), mierda, puñetas, etc. Era habitual maldición en la lengua clásica como signo de estas mismas reacciones. Lo sigue siendo hoy en México y algunos otros países: Van a cambiarme las ropas con las de un espa‹ñol y yo no puedo defenderme. ¡Maldición! (Boullosa, Duerme). Expresan valores similares, y están también restringidas geográficamente, hijitay y púchica, así como a la pipeta, cruz diablo o mama mía. Son, por otra parte, varias las frases exclamativas lexicalizadas que expresan contrariedad: vaya por Dios, lo que faltaba, cuándo no o cómo no. Se aprecia este sentido en Desapareció el huertecillo y empeparon a edificar; vaya por Dios (Mendoza, Verdad). 



Se emplea caramba para reforzar alguna manifestación de contrariedad, como en - Estás cojo, se te ve - ¡Dale con la pata! Mujer, que no soy cojo, ¡caramba! (Barnet, Gallego). Sin embargo, es más frecuente usarla al oír algo inesperado o sorprendente, propiedad que comparten algunas interjecciones creadas a partir de verbos: anda, arrea, atiza, toma (o tomá), vaya, etc. Aun así, la interjección vaya suele denotar sobre todo contrariedad: ¿Di‹ñarla cuando apenas faltan cinco minutos para la llegada del tren6 ¡Vaya, hombre, qué desilusión! (Quintero, E., Danza). Expresan asimismo sorpresa o perplejidad ostras (sobre todo en España), corcho o concho, tate (cuando se cae en la cuenta de algo), uia, epa, épale cómo o pero cómo: Pero, ¡cómo!, contestaba un ciudadano ejemplar, «¿no sabe que hoy coronan en palacio al gran poeta lírico Faroni?» (Landero, Juegos)La interjección hala se asimila a veces a este grupo, pero denota más frecuentemente exageración. 



Son varias las interjecciones y locuciones interjectivas que se usan para llamar la atención sobre algo o alguien, a la vez que se añaden matices expresivos diversos. Es el caso de «vaya con + grupo nominal», pero también de velay (o elay), que tiene un uso similar en muchos países americanos: ¡Vaya con el Quijote! Perdió el puesto en La Tabacalera, y jamás volvió a encontrar trabajo (Vargas Llosa, Fiesta); ¡Velay el mozo! ¡Se volvió Socialista! (República [Ur.] 5/4/2009). Las expresiones interjectivas de origen religioso que se mencionaron en Clases de interjecciones atendiendo a su naturaleza gramatical (Jesús, Madre mía, Santo Dios, etc.) manifiestan diversos grados de conturbación del ánimo, desde la sorpresa hasta la consternación, como en Tocho: [...] ¡Señora, la pasta o la mando al otro barrio! Abuela: ¡Ay Jesús, María y José! ¡Ay Cristo bendito! (Alonso Santos, Estanquera). 



Entre las locuciones interjectivas o exclamaciones lexicalizadas que expresan sorpresa, incredulidad o sobresalto, se encuentran ahí va, cómo va a ser, mira tú o mirá vos y mira por dónde. Destacan las que se forman a partir de imperativos negativos: no digas o no me digas (también no me diga, no diga), no fastidies, no jodas (vulgar). Con algunos de estos verbos se crean otras fórmulas exclamativas que manifiestan irritación: no te fastidia o no te jode. A la sorpresa y el recelo suele asociarse la interjección hum.



Expresan admiración y aplauso bravo, chapó, guau, olé (también ole): Me gusta el salero, ¡y olé‹!, que tiene al andar (Vázquez Montalbán, Galíndez). Otras interjecciones, como viva, hurra, o las ya mencionadas epa y épale, manifiestan alegría, complacencia o entusiasmo. Por fin expresa satisfacción ante algo que ha tardado en llegar: - ¡Por fin! - exclamó y soltó el llanto -. ¿Por qué‹ no venías? (Bioy Casares, Diario). No obstante, puede tratarse de una locución adverbial en uso exclamativo. 



