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La negación en las subordinadas sustantivas y la inducción modal a distancia

La negación puede actuar como un inductor del subjuntivo a distancia, es decir, desde la oración que contiene el predicado principal, como en No es obvio que lo acepte; Nunca pensó que fuera a visitar su país o en Nada demuestra que sea Klingsor (Volpi, Klingsor). Nótese que los verbos subrayados pasarán a indicativo si se suprime la negación. El subjuntivo constituye un indicio de que la negación toma bajo su alcance la oración subordinada. En efecto, en No oí que me estuvieran llamando por teléfono, con el verbo en subjuntivo, el hablante pone en entredicho la veracidad del complemento. La negación afecta, en consecuencia, más propiamente a estuvieran que a oí. En cambio, en la secuencia No oí que me estaban llamando por teléfono, con el verbo en indicativo, el hablante acepta la situación descrita por la oración subordinada, como si se dijera «Me estaban llamando, pero yo no lo oí». Se deduce de esta diferencia que el subjuntivo sea la única opción en secuencias como No creo que me estén llamando o No sabemos que tengan problemas económicos. Si se usara el indicativo se incurriría en una contradicción lógica, en cuanto que el hablante aceptaría en la subordinada lo que da por falso en la principal. Confirma que la negación tiene alcance sobre la oración subordinada en la variante con el subjuntivo el hecho de que puedan aparecer tras él términos de polaridad negativa, que se rechazan en las correspondientes oraciones de indicativo: No sabía que {*tenía ~ tuviera} que traer nada; No me han informado (de) que {*está ~ esté} enfermo nadie; No me pareció que q!estaba ~ estuviera} mal ninguno de los ejercicios.

Además de con los verbos de percepción o de pensamiento y creencia, la negación induce el subjuntivo con los de lengua. Con estos predicados se admiten de manera natural las construcciones contrastivas que se suelen rechazar en otros casos: No dije que lo supiera, si no que lo podía averiguar; Yo no digo que la Regenta tome varas, sino que Álvaro quiere ponérselas (Clarín, Regenta). Se ha llamado polémico al subjuntivo que aparece en estas construcciones, puesto que da a entender que se refuta un contenido afirmado previamente: San Pancracio: Yo no dije que fuera malo el dibujo, dije que no me gustaba (Ibargüengoitia, Atentado). 

Es raro que la negación dé lugar a alternancias opuestas a las mencionadas. Así, con dudar, ignorar o negar se registra el indicativo en contextos que sin la negación inducirían el subjuntivo: No dudo de que ahora dispondrá de más tiempo (Moix, Sueño); Yo no niego que soy gato, pero robo la amistad, el corazón de Dios, así araño yo (Arguedas, J. M., Zorro). 

Al igual que la negación, pueden inducir el subjuntivo a distancia (es decir, desde la oración principal) otros elementos capaces de atenuar las propiedades asertivas del predicado, como el cuantificador poco, el adverbio solo o la modalidad interrogativa: Pocos expertos creen que los precios de la vivienda vayan a bajar este próximo año; Solo una vez había oído que fuera a haber cambios en la empresa; ¿Y quién dice que haga falta un grifo para poner una ducha? (Muñoz Molina, Viento); ¿Usted cree que sea muy difícil ver al Papa? (García Márquez, Doce cuentos). 

Los predicados que inducen el subjuntivo lo hacen ocasionalmente en entornos no contiguos. Así, se esperaría que el verbo subrayado en No es aventurado suponer que sea la última palabra que suene sobre la Tierra cuando se cumplan las amenazas nucleares (Onetti, Reflexiones) apareciera en indicativo, ya que depende de suponer, un verbo de entendimiento (Contextos que imponen el modo indicativo). No obstante, su inductor es el predicado ser aventurado, que indica valoración (Contextos que imponen el modo subjuntivo) e impone el subjuntivo. Esta inducción del subjuntivo a distancia (a través de un predicado que impone el indicativo) es más frecuente cuando el predicado contiguo (suponer en este ejemplo) denota pensamiento y creencia (creer, imaginar, pensar, suponer y similares). Puede influir en ello la naturaleza parentética de estos verbos (cf. ..., se supone; ..., pienso yo, etc.) que quedan en un segundo plano en la conciencia del hablante.

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