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Factores externos que determinan la (in)especificidad

Los inductores modales, muy a menudo de naturaleza prospectiva, pueden dejar en suspenso la existencia del referente de un grupo nominal situado bajo su influencia, como en Necesitaba un nuevo programa informático (en alusión a una entidad que puede existir o no) frente a Había criticado un nuevo programa informático (en alusión a una entidad efectivamente existente). Los entornos modales favorecen la aparición del modo subjuntivo en las oraciones de relativo, pero también la interpretación inespecífica de los grupos nominales, contengan o no relativas. Entre ellos están los que se mencionan en los apartados siguientes. 



La modalidad oracional no asertiva, en la que se incluyen diversos tiempos y modos verbales, como el futuro (Alquilaremos un apartamento que esté junto a las pistas de esquí), el subjuntivo con valor de futuro de las subordinadas temporales (Cuando tengas un problema, avísame), el condicional (Dijo que tendría preparado un borrador del documento), las construcciones condicionales (si recibes una carta suya), el modo imperativo (Tome una silla y siéntese, por favor) y las oraciones interrogativas (¿Tienes un bolígrafo?)



Ciertos predicados, llamados a menudo intensionales, crean entornos modales en función de sus propiedades léxicas. Son los que sitúan el contenido de la subordinada en un mundo virtual o hipotético que deja en suspenso la identificación de las entidades que forman parte de la predicación. A este grupo pertenecen los predicados de modalidad, como poder, deber, tener que, ser preciso, ser necesario, ser probable, que expresan probabilidad, posibilidad, capacidad, obligación, necesidad o permiso. También corresponden a él los predicados de voluntad e influencia, como buscar, inducir, necesitar, obligar, pedir, querer, recomendar, sugerir y otros similares, que expresan deseos o propósitos cuya consecución se ubica en un momento posterior al señalado por el predicado. Sus argumentos indefinidos no se refieren necesariamente a un ejemplar concreto, sino a un miembro cualquiera de la clase a la que pertenecen. Una interpretación similar reciben los grupos nominales indefinidos que aparecen dentro de oraciones subordinadas finales. He aquí ejemplos de todos estos elementos: 



Tiene que haber una solución (Cortázar, Rayuela); Bashur y yo buscábamos un carguero para transportar una mercancía poco convencional (Mutis, Maqroll); Me recomendó que visitase a un doctor, y mejor si era médico después que amigo (Alegre, Locus); El único secreto para que un negocio funcione es generar confianza (Caso, Peso). 



Funcionan como inductores de inespecificidad los verbos que incorporan la noción de negación, duda u oposición entre sus rasgos léxicos, así como los grupos preposicionales encabezados por la preposición sin: 



Negó haber escrito un panfieto di amatorio contra su jefe; Se negó a que lo visitara un médico; Llegó a la meta sin una gota de sudor; Sigue sin escribir una línea; Se oponía a presentar una denuncia ante el juez; Duda de que vaya a conseguir una recompensa por su acción.

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