Para apoyar o enfatizar un juramento se utiliza la locución interjectiva por estas (Haré‹ que se arrepienta. ¡Por estas!) y la fórmula como hay Dios. Se usa por Dios para jurar, pero también para suplicar o lamentarse: ¡Clara, por Dios! - exclamó su madre horrorizada— (Allende, Casa). 



La interjección ay es la que expresa dolor de forma más característica: Cada cinco o diez minutos se quejaba con un ¡ay! ¡ay! (Vanguardia [Esp.] 16/12/1995), pero también manifiesta tristeza o desasosiego, entre otros valores. La interjección ah se emplea al apercibirse de algo, como en Comentó como si fuese chistoso: ―»Ah, claro, claro» (Sábato, Héroes), además de denotar admiración, satisfacción, contrariedad o dolor, entre otros significados. Posee igualmente varios sentidos la interjección oh: asombro (el más frecuente), desilusión, pena. Huy se adapta asimismo a un gran número de contextos, reforzando el significado de los enunciados a los que acompaña (¡Huy! ¡qué miedo!; ¡Huy! ¡qué‹ coincidencia!; ¡Huy, qué‹ bien!; ¡Huy! ¡qué‹ da‹o!; ¡Huy, qué raro!). El temor y la preocupación se expresan principalmente con esta interjección. 



Constituyen interjecciones o locuciones interjectivas de aprobación, aceptación y confirmación ajá (también ahá y anjá), ajajá, bueno, cómo no, desde luego, école (y sus variantes école cua y ecole cuatro, entre otras), y cómo, ya: ¡Ajá, ajá! ¿El franchute apoya? De perlas, hijos, de perlas (Pérez Ayala, Belarmino). Manifiestan asimismo conformidad varias expresiones formadas a partir de bases verbales: venga, dale (también como expresiones de ánimo); ta (en el Uruguay); vale (en España y en el Perú, pero en expansión en otros países); vaya pues (en México y Centroamérica). Se emplea en fin como señal de resignación y bueno puede denotar, entre otros valores, condescendencia resignada. Entre las oraciones exclamativas lexicalizadas que corresponden a este apartado cabe señalar ¡Y que lo digas!, que refuerza una afirmación anterior, y ¡No faltaba más! (ambas con variantes). 



La interjección que se asocia de forma prototípica con la indiferencia, el desdén o el menosprecio es bah. Por su parte, aj, puaf y puaj expresan asco o repulsión: ¡Puaj! Huele a cadáver de rata (Allende, Ciudad). Cabe añadir pche, pchs o pst, onomatopeyas asimiladas a las interjecciones. 



Expresan negación, rechazo u oposición anda ya, buah, ca y quia, minga y mongo (las dos últimas, voces malsonantes usadas en la Argentina), nanay, nel (en México), ni modo, qu‹é capaz (en el área caribeña), qué‹ va, quita (o quita ya), venga ya, y qu‹é más. En este grupo son numerosos los sustantivos y los grupos nominales inmovilizados como interjecciones: (un) cuerno, (un) huevo (malsonante), un rábano, (unas) narices, naranjas (también naranjas de la China). Es de señalar el esquema «ni + infinitivo», como en ¡Ah, no, de eso ni hablar! (Alonso Santos, Estanquera). 



Algunas locuciones interjectivas se asocian con el final —con frecuencia tajante o expeditivo— de una acción o de un discurso: y sanseacabó, y punto, y ya está, y listo el pollo, y chau pinela (las dos últimas en el español coloquial rioplatense). El siguiente ejemplo ilustra este uso: A eso me refiero. Sanseacabó y sanseacabó. Que si pasara algo, eh, esta vez yo no respondo por usted, así que ¡a ver …! (Pombo, Héroe).

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