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Clases semánticas de nombres no contables. Cambios de categoría

Un buen número de los nombres no contables designan sustancias o materias (aire, comida, sangre), cualidades o propiedades (altura, inteligencia, pereza) y sensaciones o sentimientos (amor, entusiasmo, rabia). Aunque se completen con otros grupos, estas clasificaciones suelen resultar insatisfactorias, no solo porque son continuos tanto los nombres concretos como los abstractos, sino sobre todo porque la distinción «contable–no contable» tiene carácter intragramatical, de modo que son numerosos los sustantivos que se comportan gramaticalmente como contables en unos idiomas, pero como no contables en otros. A ello se añade que un mismo nombre puede tener acepciones distintas, unas no contables (un vestido con mucho escote) y otras contables (un vestido con un gran escote). Por otra parte, el español posee una notable capacidad para usar los mismos nombres de las dos formas, generalmente con cambio de significado, como se muestra a continuación. 

La interpretación más común de los sustantivos no contables usados como contables es la de clase o tipo (Existen más de cincuenta aceites para los motores de combustión, es decir, ‘tipos de aceite’), pero también es muy frecuente la individualizadora: esta se obtiene cuando una materia designada por un nombre no contable (corcho, cristal, papel) es dividida en fragmentos designados por nombres contables: un corcho, dos cristales, varios papeles. Un proceso similar es el que permite que los nombres de alimentos sean continuos (Comí paella, pavo, tomate), a diferencia de los que designan los animales de los que proceden (un pavo) o la forma en que se presentan los platos (una paella). Ciertos nombres abstractos no contables (cobardía, estupidez, locura) pasan a designar, usados como contables, un dicho o un hecho (una cobardía, una estupidez, una locura) o incluso un objeto material (coleccionar antigüedades). Menos habitual es usar como contables los sustantivos no contables para designar personas, como en una belleza (también preciosidad o preciosura), dos encantos (‘dos personas encantadoras’), una eminencia (‘una persona eminente’), dos celebridades (‘dos personas célebres’) e incluso una simpatía ‘persona simpática’ en Chile y en la Argentina, o ‘novio o novia’ en este último país: Y las madres de las chicas se justificaban con las vecinas diciendo es una simpatía de la nena, pero no hay nada serio todavía (Landriscina, Galpón). 

El paso de los nombres contables a los no contables es mucho menos frecuente que el contrario. Da lugar a un cambio de sentido de tipo cualitativo en Me parece que es mucho auto para ti, pero es más habitual el cuantitativo, como en Aquí en Homestead hay demasiado hombre soltero y muy poca mujer (Nuevo Herald 5/5/1997). Ambas interpretaciones suelen comportar ciertos efectos expresivos, a menudo irónicos. Aun así, en algunas zonas de Chile y de los países andinos la interpretación cuantitativa es particularmente frecuente y no conlleva tales efectos: Vino harta muchacha (‘Vinieron muchas muchachas’); En la esta te cruzabas con puro borracho (‘... con muchos borrachos’).

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