Рекламный блок

El leísmo

Suelen distinguirse tres tipos de leísmo: 

A. Leísmo de persona masculino: uso del pronombre le como acusativo con sustantivos masculinos de persona: A Mario le premiaron en el colegio

B. Leísmo de persona femenino: uso del pronombre le como acusativo con sustantivos femeninos de persona: A Laura le premiaron en el colegio. 

C. Leísmo de cosa: uso del pronombre le como acusativo con sustantivos de cosa: Te devuelvo el libro porque ya le he leído

Una variante de los tipos A y B es el llamado leísmo de cortesía, que consiste en limitar el leísmo a los usos en que le concuerda con la forma usted, como en Le saludo atentamente; Le atenderé muy gustosamente. Esta forma de leísmo se ha atestiguado en hablantes que no practican otras formas de leísmo. En los apartados que siguen no se analizará el origen del leísmo ni se intentará tampoco explicar las razones de la distribución histórica, geográfica o social de cada uno de los tipos de leísmo descritos, sino que se caracterizará someramente su naturaleza gramatical, así como la valoración social que recibe. 

El leísmo de persona masculino (tipo A) es el más frecuente, tanto en el español antiguo como en el moderno. Aparece profusamente en los textos medievales y clásicos, y era incluso la forma recomendada por la Real Academia Española hasta la cuarta edición de su gramática (1976). Mientras que en plural es menos frecuente, y no se recomienda, puede documentarse en singular en un gran número de escritores prestigiosos y no se considera incorrecto. Es considerablemente más frecuente en los textos españoles que en los americanos, pero no está ausente de estos últimos, como muestran los ejemplos siguientes: 

Le ayudó a levantarse y el muchacho le miró casi airado (Núñez, E., Insurgente); Nosotros aislamos al hombre del Universo, él le liga totalmente, le hace solidario (Vallejo, Trilce); Pero también deseamos que se conozca por qué sus hijos le admirábamos (Hoy 25/1/1983); así le vimos de nuevo con el capote y la franela, en lances artísticos y pases emotivos (Nacional 19/1/1997). 

El leísmo de persona femenino (tipo B) está mucho menos extendido, carece de prestigio y se considera incorrecto. Era hasta hace poco relativamente frecuente en el norte de España, y aparece también de manera ocasional en los textos de escritores vascos: Mi madre iba, pero iba a hurtadillas, sin decírmelo, y se ponía detrás de la columna, donde yo no le viera (Unamuno, Tula). Se considera asimismo incorrecto el leísmo de cosa (tipo C), tanto en singular, más frecuente (El cuadro aún no le he colgado), como en plural (Los cuadros aún no les he colgado). 

La valoración del leísmo está en función de las alternancias entre dativo y acusativo. En efecto, unos hablantes construyen ciertos verbos (notablemente, ayudar, creer, escuchar y obedecer, pero no solo estos) con objeto directo, mientras que otros lo hacen con objeto indirecto. Los primeros perciben como leístas expresiones como ayudarles o creerles, que resultan naturales para los segundos. Las diferencias a las que dan lugar estos verbos, algunos de los cuales ya admitían dativo en latín, suelen estar sujetas a variación geográfica. Por ejemplo, en la mayor parte de los países americanos se construye creer con complemento indirecto de persona (creer a María>creerle), pero con complemento directo de cosa (creer una historia > creerla): ¿O sea que tú le crees a la vieja? le preguntó Paloma. ¿Tú sí le crees? (Bayly, Días). Se rechazan en esos países, por consiguiente, oraciones como María no fue creída (que resulta natural en España), pero son normales otras como Las ideas de María no fueron creídas. Se atestiguan en muchas áreas hispanohablantes alternancias como A mi hermana solo {le ~ la} obedecen cuando se enoja o A ella no {le ~ la} pude escuchar. Las alternancias entre complementos de persona e indirectos de cosa tienen otras consecuencias sintácticas. De hecho, cuando se construyen con complemento de persona, algunos de estos verbos no muestran en el español general ciertas propiedades características de los verbos transitivos. Suelen rechazar las pasivas reflejas: No se obedecen {muchas leyes ~ *muchos jueces}, así como las construcciones con infinitivos de interpretación pasiva. Resultan, en efecto, mucho más naturales leyes imposibles de obedecer, afirmaciones difíciles de creer que madres imposibles de obedecer, personas difíciles de creer

