Рекламный блок

Relaciones anafóricas y catafóricas

Los pronombres personales intervienen en relaciones de correferencia, en el sentido de que se refieren a entidades mencionadas en el discurso: Me pidió la carta y se la di. Sin embargo, los pronombres personales de primera y segunda persona son especiales en lo relativo a esta propiedad, ya que no remiten propiamente a un antecedente, sino que designan deícticamente a uno de los participantes en el discurso (Yo estaba sentado y tú me mirabas). Por esta razón han sido llamados también nombres personales. Debe tenerse en cuenta, no obstante, que el que las relaciones de correferencia sean particularmente visibles en los pronombres no significa que sean exclusivas de ellos. En efecto, pueden manifestarlas también varios grupos nominales: Aristóteles y Platón son los más grandes filósofos del mundo antiguo, pero la influencia del Estagirita [=‘Aristóteles’] ha sido mayor; Vinieron a la excursión Luis, Rodrigo y Julio, pero este último no sabía nadar; A veces invitaban a algunas niñas distinguidas del barrio, pero las muy presumidas siempre hallaban pretexto para no presentarse (Dolina, Ángel ); Gonzalito y Pelé, con ayuda a ratos de María, se habían pasado la tarde decorándolo. La pareja se sentó con los demás (Pombo, Metro). 

El orden en que se establece habitualmente la correferencia es el que muestran los ejemplos que se acaban de proponer; es decir, primero aparece el antecedente y luego, el pronombre o la expresión nominal que recoge su referencia. Se habla en tal caso de construcciones anafóricas. Menos frecuentes son las catafóricas, que presentan el orden inverso: aparece primero el pronombre y después el consecuente o subsecuente, como en Las compañeras de trabajo que más la trataron hablaban muy bien de Teresa. Es usual en estas últimas construcciones que el pronombre aparezca en oraciones subordinadas, sobre todo adjetivas, como la anterior, pero también adverbiales, como en Aunque él diga que no es posmoderno […] Rodrigo Roco parece un joven revolucionario de los años sesenta (Caras 23/6/1999). Se registran asimismo los usos catafóricos con los grupos preposicionales situados en posición de tópico: Ya en su celda, mi hermana me ordenó sentar (Fernández Santos, Extramuros). Tanto el antecedente como el consecuente suelen ser un grupo nominal, pero pueden ser también un grupo verbal, como en El que desee fumar, puede hacerlo, e incluso una oración. Así, el consecuente del pronombre lo en ¿Por qué no intentas, si tu instrucción te lo permite, ser la secretaria de tu esposo? (Martín Gaite, Usos) es el que proporciona la paráfrasis oracional ‘Que seas la secretaria de tu esposo’. 

Los elementos correferentes suelen concordar en sus rasgos morfológicos, pero los grupos nominales construidos con demostrativos, indefinidos o artículos con sustantivos tácitos pueden variar en número: De todas tus novelas, solo me gusta esta; Tienes muchos discos de jazz, así que podrías prestarme alguno; Los hermanos de Marta y el de Luis. La concordancia de género se mantiene, sin embargo, en estos casos: El hermano de Marta y {el ~ *la} de Luis. Es frecuente, por otra parte, que los pronombres y sus antecedentes no concuerden en los rasgos de definitud. Así, en Cuando tiene una idea la repite una y otra vez, el pronombre de nido la es correferente con el grupo indefinido una idea. Es asimismo frecuente que un pronombre tenga por antecedente un grupo nominal que designa un conjunto de individuos, y que no se refiera a ese conjunto como tal grupo de individuos, sino a cada uno de sus miembros. Así, la expresión su hijo no designa a un individuo particular en la interpretación más natural de la oración Todos los padres querían que su hijo fuera premiado, sino al hijo que a cada padre le corresponde. En estos casos, los pronombres personales se comportan como variables vinculadas o ligadas con los antecedentes de los que dependen distributivamente.

Materiales similares

Comentarios

avatar
  • Войдите: