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El sujeto expreso de los infinitivos

La mayor parte de los sujetos expresos de los infinitivos aparece en el complemento de ciertos adverbios, como en Después de marcharse Ana, sucedió todo, y en subordinadas adverbiales: 

Al llegar el momento del café y el cognac se dirigían a los sillones de la sala (Puig, Boquitas); Pero de casta le viene al galgo el ser rabilargo; el padre de Melecio siempre ha sido de los de quítate tú pa ponerme yo (Jardiel, Eloísa); De ser acertado el curso de sus propias deducciones, más que protección aquello suponía un flagrante encubrimiento (Pérez-Reverte, Maestro); Él no me reconoció en absoluto, pese a haber tergiversado yo sus palabras en el pasado (Marías, J., Corazón); Lo que más me acongoja, con ser tantos mis males, es esta oscuridad (Fernández Santos, Extramuros). 

Cabe pensar que el hecho de que estas subordinadas se puedan construir con sujeto expreso, a diferencia de lo que ocurre con la mayor parte de las argumentales, se debe a que el verbo principal no fuerza la correferencia (concordancia en la tradición) con uno de sus argumentos. Por la misma razón, aparecen también a menudo con sujeto expreso los infinitivos de las oraciones independientes: ¿Rendirme yo?; ¡Hacerme Laura eso a mí! 

La ausencia de un argumento que pueda tomarse como antecedente explica también que los infinitivos con sujeto expreso sean frecuentes en el interior de los grupos nominales: 

En el fondo de su ánimo escarabajeaba cierto orgullo por el hecho de ser tales hombres sus vecinos (Blasco Ibáñez, Barraca); En el momento de entrar yo, tuvo un violento sobresalto (Panero, Lugar); La mujer ponía en orden su falda dando a entender con tranquilidad que no había inventado la manera de venir los hijos al mundo (García-Badell, Funeral). 

Pese a lo señalado en los apartados anteriores, el infinitivo puede llevar sujeto expreso en algunas subordinadas sustantivas argumentales, especialmente cuando no existe ningún elemento expreso que se pudiera constituir en antecedente del sujeto tácito del infinitivo: Tener uno que madrugar resulta agotador; Llegar el niño a casa y encender el televisor era todo uno. Los pronombres enfáticos, como los subrayados en Hizo cuanto estuvo de su parte para ayudar a sus hermanas y hasta cargarse ella sola todo el belén (Noel, Cucas) o en Barallobre había aspirado a ser él el retratado (Torrente Ballester, Saga), no se consideran sujetos, ya que se asimilan a complementos predicativos como sin ayuda, en solitario, etc. 

El sujeto expreso de los infinitivos suele posponerse al verbo. Sin embargo, las construcciones con la preposición sin o los adverbios antes y después aceptan sujetos antepuestos. La anteposición se extiende a otras construcciones en el español del Caribe (y, menos frecuentemente, también en otras áreas), incluso en la lengua escrita: 

Sin tú saberlo, noble Octavia, juegas a mi favor y en contra de tu marido (Moix, Sueño); Añadió que desde entonces ya no os separasteis nunca, hasta tu muerte, poco antes de él nacer (García Morales, Sur); Y antes de yo decir esta boca no es mía para comunicar mi decisión, exhiben una lista de 365 candidatos (Época 27/6/1996); Te digo que es Oscar, tráeme las chinelas para yo levantarme (Morón, Gallo); Ella solo recordó su frase al yo recordársela, y eso le causó más tormento (Marías, J., Corazón). 

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