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El sujeto tácito de los infinitivos

En la tradición gramatical es habitual entender que, en secuencias como Ángela siempre deseó viajar a Iguazú, el verbo principal y el subordinado tienen el mismo sujeto. Se piensa hoy que esta formulación es poco precisa, ya que no queda claro en ella si el sujeto de la oración principal (Ángela en este caso) es también sujeto de la subordinada sin formar parte de ella. Por lo general, se acepta hoy que el sujeto de la oración subordinada es un sujeto tácito, a la vez que concertado o correferente con el sujeto (Ángela) u otro argumento del verbo principal. Tal opción permite asimismo analizar adecuadamente oraciones como A Luisa le prohibieron viajar sola. El adjetivo sola es aquí complemento predicativo del sujeto tácito de la oración de infinitivo, correferente a su vez con el complemento indirecto Luisa. 

La referencia del sujeto tácito del infinitivo viene fijada normalmente por algún argumento del predicado principal. El significado de este predicado determina en buena medida de qué argumento se trata. Así, cuando el verbo principal es de voluntad o de sentimiento, como alegrarse, conformarse, desear, lamentar, necesitar, preferir, prometer, temer, etc., es muy frecuente que su sujeto sea el antecedente del sujeto tácito del infinitivo, como sucede en La policía se conformó con vigilar el orden (García Márquez, Cien años); Y ahora Felipe lamenta haberle gritado, y recuerda el último beso que le dio (Chacón, Voz). En el caso de los verbos de influencia, es el complemento directo, como en La obligó a estarse quieta, o el indirecto, como en Le permitió acompañarlo, el que determina la referencia del sujeto tácito del infinitivo. Al grupo de obligar pertenecen animar, conminar, empujar, instar, urgir, entre otros verbos. En el de permitir entran exigir, impedir, imponer, ordenar, prohibir, recomendar, reprochar, etc. Los textos siguientes ilustran estos usos: 

La conminó a casarse de una vez por todas, porque ya estaba harto de esos amores furtivos (Allende, Casa); Llamó entonces a los arquitectos y les exigió cambiar ciertos detalles (Aguinis, Cruz); Su mala estrella le aconsejó dictar un decreto (Rivera, Vorágine); —Biralbo se puso ante él y lo obligó a detenerse—. Te ordenó que me mintieras, ¿verdad? Te prohibió decirme que Lucrecia había venido (Muñoz Molina, Invierno). 

El complemento indirecto suele determinar también la interpretación del sujeto tácito del infinitivo en las construcciones formadas con verbos de afección física (Le cuesta levantarse temprano; Os molesta agacharos; Te sentará bien tomar el aire) o psíquica (Te duele reconocerlo; A Eva le encanta oír música; Nos apetece pasear). 

El antecedente del sujeto tácito del infinitivo puede ser el argumento de un nombre o de un adjetivo. Sucede así en el deseo de viajar de Ángela o en su deseo de viajar, donde el sujeto de viajar es correferente, respectivamente, con Ángela y su. Del mismo modo, el antecedente del sujeto tácito de recibir en la expresión un padre pendiente de recibir a su hijo es un padre. Muchos de los sustantivos que subordinan infinitivos pueden ser adscritos a las mismas clases semánticas que se han mencionado para los verbos. Así, el sustantivo ganas se asimila al grupo de los predicados de voluntad (las ganas de Eva de marcharse), mientras que el sustantivo recomendación se comporta como lo hacen los verbos del grupo de permitir (la recomendación a los conductores de moderar la velocidad ). 

Se percibe mayor libertad en la determinación de las relaciones de correferencia descritas cuando se examinan los infinitivos contenidos en las llamadas subordinadas adverbiales, y también en ciertos complementos infinitivos del adverbio. En estos casos, una misma construcción puede tener sujetos tácitos correferenciales (De acordarme, te avisaría; Antes de ir, prefiero informarme) o no correferenciales (De pedírmelo, pensaría si lo acepto; Antes de decirme que sí, prefiero que lo pienses). 

El sujeto tácito del infinitivo puede tener una interpretación indeterminada o inespecífica como en Vi retirar los cuadros, donde no se dice quién los retiró, o genérica, como en Se prohíbe fumar; Es un buen lugar para vivir o No conviene alterarse, donde el sujeto del infinitivo alude a las personas en general. Algunos gramáticos han defendido que los sujetos tácitos de esos infinitivos carecen de antecedente. Otros opinan, por el contrario, que existe un antecedente encubierto, de modo que en No conviene alterarse, por ejemplo, se entiende ̳no le conviene a uno, a cualquiera‘. Cabe añadir «a nosotros», ya que se registran infinitivos con pronombres átonos de primera persona de plural: De modo que es mejor volvernos (Clarín, Regenta); Es pecado quitarnos el pan de la boca para echárselo a un gallo (García Márquez, Coronel). Estas secuencias se aceptan de manera desigual según las zonas. La opción no marcada es la concordancia en tercera persona: De modo que es mejor volverse.

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