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Adjetivo, cuantificador, determinante y pronombre

En virtud de un proceso de gramaticalización, algunos adjetivos han adquirido propiedades sintácticas y semánticas propias de los cuantificadores (cuantioso, diferente, distinto, incontable, numeroso, nutrido, vario), de los determinantes (cierto, dicho, determinado, semejante, tamaño) o de los pronombres (cuatro, idéntico, igual, mismo, primero, propio). No pierden totalmente en esos procesos su vinculación con los adjetivos, aunque sí parte de su significado original. 

Están próximos a los cuantificadores los llamados adjetivos cuantificativos, usados en plural. Se ha integrado plenamente en ese grupo el adjetivo vario en plural. En efecto, varios/varias capacita a un grupo nominal preverbal para ejercer la función de sujeto (Varios candidatos no se presentaron), admite construcciones partitivas, incluso con relativos (varios de ellos, varios de los cuales), tiene usos pronominales (Profesores, se presentaron varios); es compatible con nombres de medida (varios kilómetros) y con adjetivos (varios muy interesantes), y rechaza otros cuantificadores: *muchas varias ocasiones. Los adjetivos diferentes, diversos o distintos expresan falta de identidad, que es también el sentido primitivo de varios. Al igual que esta voz, pueden denotar cantidad cuando se usan antepuestos. Conservan, sin embargo, en mayor medida que varios, sus propiedades adjetivales y comparten, por tanto, menos características con los cuantificadores. La lengua rechaza, en efecto, secuencias como *diferentes de ellos; *Profesores, se presentaron diferentes; o *Estaba a diferentes kilómetros. Cuando diferentes alterna con varios o muchos (valor cuantificativo) no se combina con ellos (*Lo dijo en muchas diferentes ocasiones), pero cuando se usa como adjetivo calificativo, puede hacerlo sin que se perciba contradicción: Lo dijo en muchas ocasiones diferentes. También poseen propiedades cuantificativas los adjetivos copioso, cuantioso, incontable, innumerable, múltiple, multitudinario, numeroso, nutrido y otros adjetivos similares. 

Los adjetivos que se parecen a los determinantes contribuyen a establecer la referencia de los grupos nominales. Algunos están más cerca de los demostrativos, y otros de los indefinidos. Cuando se usa antepuesto y sin artículo, el participio dicho se asimila a los demostrativos: La doctrina islámica del Califato exigía dicha unidad (Aguinis, Cruz), propiedad que se extiende a semejante, que tiene, al igual que tal, valor anafórico: Andalucía, España entera, está llena a su vez de semejantes decires (Ayala, Cabeza). El adjetivo cuantificativo tamaño conserva el valor intensivo del grupo adjetival latino tam magnus y admite igualmente paráfrasis con demostrativos: tamaña humillación ~ una humillación como esa. 

Los adjetivos igual, determinado y cierto se integran en la clase de los determinantes cuando introducen un grupo nominal. Pueden construirse sin artículo, como los anteriores, lo que es indicio de que no se usan propiamente como adjetivos. Tanto determinado como cierto (en algunos de sus usos) permiten al hablante dejar velada o encubierta la identidad del referente del sustantivo, aun cuando la conozca: Estas cosas se hacen sencillas y comprensibles a determinada edad (Delibes, Camino). En su uso como cuantificador existencial indefinido, cierto alterna con algún, como en Ella lo seguía a {alguna~cierta} distancia, y a veces con un (como en {un ~ cierto} profesor). No obstante, a diferencia de este, solo admite la interpretación específica. Es lógico, por ello, que rechace el subjuntivo en las oraciones de relativo, como en un~*cierto} libro que te resulte útil. Sin embargo, determinado y cierto mantienen en parte sus propiedades adjetivales cuando siguen a un: Lo que pasa es que nos han acostumbrado a un cierto tipo de comportamiento (Belli, Mujer). 

