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Los sufijos -ada, -ado, -ido, -ón

Forman un grupo numeroso los derivados en -ada que designan golpes y otras acciones o movimientos similares. Constituye su base un nombre que suele expresar aquello con lo que se da el golpe, sea un objeto, como en cuchillada, estocada, lanzada, pedrada, puñalada, o una parte del cuerpo, como en cabezada, cornada, manotada, patada, puñada, uñada. Solo unos pocos se interpretan como ‘golpe dado en un lugar’, en lugar de como ‘golpe dado con algo’: cachetada, culada, pescozada o pescoceada, trompada (en casi toda América). Estos derivados se relacionan con los participiales que se refieren a movimientos impetuosos, como arañada, empujada, picada, punzada, y predomina en ellos el sentido de ‘efecto’ sobre el de ‘acción’. Una variante de la interpretación de efecto es la de herida. Así sucede, por ejemplo, en cortada ‘herida por objeto cortante’, cuchillada, puñalada. El concepto de ‘golpe’ adopta un sentido figurado en alcaldada, cuartelada o fujimorada. 

La interpretación de acto propio de alguien, con sentido negativo, es característico de los sustantivos en -ada derivados de nombres de persona (canallada, gamberrada, quijotada) y también de animal cuando se refieren a seres humanos (gansada, burrada, así como cerdada y sus múltiples sinónimos). Esta interpretación se da muy frecuentemente con los adjetivos sustantivados que admiten el llamado un enfático, como en tonto (un tonto) > tontada; bobada y pendejada. Tienen asimismo sentido negativo los derivados de ciertos gentilicios, como una españolada, una mexicanada, una gringada, una boricuada (de boricua ‘puertorriqueño’). 

A partir de nombres se forman una serie de derivados en -ado y -ada que expresan contenido o medida: alcuzada, camionada, carretada, cestada, cubetada, cucharada, puñado, sartenada. arios de ellos adoptan un significado extendido: un puñado de años, una carretada de insultos. 

Con el sufijo -ido se crean derivados que designan ruidos o sonidos. Se forman a partir de verbos, casi todos de la primera conjugación: aullido, balido, berrido, bramido, bufido, chasquido, chillido, garlido, graznido, hipido, ladrido, maullido, pitido, quejido, relinchido, ronquido, silbido, zumbido, y muchos más, algunos de extensión restringida. Este sufijo ha dejado de ser productivo en España, pero en América aún da lugar a neologismos, como llorido o toquido. Desde el punto de vista del aspecto léxico, los verbos de los que se derivan estos sustantivos se consideran semelfactivos, de modo que ladrar, por ejemplo, es compatible tanto con ‘dar un ladrido’ como con ‘dar ladridos’. 

El sufijo -ón forma sustantivos derivados de verbos, prácticamente todos de la primera conjugación. No debe confundirse con el sufijo aumentativo -ón / -ona, que se aplica generalmente a bases nominales, como en espadón y casona. Los derivados de verbos en -ón suelen designar acciones impetuosas o repentinas: agarrón, empujón, jalón, resbalón. El sufijo -ón también se adjunta a nombres y forma derivados que denotan golpes dados con una parte del cuerpo o recibidos en ella, como guantón, manotón, morrón (‘golpe en los morros’), pechugón, pescozón. 

Los derivados en -ón están en relación estrecha con las formas en -ado/-ada y con los derivados participiales en -do/-da. En primer lugar, forman frecuentes dobletes con ellos, si bien se prefieren unas voces a otras según el área lingüística: agarrón ~ agarrada; bofetón ~ bofetada; calentón ~ calentada; empujón ~ empujada; guantón ~ guantada; sacudón ~ sacudida. En segundo lugar, las formas en -ón comparten con los derivados participiales su carácter puntual y, en muchos casos, también la construcción con verbo de apoyo, como se observa en llevarse un alegrón y otros ejemplos similares.

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