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El laísmo y el loísmo

Como se ha explicado, el laísmo es el uso de las formas femeninas de acusativo por las de dativo. Puede ser, como el leísmo, de persona (La dije la verdad) o de cosa (No te puedes poner esta camisa porque tengo que pegarla un par de botones). El segundo es algo menos frecuente que el primero. 

El laísmo alcanzó cierta difusión en los siglos XVII y XVIII, incluso entre escritores notables. En la actualidad pervive en ciertas regiones de España (parte de Castilla, así como Cantabria y Madrid). No se extendió por Andalucía y Canarias ni pasó al español americano. Las construcciones laístas atestiguadas en zonas andinas se han atribuido a ciertas dificultades en el aprendizaje del español por parte de hablantes de quechua y aimara. Se recomienda evitar en todos los contextos tanto el laísmo de persona como el de cosa. 

El laísmo es especialmente frecuente con los verbos que pueden construirse bien con un complemento indirecto de persona, bien con este complemento más un complemento directo de cosa: Ábrele a Ana ~ Ábrele la puerta a Ana; No le escribe a su novia ~ No le escribe cartas a su novia; A mi mujer le robaron ~ A mi mujer le robaron la cartera. El cruce entre las dos estructuras puede producir secuencias con laísmo: Ábrela a Ana; No la escribe a su novia; A mi mujer la robaron, si bien en algunas áreas este uso de robar se considera transitivo. Favorece también los usos laístas el paso de un verbo transitivo simple a una construcción con verbo de apoyo (Grupos sintácticos lexicalizados y semilexicalizados), especialmente las formadas con dar y hacer. Así, en la oración laísta La di un beso puede influir la posible contaminación con La besé. 

Cuando son las formas masculinas de acusativo las que se usan en lugar del dativo se habla de loísmo. El fenómeno es paralelo al laísmo, de modo que puede ser de persona (No lo dieron tiempo a reaccionar) o de cosa (El asunto es como es y no hay que darlo más vueltas). En la actualidad se registran en ciertas zonas de Castilla (en España), y en hablantes andinos de quechua o aimara que han aprendido el español como segunda lengua. Aunque se atestiguan usos loístas en escritores clásicos de prestigio, el loísmo no penetró en la lengua literaria, a diferencia de lo que ocurrió con el leísmo y, en menor medida, con el laísmo. Está fuertemente desprestigiado, por lo que se recomienda evitarlo en todos los niveles de la lengua. 

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