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Los pronombres reflexivos

Los reflexivos son pronombres personales que requieren un antecedente en su propia oración, aunque puede situarse de manera más restringida en otros entornos. Así, en Yo me conozco bien, el pronombre me es reflexivo porque hace referencia a la misma persona que el sujeto de la oración (yo), que es su antecedente. En el cuadro que sigue se exponen las formas reflexivas de los pronombres personales. En la segunda columna figuran las formas átonas, y en la tercera, las tónicas precedidas de preposición. Los pronombre , se (en este uso) y consigo son inherentemente reflexivos. Los demás pueden ser o no reflexivos en función del contexto sintáctico, por lo que no están marcados morfológicamente para esa interpretación. Así, puede decirse Lo guardaste para ti (ti es aquí reflexivo), pero también Lo guardé para ti (donde ti no es reflexivo). En cambio, el contraste Lo {*guardé ~ guardó} para sí muestra que solo admite la interpretación reflexiva, y que su antecedente es aquí el sujeto de guardó. Adquieren, de manera análoga, la interpretación reflexiva los pronombres subrayados en Yo me cuido mucho o Tu hijo es un egoísta y quiere todos los juguetes para él, pero no la adquieren los marcados en Elvira te cuida mucho o Compraste varios juguetes para él. Se asimilan a los reflexivos los pronombres que aparecen con los verbos pronominales (me arrepiento, te adentras, se digna, nos referimos...), aunque no desempeñen ninguna función sintáctica.

Pronombres personales en nominativo

Reflexivos átonos

Reflexivos con preposición

Ejemplos

yo


me

mí - conmigo

Me lo guardo para mí.
Lo llevo conmigo.


tú (vos)

te

ti (vos) - contigo

Te lo guardas para ti (Te lo guardás para vos).
Llévalo contigo (Llevalo con vos).

usted

se

sí – usted – consigo

Se lo guarda para {usted ~ sí}. ¿Lo lleva usted consigo?


él/ella/ello

se

sí – él, ella – consigo

Se lo guarda para {sí ~ él / ella}. Lo llevaba consigo.


nosotros, -tras

nos

nosotros / nosotras

Nos lo guardamos para nosotros / nosotras.


vosotros, -tras

ustedes

os

se

vosotros/vosotras

sí – ustedes – consigo

Os lo guardáis para vosotros / vosotras. Se lo guardan para {ustedes ~ sí}.
¿Lo llevan ustedes consigo?


ellos, ellas

se

sí – ellos, ellas - consigo

Se lo guardan para {sí ~ ellos / ellas}. Lo llevaban consigo.

Como se muestra en el cuadro anterior, el reflexivo concuerda con su antecedente en persona, número y género, siempre que lo puedan manifestar. Sin embargo, se registran a veces correspondencias como vosotros ~ se o nosotros ~ se. A estas discordancias obedece la anomalía de las secuencias incorrectas ¿Ya se vais? (por ¿Ya os vais?); No se la llevéis (por No os la llevéis); si os calláis ustedes por (si se callan ustedes), propias del habla popular de algunas zonas de España, y también otras como cuando se juntemos allá (por cuando nos juntemos allá), documentadas en el habla rural de algunas áreas americanas. Pertenecen, en cambio, a la lengua conversacional o al habla espontánea otras discordancias similares que se recomienda igualmente evitar, como No doy más de sí (por No doy más de mí); Tardaste unos minutos en volver en sí (por ... en ti) o Yo estaba totalmente fuera de sí (por ... fuera de mí). La concordancia parcial de un reflexivo con su antecedente da lugar a oraciones agramaticales como *Nos compré los billetes o *Me traemos suerte, en las que el reflexivo y su antecedente (el sujeto de la oración) comparten los rasgos de persona, pero no los de número. 

