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Precisiones relativas a la persona, el caso, el género, el número y la tonicidad

La expresión persona gramatical tiene dos interpretaciones. Puede aludir a las personas del discurso, en el sentido de los participantes en el acto verbal: el que habla (primera persona), aquel a quien se habla (segunda persona) y aquel o aquello de lo que se habla (tercera persona). En un segundo sentido, el término persona puede referirse a los rasgos de la flexión verbal correspondientes al sujeto. Así, se dice que cantamos es un verbo en primera persona, mientras que canta o llueve están conjugados en tercera. Lo normal es que la persona gramatical, en el segundo de los sentidos, coincida con la persona del discurso (primer sentido), como en yo cant-o, ellas bail-an, pero no siempre sucede así. El pronombre usted representa la muestra más notable de esta divergencia, puesto que corresponde a la segunda persona del discurso, en tanto designa al interlocutor, pero concuerda en tercera persona con la flexión verbal (Usted lo sabe). Ello se debe a que usted procede del grupo nominal vuestra merced, y tiene, por tanto, origen sustantivo. Los grupos nominales concuerdan, en efecto, con el verbo en tercera persona: Los álamos bordeaban el paseo. También adoptan las formas de tercera persona los pronombres de acusativo y de dativo que corresponden a usted / ustedes, como en No le conviene a usted o A ustedes no las vieron allí. Lo hacen asimismo con los pronombres en caso oblicuo, como en Usted lo quiere todo para sí. Lo dicho se aplica a otras formas de tratamiento, como su excelencia, su ilustrísima, su señoría, su alteza, etc. Se considera incorrecta la concordancia del pronombre usted / ustedes con la segunda persona del verbo. Se registra esta concordancia, como en Ustedes vais, en el occidente de Andalucía (España). También se recomienda evitar expresiones como Dime usted, documentada en zonas rurales de México y el Perú, además de en el occidente de España. 

Concuerdan también en tercera persona las fórmulas nominales que, con propósitos diversos (cortesía, respeto, modestia, ironía), se emplean para aludir al interlocutor o al hablante. Así, se refieren al interlocutor las expresiones subrayadas en los textos siguientes: 

Sepa el buen Antonio que yo le quiero mucho (Cervantes, Persiles); —¿Desea el señor diputado por Pisco hacer uso de la palabra (Corrales, Crónicas); —¿Acaso mi General tomó parte activa en la noche aciaga (Rivera, Vorágine); —¿Desea desayunar el señor —me preguntó un camarero. —Sí, por favor (Mendoza, Verdad); ¿Qué le pasa a mi niño? No llores (Arrabal, Cementerio). 

Aluden, en cambio, al hablante otras fórmulas que presentan igualmente la concordancia en tercera persona: el que suscribe, el abajo firmante, servidor / servidora, hoy en retroceso; menda (también mi menda y mi menda lerenda, todas ellas características de los registros más informales del español europeo, pero cada vez menos usadas); este cura, el hijo de mi madre, propias de la lengua coloquial, etc. También el indefinido uno / una, normalmente de interpretación genérica (Usos genéricos del pronombre indefinido uno / una), se emplea coloquialmente para designar al que habla. e aquí algunos ejemplos de estos usos: 

Sigue, para el abajo firmante, cada día más lleno de gracias y más dispensador de alegrías (Salinas, Correspondencia); Ninguno de los trescientos pasajeros disfruta de los abejorros a reacción como este servidor (Benedetti, Primavera); Ya sabes que una es muy emprendedora y no se arredra por nada (Díez, Fuente). 

Las formas conmigo, contigo, consigo se asimilan tradicionalmente a los pronombres personales. No lo son, sin embargo, en sentido estricto, ya que contienen en la misma palabra la preposición con, lo que las asemeja a los grupos preposicionales. Estas formas conglomeradas se coordinan con otros grupos preposicionales (No sé si irme contigo o con él ) e incluso pueden coordinarse entre sí los dos términos de la preposición, como en Te quiero tanto, Andrés, que estoy dispuesta a dormir contigo y tu pareja sensacional (Chávez, Batallador)

Se explicó en Morfología flexiva que los pronombres personales mantienen distinciones de caso. Este criterio permite discriminar los cuatro grupos que aparecen en la tabla. Respecto de ellos deben hacerse dos advertencias. La primera es que varios pronombres coinciden en su forma cuando aparecen en nominativo y cuando presentan el caso preposicional. Son nosotros, nosotras, vosotros, vosotras, vos, usted, ustedes, él, ella, ello, ellos y ellas. La segunda es que las formas me, te, se, nos, os son comunes para el acusativo (Ella te lava) y para el dativo (Ella te lava la ropa); en cambio lo, la, los, las son propias solo del acusativo, y le, les, únicamente del dativo. No obstante, el español actual muestra a este respecto una considerable variación. 

