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Modificadores no argumentales del nombre: los adjuntos

Los adjuntos son modificadores del sustantivo no pedidos por el significado de este. Desde el punto de vista categorial, pueden ser adjetivos (decisión acertada), grupos preposicionales (tarta de chocolate), grupos nominales (su aparición el martes pasado) y oraciones de relativo (el resultado que esperamos). Se describirán aquí únicamente los preposicionales, ya que los demás tienen su lugar en otros capítulos. Desde el punto de vista semántico, los adjuntos pueden pertenecer a los grupos que se especificarán en los apartados que siguen. Aun así, la gramática no puede ir muchas veces más allá de señalar una relación abierta entre dos nombres, que el contexto actualiza en cada caso particular. 

Los adjuntos de lugar y de tiempo suelen ir encabezados por la preposición de: la gente de aquí, la tienda de la esquina, un amigo de la infancia, la excursión de ayer. Se prefiere el cartel de ese muro o la tienda de debajo de mi casa a el cartel en ese muro o la tienda bajo mi casa (construcciones comunes en inglés y en otras lenguas germánicas). Las nominalizaciones de acción y otros sustantivos que denotan eventos están libres de la restricción que se menciona, como en Su llegada en los primeros días de abril o en Él es quien [...] los apresa y remite para su venta en este país (Villaverde, Cecilia Valdés). Otros complementos locativos o temporales no encabezados por de pueden tener explicaciones diversas. Así, la expresión subrayada en Tanta gente en la calle la aturdía es un predicativo de tanta gente; el adjunto subrayado en La gente aquí lo veneraba (Barnet, Gallego) se justifica porque contrae relaciones con el predicado principal. La construcción con superlativo o con ordinal también facilita la presencia de otras preposiciones, como en el mejor defensa {en la actualidad ~ en todo el continente} o en Está tratando de lograr su primer título desde 1994 (Américas 29/3/1997). 

Los adjuntos de cantidad pueden ser temporales (excursión de dos días), locativos (viaje de doscientos kilómetros) o de otro tipo: Anabelle parió un niño arrugadito y pelón, de tres kilos de peso (Alberto, Eternidad). Expresan pertenencia o posesión otros muchos adjuntos: el lugar en la la de Marta, la casa de Ana. Las preposiciones con y sin introducen muchos de los complementos que suele admitir el verbo tener: gente {con ~ que tiene} doble personalidad; personas {sin ~ que no tienen} problemas. 

Son muy numerosos los complementos preposicionales de interpretación clasificativa. Se asimilan a los adjetivos y pueden alternar con ellos, como en pasta {de dientes ~ dentífrica}; libros {de niños ~ infantiles}; barco {de vela ~ velero}. Algunos poseen límites difusos con las locuciones nominales, en el sentido de que, por un lado, son expresiones acuñadas de uso frecuente pero, por otro, presentan cierto grado de composicionalidad. Los adjuntos de interpretación clasificativa suelen construirse con sustantivos sin determinante y expresan nociones diversas: precio o valor (zapatos de cien dólares); finalidad, uso o destino (pasta de dientes, cuchillo de cocina, caña de pescar, filtro para café); elemento que permite el funcionamiento de algo (molino de viento, barco de vela, motor de explosión, locomotora de vapor); materia o contenido (traje de seda, pastel de manzana, cuentos de terror); accesorio o elemento complementario (un vestido con lunares, un señor con pipa), entre otras nociones similares

Se forman adjuntos de interpretación calificativa o evaluativa con un gran número de nombres abstractos, especialmente de cualidad: personas de cierta edad, cosas de escasa importancia, argumentos de poco peso, novela de escaso mérito. En muchos de los casos en que estos sustantivos se construyen sin modificadores adjetivales se interpreta que la propiedad que expresan se predica en un grado elevado: personas de edad, cosas de importancia, argumentos de peso, novela de mérito.

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