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Persona y número

El segmento PN reproduce en el verbo los rasgos de persona y número del sujeto. La primera persona hace referencia al hablante o a los hablantes, la segunda, al oyente o a los oyentes, y la tercera, a las personas o cosas de las que se habla. Los grupos nominales concuerdan con el verbo en tercera persona (El sol sale por el este), pero los que aparecen en plural y designan personas pueden hacerlo también en la primera y en la segunda, como en Los padres no siempre sabemos lo que es bueno para los hijos. El uso de ciertas fórmulas de tratamiento para aludir al oyente explica la concordancia en tercera persona: vuestra merced > usted. El valor etimológico plural de vos explica la concordancia con formas de segunda persona del plural o derivadas de ellas: tenéis > tenés. 

El segmento PN es regular en la primera y en la tercera personas del plural: -mos (ama-mos, amába-mos) y -n (ama-n, amaría-n), respectivamente. En cambio, en la primera y en la tercera personas del singular es nulo: amo-Ø, amará-Ø. El segmento PN correspondiente a la segunda persona forma un paradigma flexivo más complejo:

Segunda persona del singular

con tuteo

-s en todos los tiempos (ama-s; dormía-s; esperará-s), salvo el pretérito perfecto simple (amaste-Ø) y el imperativo (ama-Ø).

con voseo

-s en el presente (cantá-s), excepto en algunas variedades, en las que es Ø (cantái-Ø);
-s en el perfecto simple (cantaste-s)
y Ø en el imperativo (cantá-Ø).

con tratamiento de usted

Ø en todos los tiempos (usted canta-Ø; usted cantaría-Ø).

Segunda persona del plural

con ustedes
(español americano, canario y andaluz occidental; variante de respeto en el resto del español europeo)

-n en todos los tiempos (ustedes canta-n; ustedes tenía-n).

con vosotros
(variante de con anza en el español hablado en España, salvo en Andalucía occidental
y en Canarias)

- is (cantá-is; tenía-is), pero -d en el imperativo:ama-d, siempre con VT tónica. Las mismas formas presenta el voseo reverencial
del español europeo.

Desde los primeros textos se observa una tendencia marcada a extender la -s característica de la segunda persona del singular a los pretéritos perfectos simples (dijistes, salistes, cantastes). Estas variantes se consideran hoy incorrectas. 

La coincidencia en la opción Ø de la 1.a y 3.a personas del singular da lugar al sincretismo de algunas formas: el imperfecto de indicativo (yo amaba ~ él ama- ba), el condicional (yo partiría ~ él partiría), el presente de subjuntivo (yo tema ~ ella tema), el imperfecto de subjuntivo (yo amara ~ ella amara; yo temiese ~ él temiese), y el futuro de subjuntivo (yo partiere ~ ella partiere). Factores sintácticos, semánticos y pragmáticos intervienen en la elección de la variante apropiada en estos casos; por ejemplo, el posesivo átono sugiere, aunque no garantiza, que la elección correcta es la primera persona en el siguiente texto: Cuando era niña iba por Galarreta con mis padres (Diario Vasco 23/1/2004). 

Las formas personales del verbo solo se emplean hoy con pronombres enclíticos en la lengua literaria (Diose por enterado), con la excepción del imperativo (De- címelo; Guárdatelas), en el que constituye la única opción en la lengua estándar. En estos contextos el morfema -mos pierde la -s ante el pronombre enclítico -nos: Alegrémonos por lo sucedido, pero no ante los demás pronombres: Digámosle la verdad. En los mismos contextos, la s- del pronombre enclítico se se funde con la de -mos: digámoselo, repitámoselo. La desinencia de la 2.a persona del plural del imperativo en la variante ama-d pierde el segmento -d ante el pronombre enclítico -os: amaos. 

En el habla popular o rural de casi todos los países hispanohablantes se documenta el traslado de la desinencia de tercera persona de plural al pronombre enclítico: márchesen por márchense, como en Ahora demen un abrazo (Ascasubi, Santos). Se recomienda evitar estos usos, que están fuertemente estigmatizados. También lo están las formas verbales que repiten la desinencia de la tercera persona al final de estas mismas secuencias, como en márchensen, cállensen; ¡Lárguenlon no más! (Güiraldes, Segundo). Estos fenómenos muestran que los pronombres enclíticos se asimilan en alguna medida a los segmentos exivos desde el punto de vista morfofonológico.

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