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Los sustantivos cuantificativos. Aspectos léxicos y semánticos

Una serie de sustantivos acotadores y de grupo sirven de comodines para entidades muy variadas. Es el caso de pedazo, porción, trozo, cacho (propio de la lengua coloquial o popular de muchos países); cantidad, conjunto, grupo, infinidad, manotón (en el Caribe continental), mogollón (propio del registro coloquial de algunos países), montón, multitud, serie, sinfín, sinnúmero. No están especializados tampoco los sustantivos numerales: decena, docena, centenar, millar, etc. Otros, en cambio, se aplican solo a determinados tipos de materias o sustancias. Así sucede, por ejemplo, con los acotadores brizna (de hierba, de polvo, de paja); copo (de nieve, de avena); diente (de ajo); filete (de carne, de pescado); gajo (de limón, de naranja); grano (de maíz, de trigo, de café, de uva, de polen); lapso (de tiempo); lingote (de oro); mendrugo (de pan); rodaja (de carne, de pescado, de tomate); terrón (de azúcar, de sal); tramo (de carretera, de camino). Entre los nombres de grupo que restringen más notablemente sus complementos cabe mencionar los que denotan conjuntos de animales como banco (de peces); bandada (de pájaros); enjambre (de abejas, de avispas); piara (de cerdos); recua (de mulas); yunta (de bueyes), etc. Los nombres de medida son específicos de la magnitud que se mide (kilo para peso, litro para capacidad, hora para tiempo, etc.), aunque algunos son apropiados en más de una: los grados miden la temperatura, la humedad, etc., los metros, la longitud, la altura, la distancia, el espesor, etc. 

Los sustantivos cuantificativos difieren también en la cantidad que expresan. Conllevan la idea de pequeñez o importancia escasa ápice, atisbo, átomo, brizna o pizca entre otros muchos; indican lo contrario barbaridad, carrada (sobre todo en el área rioplatense), chorro, disparate, enormidad, infinidad, mogollón, mollejero (sobre todo en el Caribe continental), montón, panda, pila, ponchada, porrada, porrón, toco, troja o vagón, entre otros muchos. Desde otro punto de vista, barniz, mano, capa o pátina se aplican cuando lo que se cuantifica está superpuesto y se considera ligero o superficial (como en un barniz de respetabilidad); acceso, arranque, arrebato, ataque, chorro, así como alud, cascada, oleada, tromba, tumulto, entre otros, aportan la idea de que el conjunto cuantificado sobreviene repentinamente o de forma impetuosa. nos inducen la valoración positiva de lo cuantificado (plantel) y otros la negativa (hatajo, manga, panda, pandilla). Algunos sugieren que los elementos del grupo al que se alude están entrelazados y desordenados (batiburrillo, enredijo, entrevero, revoltijo), o bien que aparecen ceñidos por algo (atado, atadillo, fajo, hato, haz, ramo) o concatenados (cadena, catálogo, ristra, serie, sucesión). 

Los sustantivos acotadores están sujetos a considerable variación dialectal. Así, en algunos países se usa feta (una feta de jamón, de queso) para nombrar lo que otros designan con lasca, lonja o loncha. Se emplea buche con nombres de líquidos en casi todas las áreas hispanohablantes, pero con frecuencia mayor en el español americano que en el europeo: Siento que un buche de cerveza me anega lentamente el estómago y empieza a subirme hacia el pecho (Montero, M., Capitán). Está, en cambio, más restringido hamaca (una hamaca de carne, de yuca). Los mismos sustantivos se emplean a veces, según los países, para materias distintas. Así, se usa en casi todas las áreas hispanohablantes una rebanada de pan, pero en muchos países son también naturales expresiones como una rebanada de fruta, de salmón, de sandía o de cebolla: Empezaron por tomar objetos muy simples pero orgánicos —un frijol, una rebanada de cebolla [...]— (Fuentes, Cristóbal). Existen otros muchos casos de variación similares a estos. 

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