El antecedente del pronombre reflexivo suele ser el sujeto de su propia oración, pero no siempre lo es. Así, los pronombres reflexivos contenidos en los complementos predicativos del complemento directo pueden tener a este por antecedente, como sucede en Yo lo veía muy confiado y seguro de sí o en La habíamos considerado siempre más consecuente consigo misma. Sucede lo propio en ciertas oraciones construidas con verbos de tres argumentos como Si lo comparas consigo mismo. Por otra parte, las oraciones no son los únicos entornos en los que se reconocen relaciones de reflexividad. En efecto, los posesivos o los complementos del nombre pueden ser antecedentes de los reflexivos dentro de los grupos nominales, como en su excesiva preocupación por sí misma o en la creciente animadversión del poeta hacia sí mismo

El antecedente de los reflexivos puede quedar tácito. A veces lo identifica la flexión verbal, como en No se cuidan nada, pero no existe marca formal alguna del antecedente cuando es el sujeto tácito de los infinitivos o los gerundios, como en Luisa necesita estar a solas consigo misma o en No se soluciona nada culpándose a sí mismo. Los reflexivos con antecedente tácito pueden también aparecer dentro de un grupo nominal, como en La excesiva confianza en sí mismo es un rasgo de orgullo.

La concordancia que se da entre un reflexivo y su antecedente puede afectar a los ragos de persona. Así, el pronombre uno / una se asimila a veces a los pronombres personales, lo que le permite funcionar en contextos de reflexividad, pero su carácter inespecífico requiere un antecedente de las mismas características, como el sujeto tácito del infinitivo en Hay que ser condescendiente con uno mismo, el pronombre se de las impersonales reflejas (Si se está satisfecho con uno mismo, ...) o de las pasivas reflejas (Cuando se releen los viejos escritos de uno mismo). En la lengua poco cuidada se omite a veces la concordancia en 3.a persona y se construyen oraciones como Lo peor que se puede hacer es quejarnos, que se recomienda sustituir por Lo peor que uno puede hacer es quejarse (se subrayan los pronombres que concuerdan). Se observa que crece la discordancia en las construcciones formadas con «haber que infinitivo , como en Habría que irnos ya (por Habría que irse ya). La primera variante está algo más extendida en el español americano que en el europeo, aunque se registra en ambos, y se valora de forma desigual según los países. 

Los pronombres que, sin ser inherentemente reflexivos, admiten interpretación reflexiva requieren la concordancia adecuada con su antecedente, pero también condiciones contextuales favorables. Algunas, de tipo léxico, pueden estar ligadas a las preposiciones. La interpretación reflexiva se acepta, en efecto, con más naturalidad en Siempre habla de él o en Está muy seguro de él que en Siempre sueña con él o en Está muy contento con él. La presencia del adjetivo mismo (y sus variantes de género y número) unido al pronombre induce la interpretación reflexiva incluso en contextos poco favorables. Así, Está muy contento con él mismo puede alternar con Está muy contento consigo mismo, pero la segunda opción es la más frecuente en la lengua escrita. 

El adjetivo mismo no está presente solo en aquellos contextos en que es necesario marcar la reflexividad, sino también en otros en que esta resulta obvia, como Está muy contento {consigo ~ consigo mismo} o en Lo que guardas dentro de {ti ~ ti mismo}. Aunque en estos casos parece un modificador redundante de carácter enfático, no siempre se puede eliminar. Es necesario, en efecto, en las construcciones reflexivas de doblado o duplicación pronominal, es decir, en aquellas en las que un pronombre tónico reproduce los rasgos de un pronombre átono en la misma oración. Se dice, por tanto, Solo se perjudica a sí mismo o Se regaló un viaje a sí misma, en lugar de *Se perjudica a sí y *Se regaló un viaje a sí. Resulta poco natural suprimir el adjetivo mismo con un gran número de complementos de régimen, sean verbales (Solo se preocupa por sí mismo), adjetivales (Son idénticos a sí mismos) o nominales (Su preocupación por sí misma). No se hace, en cambio, tan indispensable con otros, como en e alta con an a en ti ~ ti mismo}; Solo piensas en {ti ~ ti misma} o en Yo no era dueño de {mí ~ mí mismo}

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