La palabra otro (y variantes) presenta propiedades cruzadas que la asimilan tanto a los adjetivos como a los determinantes y los cuantificadores. Al igual que los determinantes, permite construir sujetos preverbales, como en Otro problema importantísimo es averiguar cómo se producen tales rayos (Echegaray, Ciencia). Acepta asimismo complementos partitivos (otro de los asuntos que hemos de ver), característica propia de los cuantificativos, y también se emplea como pronombre (Tengo otro). Se acerca más a los adjetivos, en cuanto que puede ir precedido de determinante (los otros invitados), aunque no del artículo indefinido (al menos en el español general contemporáneo, en el que se rechaza la combinación un otro). Puede funcionar también como atributo: El problema es otro. Se distinguen fundamentalmente dos valores de otro: la interpretación llamada de alteridad y la denominada aditiva. Así, en Jacinta compró otra novela puede querer decirse ‘una distinta de la antes mencionada’ (valor de alteridad), o bien ‘una más’ (valor de adición). El adjetivo demás se aproxima a otro en cuanto que denota también alteridad, pero se diferencia de él en varios rasgos, entre otros, en que raramente se usa como determinante en el español general, va siempre precedido del artículo de nido o de un posesivo y carece de flexión. 

El adjetivo mismo no se asimila a los determinantes, sino que habitualmen te los requiere. En el uso llamado identificativo se asigna algún rasgo común a un conjunto de entidades o de partes entre las que se establece una relación asimilable a la comparación de igualdad: Vive en el mismo barrio que tú; Este texto y aquel otro son del mismo autor; Los dos tienen el mismo jefe; Todo el sofá tiene el mismo color. En su empleo como marcador enfático, admite paráfrasis con expresiones como justamente, precisamente o el adjetivo propio: La misma naturaleza del asunto obliga a ser prudente, pero también mediante expresiones asociadas con informaciones escalares, como hasta, incluso, en persona, nada menos que. Así, la expresión subrayada en Pero entonces nos dimos cuenta de que no tenía zapatos. Y la misma señora Rosario se encargó de que yo tuviese unos zapatos (Zamora Vicente, Traque) se interpreta aproximadamente en el sentido de ‘ella personalmente’ o ‘ella precisamente, en lugar de otra persona por delegación’. En este uso es frecuente que mismo se posponga a los pronombres personales (yo mismo) y que suela adquirir valor discriminativo, como en Él mismo me lo dijo (‘él, no otro’). Otro empleo diferente es aquel en el que mismo modifica a los pronombres reflexivos, como en a sí mismo, o a los pronombres personales que adquieren valor reflexivo gracias a él: Lo quiere para ella (misma). En el llamado uso ejemplificativo, mismo expresa la falta de preferencia en relación con lo que se propone o se sugiere, y admite como paráfrasis aproximadas ‘sin más consideraciones’, ‘sin ir más lejos’, ‘sin pensar más’ o ‘por ejemplo’, como en la respuesta Mañana mismo a la pregunta ¿Cuándo podríamos empezar? En México y en varios países centroamericanos se reconoce un uso expletivo de mismo, que no ha pasado a la lengua culta, en oraciones de relativo explicativas en las que se omite el artículo determinado: Esta línea les brinda educación elemental, proporcionándole un criterio cognoscitivo, más amplio y definido, mismo que deberá aplicar correctamente en la vida diaria (Proceso [Méx.] 26/1/1997). 

El adjetivo propio posee significados plenamente adjetivos, como ‘característico’ (Estas cosas no son propias de ella) y ‘adecuado’ (ropa propia para el verano), pero también otros sentidos muy próximos a los que se han explicado en el caso de mismo: el anafórico, el enfático y el reflexivo. La interpretación anafórica, mucho más restringida que en mismo, se obtiene en el grupo verbal hacer lo propio, que alterna con hacer lo mismo, y también en expresiones análogas formadas con otros verbos, como suceder u ocurrir. El sentido enfático de propio es similar al de mismo, con el que alterna a menudo: Lo verás con tus propios ojos; Yo no vivo en la propia Córdoba (‘en la capital, en el núcleo urbano’) o en La propia mañana del día miércoles horas antes de su muerte, me lo ratificó en mi escritorio (Universal [Ven.] 30/6/1996) (‘precisamente esa mañana’). En su interpretación reflexiva, propio alterna con su en contextos muy restringidos, en los que el posesivo también tiene ese valor: por {propia~su} iniciativa; en {defensa propia~su defensa}. Como reflexivo, puede alternar igualmente con de uno, cuyo antecedente puede identificarse o no con el que habla en secuencias como Las {costumbres propias ~ costumbres de uno} deben ser respetadas.

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