Las formas en nominativo pueden ejercer la función de sujeto: Yo tengo mucho que decir (Usigli, Gesticulador), pero también aparecer en contextos no oracionales, por ejemplo el pie de una fotografía. Las formas de dativo funcionan típicamente como complementos indirectos y las de acusativo como complementos directos. El pronombre lo (pero no la, los, las) puede también ser atributo: Fue una persona influyente, pero ya no lo es. Los pronombres en caso oblicuo solo aparecen precedidos de preposición, como en de mí, sin ti, para sí. Como se acaba de recordar, las formas conmigo, contigo, consigo llevan la preposición con incorporada. La aparición de las variantes de nominativo tras entre (entre tú y yo y no *entre ti y mí ) pone de manifiesto que el caso preposicional de los pronombres no se extiende (en la lengua actual) al grupo coordinado que constituyen: *para ti y mí. No hay, pues, coordinación de pronombres, sino de grupos preposicionales, en para ti y para mí. Se considera incorrecto y se recomienda evitarel uso de las formas de nominativo tras otras preposiciones, como en ¡Pobre de yo!; Decímelo a yo, mijito; No se quiso venir con yo, y otras secuencias similares documentadas en las hablas rurales de ciertas zonas, tanto de América como de España. 

En cuanto al género, tienen formas distintas para masculino y femenino nosotros/nosotras, vosotros/vosotras, él/ella, ellos/ellas, lo/la, los/las. Solo el pronombre ello muestra una forma específica para el neutro. Su antecedente más característico es una oración: Dice que crearán nuevas industrias y que se beneficiarán con ello miles de personas; Yo quisiera poder amarle sin que me obligase a ello ninguna consideración (Castro, R., Flavio). Sin embargo, también admite como antecedente nombres abstractos, a menudo deverbales, que se interpretan como eventos o se refieren a situaciones o estados de cosas que es habitual representar mediante oraciones: Tú sueñas con el casamiento, no haces más que hablar de ello (Altamirano, Zarco). Se usa asimismo ello, generalmente acompañado de todo, para hacer referencia a nombres concretos de cosa que aparecen en agrupaciones: Lo celebramos en un restaurante, a la sombra de un granado, con cordero asado, ensalada, avellanas y almendras, todo ello regado con cerveza (Leguineche, Camino). Puede hacerla también a indefinidos: —Si algo ocurriera, ello sería público (Hoy [Chile] 1/12/1997), además de a informaciones mencionadas de otra manera en el discurso anterior: A ello se refiere el autor en este mismo artículo. El pronombre ello se acerca en estos usos al demostrativo neutro eso, más utilizado en la lengua actual, especialmente en la no literaria. No obstante, ni siquiera en los registros que comparten son totalmente intercambiables, pues, entre otras diferencias, ello no admite construcciones enfáticas paralelas a Eso es lo que dijo, y tampoco funciona como complemento directo: Dijo {eso ~ *ello}. Se exceptúa el español popular de algunas regiones del área andina. 

Los pronombres yo, tú, vos, usted, ustedes, me, te, nos, os, les, mí, ti, conmigo, contigo pueden ser masculinos o femeninos, pero ello no se manifiesta en su forma, idéntica para los dos géneros, sino en la concordancia: tú sola; Yo no soy tan alta; Te engañas a ti mismo; Dichoso de mí; ¿Está usted loca? Estos pronombres se asimilan en este rasgo a los nombres comunes en cuanto al género, como turista, testigo, comensal. De la misma forma se comportan en la lengua actual las expresiones de tratamiento que se equiparan a usted, como su excelencia, su señoría. En la lengua antigua concordaban en femenino, pero en la actual lo hacen en masculino cuando designan varones: Dicen que Su Excelencia está loco (Galdós, Episodios). Por su parte, los pronombres le, se, sí, consigo, también invariables en su forma, pueden tener antecedentes masculinos y femeninos, como los anteriores, pero también neutros: A eso no le doy yo ninguna importancia; Que no la escucharas traerá consigo algunos problemas previsibles; Lo que te dijo se refuta a sí mismo. Por último, el pronombre lo puede ser masculino (Llamó el cartero, pero yo no lo oí ) o neutro: Tú crees que va a llover mañana, pero yo no lo creo; Eso lo veremos. 

