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El infinitivo y la pasiva

Los infinitivos verbales admiten la forma pasiva perifrástica, como en No desea ser controlada o en pendientes de ser admitidos, su temor a no ser elegido. Existe, sin embargo, una serie de contextos en que el infinitivo tiene forma activa, pero interpretación pasiva. Así, una emoción imposible de describir equivale a ̳una emoción imposible de ser descrita‘. Se interpretan de manera similar los ejemplos siguientes: 

Algo hay en el fondo de todo esto difícil de comprender para todos (Roa Bastos, Hijo); Pese a que la selección no tiene una representatividad aceptable es de admirar el estoicismo de los 48 000 espectadores (Caretas 13/6/1996); Ahora sí me dejaré operar en el hospital (Sampedro, Sonrisa). 

Como puede verse en los ejemplos, estos infinitivos corresponden siempre a verbos transitivos que no llevan complemento directo expreso. Si lo llevan o el verbo es intransitivo, el infinitivo tiene interpretación activa. Así ocurre en aburrido de leer esos libros o en aburrido de andar, frente a libros aburridos de leer. Los infinitivos de interpretación pasiva aceptan en ocasiones complementos agentes: pruebas aún sin analizar por la policía judicial, reacciones difíciles de entender por una persona normal. En algunos casos, los infinitivos de interpretación pasiva, sin marca formal que la determine (una emoción imposible de describir), pueden alternar con los que muestran el morfema se de la pasiva refleja (una emoción imposible de describirse) y también con la pasiva perifrástica (una emoción imposible de ser descrita). 

El infinitivo puede tener significado pasivo cuando se subordina a adjetivos que expresan facilidad, comodidad, posibilidad o las nociones contrarias, como aburrido, agradable, cómodo, complicado, costoso, curioso, difícil, digno, fácil, grato, imposible, largo. No equivalen en su forma ni en su significado una persona fácil de tratar (construcción nominal que designa a un individuo) y Es fácil tratar a esa persona (construcción oracional que designa una situación o un estado de cosas). No se admite en la norma culta la aparición en estas construcciones de un pronombre reasuntivo o de apoyo dependiente del infinitivo. Se recomienda, pues, evitar construcciones como un dato fácil de olvidarlo, y usar en su lugar un dato fácil de olvidar. 

Tiene también significado pasivo el infinitivo que aparece en muchas secuencias formadas con «ser de + infinitivo» (a veces, «ser cosa de + infinitivo»), generalmente limitadas en la lengua actual a unos cuantos verbos transitivos, como admirar, agradecer, alabar, desear, destacar, envidiar, esperar, extrañar, lamentar, loar, notar, observar, señalar, temer, tener (o tomar) en cuenta, ver: 

En él son de notar algunos aspectos que evidentemente derivan de la mitología clásica (Riquer, Cantares); Era cosa de ver cómo bramaba y arrojaba centellas por los ojos (Sanchis, Aguirre); Lo cual no es de extrañar teniendo cerca de mí tan buenos maestros y tan buenos ejemplos (Luca Tena, Renglones). 

Pueden recibir asimismo interpretación pasiva los infinitivos que aparecen en los complementos con valor final encabezados por la preposición a, a veces en alternancia con para, que eligen unos pocos verbos transitivos de movimiento, como en llevar la ropa a lavar (es decir, ̳a que sea lavada‘) o mandar la computadora a reparar. La misma interpretación se percibe en ciertas construcciones con para: cartas para llevar al correo, películas listas para vender. 

Muestran sentido pasivo los infinitivos transitivos introducidos por la preposición sin cuando no llevan complemento directo. El infinitivo pertenece en estos casos a los llamados predicados de consecución o de realización, que expresan procesos con límite natural: El coche sigue sin reparar; Hay todavía muchas camas sin hacer; Son numerosos los problemas que están todavía sin solucionar. La irregularidad de secuencias como *una respuesta sin esperar o *un premio sin merecer radica en que en estos casos, frente a los anteriores, no se habla de acciones que culminen en un resultado o que alcancen un estado final. Ln comportamiento similar muestran los infinitivos construidos con la locución adverbial a medio (un libro a medio leer), así como los que se construyen como término de la preposición por en el contexto «(estar) por + infinitivo», con un significado próximo al de estar «(estar) sin + infinitivo»: 

Pero todo está por hacer en este país, todo está patas arriba (Marsé, Teresa); Gabriel es un niño sordo con un mundo por descubrir (Nacional 18/4/1997). 

Es frecuente la interpretación pasiva del infinitivo en la construcción «a + infinitivo transitivo» cuando complementa a un nombre: dinero a repartir, política a seguir, obstáculos a superar, cuestiones a resolver, cantidades a deducir, medidas a tener en cuenta, magníficos apartamentos a estrenar, tres primeros platos a elegir. La construcción no es inédita en la lengua clásica: Envió diez mil escudos de limosna a repartir entre sus pobres y monasterios (Cabrera Córdoba, Historia), pero se propagó con mayor intensidad en el siglo XIX por influencia del francés, especialmente con sustantivos abstractos. Aun así, se recomienda sustituirla por las variantes que contienen otras preposiciones (cuestiones por resolver, asuntos para tratar) o por las formadas con relativas de infinitivo (No había más asuntos que tratar). 

Reciben, finalmente, interpretación pasiva los grupos verbales formados con infinitivos transitivos que complementan a hacer y dejar cuando estos verbos se construyen con un pronombre reflexivo: 

Decía que era tanto el asco que le daba ver la mano del barbero por su cara, que antes se dejaría matar que tal permitiese (Quevedo, Buscón); Me dejaría robar por uno de esos monstruos robustos (Rubén Darío, Azul); Tampoco se hizo ver el mancebo en la zona habitual (Mujica Lainez, Escarabajo); Ahora sí me dejaré operar en el hospital (Sampedro, Sonrisa). 

Es frecuente la aparición de un complemento agente, como en el ejemplo de Rubén Darío. En ausencia de reflexivo, el infinitivo recibe interpretación activa, como en Lo dejé invitar o en Me dejó invitar (ni lo ni me son reflexivos), frente a Me dejé invitar (me es aquí reflexivo).

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