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Los sufijos apreciativos: definición y clases

Se llaman apreciativos los sufijos que se añaden para expresar la valoración afectiva que se hace de las personas o las cosas. Así, los sustantivos amiguete, blancuzco, blandengue, casita, feúcho, fortunón, listillo, pelín, sombrerazo, tipejo transmiten connotaciones subjetivas (atenuación, encarecimiento, cercanía, ponderación, cortesía, ironía o menosprecio, entre otras) ausentes en amigo, blanco, blando, casa, etc. Junto con tal valor connotativo, los sufijos apreciativos pueden expresar también alguna cualidad objetiva, generalmente un tamaño mayor (como en manchón) o menor (como en jardincito) que el designado por el referente de la base nominal. La derivación apreciativa se considerará aquí un proceso derivativo, en lugar de flexivo. Aun así, comparte con la flexión su carácter productivo y su regularidad, por lo que, salvo casos particulares de lexicalización, es excluida de los diccionarios. Su afinidad con la flexión se manifiesta también en que no altera la categoría de la base, y en que los afijos apreciativos pueden seguir a otros sufijos en la derivación, como en Lo que ya sabíamos; otra sublevacioncita militar (Galdós, Prohibido). Por el contrario, estos afijos solo aparecen seguidos de los que denotan plural (cas-ita-s). Por otra parte, la sufijación apreciativa puede dar lugar a significados especiales de la base, propiedad que no aportan los sufijos flexivos. Las nociones semánticas que aportan los sufijos apreciativos tienen, además, carácter léxico, más que gramatical. 



Frente a lo que suele ocurrir con otros sufijos, es posible concatenar varios apreciativos con idéntico significado dentro de la misma voz, como en chiqu-it-ito, chiqu-it-ico o chiqu-it-ín. No hay, en cambio, concatenación de sufijos diminutivos en voces como bicharraco. Así, los segmentos subrayados en bich-arr-aco, brav-uc-ón, son-iqu-ete, viv-ar-acho, llamados interfijos, se insertan entre la raíz de una palabra y el afijo, y carecen de significado. Este proceso no es potestativo, puesto que no existen en la conciencia de los hablantes las supuestas formas intermedias *bicharro, *bravuco, etc. 



Se distinguen tradicionalmente tres clases de sufijos apreciativos: los diminutivos, como -ito o -illo; los aumentativos, como -ón o -azo, y los despectivos, como -ucho o -aco. La clase de los sufijos despectivos se cruza a menudo con las otras dos, puesto que algunas formaciones despectivas son a la vez diminutivas (caballerete, personajillo) o aumentativas (acentazo, narizota).

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