Respecto del número gramatical, algunos pronombres presentan siempre número singular (yo, me, mí, tú, te, ti, usted, él, ella, ello, lo, le, la, conmigo, contigo), otros siempre plural (nosotros, nosotras, nos, vosotros, vosotras, os, ustedes, ellos, ellas, les, las, los), mientras que algunos (se, sí, consigo) no muestran distinción a este respecto y se emplean en uno u otro número en función del contexto. Son plurales, por ejemplo, en Se consideran a sí mismos afortunados, pero no las tienen todas consigo. La forma vos concuerda en singular cuando se usa en zonas voseantes como tratamiento de confianza (Vos sabés lo que digo), pero manifiesta concordancia de plural como tratamiento de respeto (Si vos, señor, estáis de acuerdo). 

Como en el caso de la persona, puede no haber coincidencia entre el número gramatical y el designativo. En efecto, un pronombre que por su forma y su concordancia presenta rasgos de plural puede designar a un solo individuo. Así ocurre, por ejemplo, con nos por yo en boca del papa u otra alta autoridad, en el uso, hoy arcaizante y muy restringido, llamado plural mayestático. Mantiene vigencia, en cambio, el plural de modestia, que designa igualmente a un solo individuo. También se llama de autor porque lo emplean con frecuencia los autores de las obras escritas cuando se refieren a sí mismos con el pronombre nosotros y la forma átona nos, como en Lo que nosotros nos planteamos en este libro es si... En uno de sus valores, el pronombre vos muestra también esta discordancia en el español actual cuando se usa para dirigirse a un solo interlocutor.

La forma nosotros (y sus variantes tónicas y átonas, así como la flexión verbal de primera persona de plural) incluye al que habla junto con otras personas, entre las cuales puede estar o no el interlocutor. La referencia de las demás personas incluidas por nosotros es imprecisa y depende de factores discursivos: una pareja, todos los miembros de una comunidad, de un país, de un continente, del planeta, etc. Ello da pie a los usos llamados genéricos, en los que la forma de plural adquiere un sentido cercano al de ‘cualquiera, la gente en general’, o al que se manifiesta en las pasivas reflejas o en las impersonales. Así, En esta figura vemos que equivale aproximadamente a En esta figura se ve que , y cuando paseamos por la playa en una tarde de verano a cuando uno pasea por la playa en una tarde de verano. Suele denominarse plural sociativo o asociativo el que usa el hablante cuando se dirige a un solo interlocutor, generalmente por razones de cortesía o afectividad, como si él mismo también estuviera implicado en la situación que se menciona: Se acercaba un hombre pequeño, ¿cómo vamos?, ¿cómo vamos? ¿Qué tal se encuentra usted? (García-Badell, Funeral ). 

Las formas vosotros, vosotras y ustedes se refieren a dos o más personas, entre las que está el interlocutor, pero no el hablante. No suelen tener estas formas un valor genérico semejante al característico de las de primera persona, aunque sí pueden tenerlo las correspondientes del singular, como en Si tú no te preocupas por ti mismo en esta sociedad, nadie se va a preocupar (es decir, ‘Si uno no se preocupa de uno mismo...’). También son susceptibles de esta interpretación las formas verbales de tercera persona de plural, como en Dicen que va a mejorar la economía, pero no se extiende a los pronombres correspondientes, de modo que Ellos dicen que va a nevar alude a individuos particulares. 

Por lo que respecta al acento, los pronombres personales me, te, se, le, lo, la, nos, os, les, los, las son átonos; los demás son tónicos. Mientras que los pronombres átonos pueden referirse a seres muy diversos, en los tónicos está mucho más restringida la posibilidad de aludir a entidades inanimadas. Así, de una mujer podría decirse Ella es muy divertida, pero difícilmente se usaría la forma ella para designar una novela o una película. La restricción queda notablemente atenuada si el pronombre sigue a una preposición, de modo que la expresión con él bajo el brazo puede aplicarse a un informe, a un paraguas y a muchos otros objetos. Los pronombres personales tónicos duplicados no se suelen referir, sin embargo, a las cosas, pese a llevar preposición: Leí la noticia > La leí ~ *La leí a ella.

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