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Características y clases

Los nombres colectivos designan en singular conjuntos homogéneos de personas, animales o cosas, como en familia, rebaño, mobiliario. Forman un subgrupo de los contables, si bien existen unos pocos sustantivos que pueden interpretarse como colectivos o bien como no contables, entre ellos familia, público y séquito. Un nombre sea considerado colectivo no depende de las propiedades físicas de su referente, sino estrictamente de su comportamiento gramatical. Así, tanto gente como rebaño designan agrupaciones de individuos, pero es posible decir de un rebaño que es numeroso, mientras que la expresión gente numerosa resulta menos natural. Por otra parte, el tamaño del que se habla en un rebaño grande se aplica al rebaño en su conjunto, no a los elementos que lo constituyen, al contrario de lo que sucede en gente grande. A pesar de que rebaño se interpreta como nombre colectivo, y gente como no contable, se usa este último como contable en algunos países americanos: Alrededor de la tina, en la que podían caber cinco gentes, había muchas plantas (Mastretta, Vida). 

Los colectivos se han dividido tradicionalmente en determinados e indeterminados. Los determinados son aquellos que llevan en su significado la naturaleza de sus componentes: así, una orquesta está formada por músicos y una yeguada por yeguas; en los indeterminados, en cambio, no es posible conocer ese dato si no se especifica: así ocurre con docena, millar, par, montón, puñado, serie y otros nombres similares que forman construcciones pseudopartitivas (una docena de huevos, un montón de estiércol). Más que nombres colectivos, estos últimos sustantivos se suelen considerar en la actualidad un tipo particular de nombres cuantificativos (montón comparte, en efecto, más propiedades gramaticales con varios o con muchos que con orquesta o yeguada). Desde el punto de vista de su forma, los colectivos se dividen en dos grupos: los léxicos, que no poseen estructura morfológica (familia, manada, rebaño), y los morfológicos, que se forman con los denominados sufijos de sentido abundancial: trompeterío, chiquillería, muestrario, arboleda, yeguada, alumnado, pedregal, peonaje y otros. 

Algunos nombres no contables se usan como colectivos con un sentido metonímico. Así, loza, porcelana o plata son nombres de materia en hecho de loza, tazas de porcelana, labrado en plata, pero se asimilan en cierta medida a los nombres colectivos cuando designan un conjunto de piezas fabricadas con ese material, como en Limpiaba diariamente la plata; He juntado toda la porcelana en el armario. Se usa también en singular la cuerda o el metal con el sentido de ‘el conjunto de instrumentos musicales de cuerda o de metal’, o la cera por ‘el conjunto de las velas’. Se crean frecuentemente en la lengua actual grupos nominales semilexicalizados de interpretación colectiva a partir de sustantivos que no pertenecen a esa clase. Es el caso de mundo en mundo intelectual, de opinión en opinión pública o de ámbito, claustro, sector en alguna de sus acepciones.

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