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Valores temporales

El gerundio es una categoría verbal imperfectiva que admite varias interpretaciones temporales en relación con el verbo principal. 

El contenido expresado por el gerundio simple se interpreta habitualmente como simultáneo con la acción o el proceso al que se refiere el verbo principal, ya se trate de sucesos pasados, presentes o futuros, como se ve en Llegaban cantando; Llegan cantando; Llegarán cantando, o en Me quedé sentado en la silla mirando el desierto por la ventana (Allende, Casa). La oración de gerundio puede denotar también cierta situación en curso en el interior de la cual tiene lugar un suceso, como en Buscando los lentes encontré la factura del dentista. 

El gerundio simple puede expresar también anterioridad inmediata, como en Se llegó a un ciprés de aquellos, y cortando algunas ramas, hizo dellas una funesta guirnalda (Cervantes, Galatea), donde la acción de cortar las ramas precede inmediatamente a la de hacer la guirnalda. Se refiere también a una situación inmediatamente anterior el llamado gerundio preposicional, formado con la preposición en. Esta construcción («en + gerundio»), que gozó de gran vitalidad en otras épocas, se documenta solo ocasionalmente en textos literarios actuales, a veces con intención arcaizante: Le proporcionó la ubicación exacta y le aconsejó que en llegando a esos lugares envueltos en un finísimo cendal de nieblas no navegara de noche (Roa Bastos, Vigilia). 

Como consecuencia del carácter perfectivo del auxiliar haber, el gerundio compuesto manifiesta siempre anterioridad, sea inmediata o no. Muy frecuente en la lengua clásica, se ha visto hoy reducida a los registros formales de la lengua escrita: Habiendo venido por unas damas convidadas a las fiestas, sin entrar en mi casa, determinaba volverme luego con ellas (Tirso Molina, Cigarrales); Habiendo aprendido el catalán para traducirlos [=‘los manuscritos’], Alfonso se metió un rollo de páginas en los bolsillos (García Márquez, Cien años). 

Se considera incorrecto el uso del gerundio para indicar una pura relación de posterioridad, como en Estudió en Santiago, yendo (en lugar de ... y fue) después a Bogotá. No obstante, la anomalía de estas construcciones, documentadas ya en la lengua clásica, se atenúa cuando la posterioridad que se expresa es tan inmediata que casi se percibe como simultaneidad, y también cuando cabe pensar que el gerundio denota una relación causal, consecutiva o concesiva: Los cartagineses lo atacaron, obligándole a refugiarse en una torre, a la que luego le prendieron fuego (Fuentes, Naranjo); Alba se la arrebató de la mano de un zarpazo y la lanzó contra la pared, haciéndola añicos (Allende, Casa). 

El significado flexible del gerundio y su capacidad para unirse sin nexo al verbo al que modifica hacen que se use a menudo con un valor ilativo o copulativo, es decir, para conectar dos ideas que se suman o se oponen. En estos casos es el oyente quien ha de inferir la conexión lógica apropiada, que queda implícita. Así ocurre en Murió dejándole como herencia la casa en la que había nacido o en Con frecuencia no permanece inactivo, acentuándose su actividad sexual en esa época del año.

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