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Los adjetivos de grado extremo

La mayor parte de los adjetivos calificativos son graduables, a menos que expresen el grado extremo de alguna propiedad. Estos adjetivos de grado extremo se suelen denominar elativos. En la gramática tradicional se han llamado también superlativos absolutos. 

Los prefijos de grado extremo (re-, requete-, super-, hiper-, mega- o ultra-: Prefijos gradativos y escalares) y los sufijos que expresan esa misma noción (-ísimo o -érrimo) forman los llamados elativos morfológicos. Por oposición a los elativos morfológicos, se llama comúnmente elativos léxicos a los adjetivos de grado extremo que no manifiestan esta propiedad en su estructura morfológica, es decir, a los que denotan tales significados en función de su propia naturaleza léxica. A este grupo pertenecen los adjetivos siguientes: 

abominable, atroz, brutal, colosal, delicioso, enorme, espantoso, espléndido, excelente, excelso, eximio, exquisito, extraordinario, fabuloso, fundamental, gélido, helado, horroroso, increíble, ínfimo, inmaculado, inmenso, insignificante, magnífico, maravilloso, máximo, mínimo, minúsculo, monstruoso, perverso, precioso, sensacional, supremo, terrible, tórrido, tremendo. 

También expresan el grado máximo de alguna propiedad ciertos adjetivos restringidos léxicamente, que podrían agruparse con las colocaciones o solidaridades léxicas de que se habló en Adjetivos restrictivos y adjetivos no restrictivos

calor sofocante, condiciones leoninas, craso error, cuestión capital, deseo ferviente, diferencia abismal, error garrafal, fe ciega, frío polar, hambre canina, ignorancia supina, miedo cerval, momento crucial, negativa rotunda, odio visceral, pingües beneficios, precio astronómico. 

Algunos de ellos proceden de adjetivos relacionales, como hambre canina (‘propia de perro’), miedo cerval (‘propio de un ciervo’), odio visceral (‘que se siente en las vísceras’), etc. 

En general, los adjetivos elativos tienden a rechazar los adverbios de grado, lo que se explica porque esa combinación daría lugar a expresiones redundantes o contradictorias: si excelente equivale, aproximadamente, a ‘muy bueno’, la combinación *muy excelente es redundante y *poco excelente, contradictoria. Sin embargo, los adjetivos de grado extremo muestran cierta tendencia a perder su valor elativo para denotar cualidades evaluables en grados diversos, por lo que pueden hacerse compatibles con los adverbios comparativos, como en tan colosal como..., menos delicioso que..., o admitir construcciones superlativas: el más terrible pronóstico, el más abominable ogro, el más mínimo esfuerzo. 

Muchos adjetivos elativos, entre ellos los que rechazan los adverbios de grado muy, poco o bastante, admiten, sin embargo, el adverbio exclamativo qué, como en estos ejemplos: 

Desde que comenzara a trabajar en el mar venía oyendo hablar — ¡qué magnífica fonética!— del "azote del mundo" (Novás, Negrero); ¡Qué espléndido verso en el que reconocemos nuestra propensión al lugar común, felizmente subvertida! (Celorio, Contra-conquista); Qué maravillosa ocupación entrar en un café y pedir azúcar, otra vez azúcar (Cortázar, Cronopios). 

Así pues, la expresión qué maravilloso resulta natural para todos los hispanohablantes, mientras que la mayoría percibe como redundante muy maravilloso. El significado de ¡Qué magnífico comediante! es análogo al de ¡Qué comediante tan magnífico! La variante ¡Qué comediante magnífico!, ampliamente documentada en la literatura, solo resulta hoy natural para algunos hablantes.

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