Favorece la alternancia del dativo con el acusativo la presencia de un complemento predicativo del objeto directo. El uso del dativo con el verbo llamar seguido de complemento predicativo predominó en la lengua clásica y se extendió a los complementos de cosa, incluso femeninos: ¡Qué diabro, a la bodega / le llaman cantina acá! (Torres Naharro, Tinellaria). En el español actual (sin excluir el de América, en el que es infrecuente el leísmo), sigue siendo común el dativo en estas construcciones. No es, pues, censurable su uso en las siguientes secuencias: Dos minutos después, dejada la estación de este nombre, se enfrenta a la Casa del Altillo, como le llaman los caminantes (Obligado, Tradiciones); Les llaman «grafftis», señor (Leñero, Noche). La influencia de un complemento predicativo nominal se percibe también con otros verbos que, siendo transitivos, se registran construidos con dativo cuando el predicativo está presente: 

Le tenían por prudente, discreto y maduro (Roa Bastos, Vigilia); Se tuvo que enfrentar, de visita por un barrio protestante del Este de Belfast, a un grupo de unionistas encolerizados que le tacharon de traidor (País [Col.] 14/10/1997); Cuando am s tenía cuatro años de edad, le nombré coronel del Ejército (Vázquez Montalbán, Galíndez). 

Pueden considerarse predicativos los infinitivos que se construyen con verbos de percepción o causación, por lo que favorecen también el dativo: No le habéis oído llorar (Pineda, Diálogos); Miraron hacia el salón y le vieron atravesar en dirección a la biblioteca (Mendoza, Verdad ). Como en otros casos, el leísmo de tipo A es aquí menos frecuente en plural (Les nombraron alcaldes) y también lo es el de tipo B, que, como se señaló, carece de prestigio (A María le nombraron delegada provincial )

Las construcciones impersonales con se favorecen igualmente el uso del dativo, hoy mayoritario en este contexto en el mundo hispánico. No obstante, resulta menos habitual con el femenino, salvo en México y Centroamérica. Está más restringida su extensión con nombres de cosa. e aquí algunos ejemplos de estas pautas: 

Y sobre todo se le ve deseoso de encontrar ayuda y colaboración (Uslar Pietri, Oficio); Su viuda —si es que aún vivía— y sus hijos habían desaparecido durante la guerra, y no se les pudo avisar de aquella pérdida (Caso, Peso); A sus 66 años, María Estela Martínez —se le conoció públicamente como “Isabelita Perón”— compareció por primera vez ante la justicia (Proceso [Méx.] 9/2/1997); A Bello, por cierto, se le vincula por su trabajo en inteligencia con el asesor Vladimiro Montesinos (Caretas 10/4/1997). 

Los verbos aburrir, agradar, cansar, divertir, fascinar, impresionar, molestar, preocupar y otros análogos designan procesos que afectan al ánimo y se interpretan como reacciones emotivas. Pueden construirse con dativo o acusativo, a veces con repercusiones en el significado. En efecto, se percibe cierta tendencia a usar el acusativo cuando el pronombre se re ere a un paciente sobre el que se ejerce alguna acción, voluntaria o no, como en Siento molestarla, señora (Marsé, Rabos); Mario se dispuso a maniobrar sus barras para impresionarla con la destreza de sus muñecas (Skármeta, Cartero). Se incrementa proporcionalmente el uso del dativo (aunque alternando de manera visible con el acusativo en gran parte de América) cuando no es una persona, sino una causa externa, la que provoca que alguien experimente la sensación o la reacción de que se habla. Son habituales en este caso los sujetos formados por nombres de acción y subordinadas sustantivas: 

Debe de ser que le afectó el soroche (Bayly, Días); Le molestaba tener que dialogar con un mocoso de igual a igual (Mendoza, Ciudad); Le alegraba ver que ya se encontraba repuesta (Dou, Luna). 

Los verbos de influencia, como animar, autorizar, convencer, forzar, incitar, obligar, etc., se construyen con un complemento directo y uno preposicional (La invitaron a una cena; Lo animaron a asistir al baile). Muestran también la alternancia «dativo ~ acusativo , sobre todo con pronombres en masculino. A estos verbos se asimilan los causativos hacer y dejar. Se reproducen a continuación algunos textos que muestran esta alternancia: 

A empujones, lo obligaron a arrodillarse y, de inmediato, lo encapucharon (García, A., Mundo); Sus preocupaciones sobre los asuntos eternos y definitivos le obligan a la justicia y a la bondad (Arrom, Certidumbre); Allí lo convencería de que fuese pronto a Golfito, donde lo aguardaban con desesperación (Aguilera Malta, Pelota); asta que un alto empleado de la Compañía que iba en el tren no se acercó al maquinista a convencerle de que tenía presión, no salimos (Azaña, Carta); Juan Pérez los dejó discutir, acalorarse, justificarse (Donoso, Casa); Las autoridades fronterizas no les dejaban pasar hacia México (Chavarría, Rojo). 

Se percibe también la alternancia «dativo ~ acusativo con atender y telefonear. 

Materiales similares

Comentarios

avatar
  • Войдите: