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El plural de los nombres propios

Se espera, en principio, que los nombres propios no tengan plural. Lo forman, sin embargo, cuando se asimilan (en mayor o menor medida) a los comunes. Siguen entonces las reglas de estos, como en las celestinas, los donjuanes, las magdalenas, los quijotes, o en Nunca más volverá a haber en Nicaragua Adolfos Díaz, Emilianos Chamorro, José Marías Moncada, Anastasios Somoza en el poder (Ramírez, Alba). Con los nombres compuestos, la pauta más común es la que muestra el ejemplo citado con José María, esto es, que solo se pluralice el segundo componente. Aun así, se documentan excepciones: Pero así serán y han sido todas las doñas Marías Antonias del Universo (Villalonga, Bearn). Las formas de tratamiento santo, santa y doña suelen recibir plural; quedan invariables, en cambio, san, don, fray, sor: 

Tuvo la audacia de privar de mi presencia a la negra imagen de las Santas Marías del Mar (Mujica Lainez, Escarabajo); Estaban los Pepes y las Pepas del Padul, los Josés y las Josefas de Dúrcal, los Don Josés y Doñas Josefas de Órgiva (Alarcón, Alpujarra); Lo que va de la poesía de Garcilaso a la de Góngora, eso va de la prosa de Valdés y de los dos fray Luises a la de Quevedo (Alatorre, 1001). 

Los nombres de los premios no varían cuando expresan su denominación oficial: los premios Goya, la ceremonia de los Óscar, pero sí lo hacen cuando designan un objeto material, o bien a la persona que los recibe: los goyas del museo, los nobeles de literatura. 

En el plural de los sustantivos que designan apellidos suelen alternar la forma invariable y la adición de -s, esta última más frecuente si se trata de dinastías: Que yo sepa los Fierro, los Oriol, los Urquijo, tenían millones antes de la guerra (Cabal, Briones); No debí haber deshonrado la sangre de los Borbones (Fuentes, Región). También predomina la forma con marca de plural si el que habla no desea hacer referencia a un conjunto de personas que comparten cierto apellido, sino (a menudo despectivamente) a varias que se asemejan en algo a una que sí lo lleva: Pues ¿cómo me ha de doblegar del ayuno el padre Escobar, ni juntos todos los Escobares abogados con todos sus libros? (Santa Cruz Espejo, Luciano). Por otras razones, tampoco toman -s los sustantivos que terminan en esta consonante o en -z (los Borges, los Rodríguez, los Solís, los Vélez), ni los que coinciden con nombres comunes o adjetivos (los Castillo, los Leal, los León, los Mayor). 

Los nombres de marcas se usan metonímicamente para referirse a los objetos que designan, con lo que se integran en parte en la clase de los nombres comunes. Si terminan en vocal, tienden a hacer el plural conforme a las normas habituales: los Ibizas, los Toyotas, las Yamahas. Si acaban en consonante, lo normal es usarlos con plural invariable, como en Los Seat estaban alineados (mejor que Los Seats). Lo mismo sucede con los nombres de centros comerciales: los Zaras, pero los Champion. 

Se emplean solo en plural los nombres propios de ciertas cordilleras (los Alpes, los Andes, los Apeninos, los Pirineos), archipiélagos (las Antillas, las Azores, las Baleares, las Canarias, las Cíes, las Filipinas, las Galápagos) y países (Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, Países Bajos), así como el de algunas ciudades (Aguascalientes, Buenos Aires, Ciempozuelos, Iquitos). En el caso de las ciudades, la concordancia «sujeto – verbo» se hace en singular.

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