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Los sufijos vocálicos -a, -e, -o

Los sufijos átonos -a (comprar>compra), -e (desfilar>desfile), -o (tirar > tiro) dan lugar a un gran número de derivados deverbales. Infrecuentes en latín, crecieron rápidamente en español y su rendimiento es hoy algo mayor en el español americano que en el europeo. Los derivados en -a son femeninos; los que se forman en -e y en -o son masculinos. Estos sufijos parecen aplicarse sobre los temas de presente, puesto que muestran las mismas alternancias vocálicas: /e/~/ié/ (acertar>acierto; contender>contienda), /o/~/ué/ (acordar>acuerdo; contar> cuenta) o /e/ ~ /i/ (reñir > riña). Aunque poco numerosas, estas pautas ofrecen algunas irregularidades. Destacan entre ellas ciertas acentuaciones esdrújulas (práctica, prórroga, réplica, súplica; cómputo, depósito, pronóstico), frente a las llanas esperables. Cabe agregar algunas derivaciones que no se forman sobre temas de presente, como ofender > ofensa (no *ofenda); defender > defensa; permitir > permiso; y también la necesidad de postular bases supletivas para formas como deber>deuda; repeler > repulsa; transcurrir > transcurso y pocas más. 

Los sufijos vocálicos se agregan sobre todo a los verbos de la primera conjugación, pero se documentan usos que corresponden a las demás para los tres sufijos: derivados en -a: caza, danza, lidia; contienda; bulla, riña; derivados en -e: apunte, arranque, cierre; debe (el debe y el haber); combate, debate; derivados en -o: abandono, arriendo, descuento; ascenso, socorro; consumo, recibo. No es posible predecir cuál es el sufijo vocálico apropiado que debe unirse a cada base verbal, pero se perciben algunas regularidades. Por ejemplo, los numerosos verbos terminados en -ear eligen -o (parpadear>parpadeo), mientras que los terminados en -ecer, -izar e -i car suelen bloquear estas formaciones. Es habitual, por otra parte, que los derivados se extiendan a otros verbos que presentan las mismas terminaciones, como en pliegue (< plegar), despliegue y repliegue; ascenso (< ascender) y descenso; plante (< plantar) e implante. 

Muchos derivados en -a, -e, -o están restringidos sintácticamente. Unos pocos se usan más en plural (como en las sobras de una comida, las vistas de una habitación, este último raro fuera de España), a veces en el interior de alguna expresión idiomática: a resultas (de algo), en ciernes, a marchas forzadas, a portes debidos (solo en España), hacer (algo) trizas, con miras (a algo), soltar amarras, etc. 

Como ocurre con otros sufijos, muchas de las formaciones a que dan lugar los que en esta sección se estudian son privativas de ciertas zonas. Buen número de los derivados en -e son creaciones recientes propias sobre todo en la lengua juvenil y deportiva: alucine, chute, corte, deschongue, desmadre, despeje, despelote, despipote, flipe, ligue, mate, pase, quite, rechace, refocile, regate, remate, saque, tranque, trinque, vacile, etc. Muchos de los derivados en -o más usados en América proceden de verbos en -ear. He aquí algunos ejemplos: 

Ya me empieza a dar sueño tanto macaneo (Cortázar, Rayuela); Los opositores de micrófono y pescueceo más relevantes gritarán contra el gobierno (Razón en. 30/8/2009 ); Sentí su tasajeo en el vientre donde llevo a mi hijo (Aridjis, Mil); Muchas veces, luego de padecer el ruleteo, los enfermos vuelven al Pérez Carreño y les asisten por cortesía (Universal en. 26/6/1996 ). 

La mayor parte de los sustantivos derivados en -a, -e, -o denotan acciones, pero un gran número de ellos admite también la interpretación de efecto, sea este material o no: abono, corte, desahogo, despiste, deterioro, dibujo, mezcla, pesca, reforma. Los sentidos particulares que puede adquirir la interpretación de efecto son variables. Así, una serie de estos derivados designan cantidades económicas (adelanto, ahorro, ajuste, anticipo, atraso, depósito, desgrave, deuda, entrega, importe, ingreso, paga, etc.), sonidos o acciones que suelen comportarlos (grito, hipo, lamento, lloro, rebuzno, relincho, sollozo, suspiro, susurro, trueno, aúllo ‘aullido’, maúllo ‘maullido’, etc.), instrumentos, medios o recursos (adorno, aparejo, aviso, barreno, cerca, cierre, empalme, enchufe, enganche, envase, remolque, soporte, etc.), o bien sirven para caracterizar acciones o situaciones, como cuando se dice de algo o alguien que es un espanto, un encanto o un disparate. 

En muchos casos se registra más de un derivado para la misma base (coste ~ costa ~ costo; embarco ~ embarque; pago ~ paga; recargo ~ recarga), lo que corrobora la rentabilidad de estos sufijos. Es frecuente también que el nuevo derivado sea paralelo a otro ya existente de mayor cuerpo fónico, al que agrega algún matiz expresivo. Así, aunque exista desparramamiento, se forma desparrame, además del menos usado desparramo: Y en qué desparramo ha acabado todo el clan (Benedetti, Primavera). A pesar de la existencia de acelero (nombre de cualidad) y de aceleramiento (nombre de proceso), se forma acelere (‘rapidez, premura’), extendido en el habla coloquial de muchos países. Existen otros casos similares. 

La formación de sustantivos mediante los sufijos -a, -e, -o plantea el problema de la dirección de los procesos derivativos, es decir, la cuestión de elegir entre la derivación de verbos a partir de sustantivos (azote > azotar) o la de sustantivos a partir de verbos (azotar > azote). La solución del problema depende de la perspectiva metodológica que se adopte, tal y como se expuso en Perspectivas sincrónica y diacrónica. En efecto, si se adopta el criterio histórico, el proceso derivativo será forrar (mediados del s. XV) > forro (finales del s. XVI), pero de acuerdo con un criterio formal, en la morfología sincrónica se suele aceptar el proceso forro>forrar, análogo a cepillo > cepillar. Este proceso (N > V) da lugar a otros muchos derivados verbales a partir de sustantivos concretos que designan instrumentos: abanicar, lijar, taladrar, remar. Tal interpretación, por otra parte, encaja con el criterio lexicográfico, puesto que los diccionarios definen forrar a partir de forro (‘poner forro a algo’), en lugar de a la inversa. En la misma línea, derivaciones como ahincar > ahínco; deportar > deporte; escotar>escote; fincar> finca; llagar>llaga; rasguñar>rasguño son justificables con un criterio histórico, pero se evitan en el análisis sincrónico, puesto que los verbos que sirven de base no suelen estar presentes (en las acepciones pertinentes) en la conciencia lingüística de los hablantes. 

Relacionado con este problema está el que plantean sustantivos como desliz, disfraz, don, perdón, retén, son, sostén. El criterio histórico los considera derivados de los verbos correspondientes (es decir, deslizar > desliz), ya que estos se documentan con anterioridad. Tal opción está avalada por el criterio lexicográfico, que en estos casos define los sustantivos en función de los verbos (según el DRAE, desliz es la “acción y efecto de deslizar o deslizarse”). En la morfología sincrónica se suele recurrir a una de estas dos opciones: o bien supone la existencia en el español de hoy de un morfema derivativo nulo, vacío o tácito (Ø), como en desliz(a)(r) > desliz-Ø; disfraz(a)(r) > disfraz-Ø, etc., o bien se propone el orden N > V, según el cual los verbos se forman sobre los nombres, aunque este orden no coincida con el históricamente documentado.

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