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Modificadores no argumentales del nombre: la aposición. Aposiciones especificativas

Las aposiciones o construcciones apositivas son secuencias en las que el modificador de un sustantivo es otro sustantivo o un grupo nominal. Las aposiciones se clasifican en especificativas (que responden a la pauta «A B»: mi amigo Arturo) y explicativas (con la estructura «A, B»: mi amigo, Arturo). 

Las aposiciones especificativas pueden adoptar dos formas distintas: la unión directa de un nombre con otro nombre o un grupo nominal (la ópera Fidelio), y la unión mediante la preposición de (pauta «A de B»), unas veces obligatoria, como en el problema de la droga, y otras opcional, como en la calle (de) Alcalá. A pesar de que se suelen denominar especificativas, este término no les corresponde en el mismo sentido en que se aplica a una oración de relativo (la gente que espera) o incluso a un adjetivo (la gente corriente). La diferencia radica en que las aposiciones especificativas no suelen acotar o restringir la denotación del sustantivo, sino que identifican la referencia del sustantivo sobre el que inciden. Así, las aposiciones subrayadas en el número cuatro o el problema de la droga señalan, respectivamente, cómo se llama cierto número o cuál es el problema al que se hace referencia. Responden también al esquema «A de B» construcciones de sentido enfático como el tonto de Carlitos o una maravilla de película. 

En un buen número de aposiciones especificativas de las que se ajustan a la pauta «A B», A es un nombre común y un nombre propio que lo identifica: la película Cabaret, el hotel Imperio, la torre Eiffel, el asunto Dreyfus, el planeta Saturno, el novelista Cervantes. Nótese que este último grupo nominal se distingue de el Cervantes novelista, donde el nombre propio se usa como común (Características gramaticales de los nombres propios). 

Entre los nombres comunes que se identifican mediante la aposición de un nombre propio (con frecuencia neutralizado en parte con los comunes: Características gramaticales de los nombres propios), figuran los términos que permiten establecer clasificaciones o agrupaciones, sobre todo los genéricos clase, estilo, tipo, marca, variedad, como en motores de la clase EFF3, muebles de estilo Luis XV, naranjas del tipo «clementina». También reciben a menudo con nombres propios en aposición los comunes que denotan parentesco o ciertas relaciones sociales (mi amigo Arturo, nuestro compadre Florián, el tío Paco), así como tratamiento o dignidad (la señora Ana, el rey Alfonso). Los que designan símbolos, signos y otros elementos de naturaleza denominativa van seguidos de sustantivos (asimilables a los propios: Características gramaticales de los nombres propios) en aposiciones de carácter metalingüístico: la letra m, el número 7, la fórmula SO4H2, el término global, el verbo comer, el título Cien años de soledad. 

El término A en la pauta «A B» puede ser igualmente un nombre propio. Le sigue otro propio en el caso de los apellidos (Ana Martínez García) o los sobrenombres y apodos (Alfonso el Sabio, Santa María la Mayor, Pedro el Muecas), pero puede ser también común, como en Madrid capital, o un numeral, como en Alfonso XII (ordinal leído como cardinal). Son posibles igualmente las aposiciones con pronombres personales: —Bueno, con ustedes las mujeres, uno nunca sabe (Wolff, Álamos); Es lo que vosotros los europeos llamáis vivir en sociedad (Fernández Lizardi, Periquillo), y también las formadas por nombres comunes (solos o formando grupo nominal): la reina madre, el rey profeta, una tortuga macho. Las construcciones apositivas permiten cierto grado de recursividad o subordinación sucesiva, como se ve en tu madrina la señora doña Ana Martínez García o en su primo el emperador Darío I el Grande. 

Numerosas aposiciones especificativas se ajustan a la pauta «A de B», donde la preposición no es opcional: el problema de la droga, el mes de enero, la ciudad de Córdoba. En este esquema se establece una relación de atribución entre A y B: ‘La droga es un problema’; ‘Enero es un mes’; ‘Córdoba es una ciudad’. El segmento B puede ser también una subordinada con verbo en infinitivo (la moda de no casarse) o con verbo en forma personal, cuando el sustantivo A puede predicarse de una proposición: 

Le quedó la sospecha de que algo extraño había ocurrido (Pacheco, Batallas); Difundía la tesis de que la historia era “un caos de sucesos fortuitos” (Rojas, R., Tumbas); [...] la tristeza de que las cosas no hubieran tenido un origen distinto (Onetti, Novia). 

El análisis de las subordinadas apositivas presenta algunas dificultades que se abordan en otro lugar. Las aposiciones nominales del tipo «A de B» son admitidas por un gran número de sustantivos. Los grupos nominales que forman son generalmente de nidos (el arte de la fotografía, el deporte del fútbol, la virtud de la esperanza), pero pueden ser indefinidos si no lleva determinante (un rumor de golpe de Estado)

El esquema apositivo «A de B» es característico de los nombres de ciudades (la ciudad de México), calles, plazas, barrios y accidentes geográficos, alternando con variantes sin de: la calle (de) Alcalá, la plaza (de) San Marcos, el cabo (de) San Vicente, el monte (de) San Antón. Existe, sin embargo, gran variabilidad en esta alternancia, dependiendo de los países, de las ciudades e incluso de los casos individuales. 

La alternancia «A B» ~ «A de B» se extiende a algunos nombres temporales, en especial al sustantivo año (el año 1923 ~ el año de 1923). No se aplica a mes (el mes de mayo) ni a día (el día lunes). La alternancia se da en este último entre la construcción «A B» (el día martes) y la no apositiva (el martes). La primera se registra en muchos países americanos, a menudo en alternancia con la segunda, que es la única conocida en España: 

Era el mismo joven que me había llevado víveres el día sábado en la mañana (Edwards, Antrión); El rumor general que corrió en Lima es que el día martes Tudela renunció a Torre Tagle (Caretas 17/7/1997); Cuida, pues, de tener tu baúl listo para el jueves (Matto, Aves). 

Con el significado de ‘hoy’, conviven el día de hoy, de extensión general, y hoy día, usado sobre todo en las áreas andina, rioplatense y chilena. En ciertos empleos metalingüísticos cabe también la alternancia entre los esquemas «A B» y «A de B», como se ve en los ejemplos siguientes: Hay conceptos que algunos denominan ocasionales Así el concepto aquí , el concepto yo , el concepto este (Ortega Gasset, Historia); Pienso que es de ahí de donde Brecht tomó el concepto de distanciamiento (Piglia, Respiración). Las marcas de uso metalingüístico (las comillas, en este caso) son más habituales en el primero. 

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