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Clases de adjetivos derivados

Los numerosos derivados adjetivales del español proceden casi todos de sustantivos y verbos y, en menor medida, de palabras de otras categorías. Las pautas más productivas son las siguientes:

N-al:centro > central;  N-ano / -ana: aldea > aldeano; N-ar: espectáculo > espectacular; N-ario / -aria: banco > bancario;  N-ero / -era: aduana > aduanero;  N-eño / -eña: ribera > ribereño; N-´ico / -´ica: metal > metálico; N-ista: vanguardia > vanguardista; N-ístico / -ística: museo > museístico; N-ivo / -iva: deporte > deportivo; N-izo / -iza: paja > pajizo; N-oso/ -osa: aceite > aceitoso. V-ble: vender > vendible; V-dero /-dera: casar > casadero; V-dizo /-diza: huir > huidizo; V-dor /-dora: ensordecer > ensordecedor; V-nte: sorprender > sorprendente; V-oso /-osa: apestar > apestoso; V-(t)ivo /-(t)iva: decorar > decorativo; V-(t)orio /-(t)oria: definir > definitorio. A-ísimo / -ísima: caro > carísimo; A-oso/-osa: verde > verdoso.

Se construyen también ocasionalmente los derivados adjetivales a partir de locuciones nominales, como centrocampista (de centro del campo), medioambiental o tercermundista. Con los adverbios bien y mal se forman compuestos como biempensante, bienhablado, bienvenido, malcarado, malhechor, malpensado y similares. Son  formas parasintéticas porque no existen los verbos correspondientes (*bienvenir, *malcarar, *malpensar). 

Las interpretaciones semánticas fundamentales de los adjetivos derivados corresponden a las dos grandes clases de adjetivos: calificativos y relacionales. Los calificativos denotan ‘semejanza’ (lechoso), ‘tendencia’ (asustadizo), ‘intensificación’ (grandísimo), ‘capacidad para llevar a cabo determinada acción o para recibirla’ (estimulante, lavable), ‘posesión, presencia o existencia’ (miedoso) y otras nociones similares. Los adjetivos de relación se ajustan generalmente a la fórmula definitoria tradicional ‘relativo o perteneciente a’ — así, por ejemplo, histórico ‘relativo o perteneciente a la historia’—, pero pueden adquirir otros sentidos específicos, como ‘procedente de algún lugar’ (peruano) o ‘partidario o defensor de algo’ (marxista).

Muchos adjetivos relacionales (infantil en enfermedad infantil) pueden usarse también como calificativos (reacción infantil). A veces solo el contexto permite deducir cuál de las dos interpretaciones es la adecuada: estilo cervantino, ‘el de Cervantes’ (interpretación relacional) o ‘el característico de las obras de Cervantes, sean o no de este autor’ (interpretación calificativa). Sin embargo, ambos tipos de adjetivos se distinguen con frecuencia por los sufijos que presentan. Pares como acuoso ~ acuático; lechoso ~ lácteo; musculoso ~ muscular y otros semejantes muestran que los sufijos tienden a especializarse en una u otra interpretación. Los sufijos típicamente relacionales ayudan a establecer el vínculo semántico entre dos dominios. Así, en la expresión mundo acuático se establece una relación entre un determinado mundo y la materia agua; en cambio en mundo acuoso, el adjetivo calificativo expresa cierta propiedad del objeto al que se atribuye (‘un mundo hecho de agua, semejante al agua o que contiene agua’). Una distinción parecida se percibe entre fibra muscular y brazo musculoso, y en otros muchos pares similares.

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