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Pronombres proclíticos y enclíticos

En Precisiones relativas a la persona, el caso, el género, el número y la tonicidad se vio que los pronombres personales pueden ser tónicos o átonos. Como se recordará, son átonos me, te, se, le, les, la, las, lo, los, nos, os, y tónicos los restantes. Al carecer de acento, los pronombres átonos se apoyan fonéticamente en el verbo contiguo, por lo que se llaman también pronombres clíticos. Son enclíticos los que siguen al verbo (leerlo, dándosela), y proclíticos los que lo preceden (lo leí; se la dieron). 



El apoyo formal que necesitan los pronombres átonos por parte del verbo al que se adjuntan los asimila en alguna medida a los afijos. La asimilación no puede ser total porque las posiciones que ocupan los pronombres átonos no son análogas a las que permiten los afijos, y también porque estos no desempeñan funciones sintácticas. Aun así, dichos pronombres no se comportan enteramente como palabras independientes. Se acercan más al funcionamiento de estas los proclíticos que los enclíticos. Los primeros se escriben separados del verbo, y dan lugar a estructuras en las que se coordinan dos verbos que comparten el mismo pronombre, lo que es indicio de cierta libertad sintáctica: 



Mientras ellos se abrazan y consuelan, el viejo acuna en sus brazos a Brunettino muy lejos del dormitorio conyugal (Sampedro, Sonrisa); Le seducía y mareaba el incienso de la adulación (Clarín, Regenta); Es quizá como el barco que se desorienta y pierde, y destrozado por las iras del piélago, ya no vuelve más (Rodó, Motivos). 



Los enclíticos, en cambio, forman una sola palabra gráfica con el verbo y no admiten la coordinación descrita. No se dice, pues, *para leer y resumirlo, sino para leerlo y resumirlo

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