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Sustantivos comunes en cuanto al género procedentes de usos figurados

Es frecuente que los sustantivos epicenos que designan animales lleven asociado algún estereotipo cuando se aplican a las personas. Este uso no afecta a sus rasgos de género, como cuando se dice de un hombre o de una mujer que es una hiena (‘persona de muy malos instintos o muy cruel’), una hormiguita (‘persona muy ahorradora’) o una era (‘persona cruel o violenta’). En consecuencia, pueden alternar Este muchacho es un lince ~ Esta muchacha es un lince, en el sentido de ‘persona muy avispada’, pero no es correcto una lince. Todos estos sustantivos presentan un uso atributivo, en el que admiten el artículo indeterminado denominado enfático o ponderativo. 

Sobre los usos anteriores se forman en la lengua coloquial nombres que también se aplican a las personas, pero que son comunes en cuanto al género. En este segundo uso metafórico experimentan una nueva alteración de significado que debe especificarse en cada caso particular. Así, el sustantivo femenino rata puede predicarse, sin cambiar de género, de un hombre o de una mujer en la lengua coloquial con el significado de ‘persona despreciable’ (primer uso metafórico: El jefe es una rata). A la vez, suele usarse como común en el de ‘persona muy tacaña’ (segundo uso metafórico: El jefe es un rata ~ La jefa es una rata). Asimismo, si se dice de alguien que es un gallina, se le atribuyen ciertas características estereotipadas de cobardía, como en Y añadió que quien se acuesta temprano por haber trasnochado mucho es un gallina (Nieva, Señora). En este sentido valorativo, por lo general depreciativo o peyorativo, estos nombres pueden aparecer también en la construcción apositiva que se forma con la preposición de, como en el rata de tu jefe, el gallina de mi hermano o No me extraña que Lucrecia dejara por él a ese animal de Malcolm (Muñoz Molina, Invierno). Adquieren entonces rasgos adjetivales, como pone de manifiesto el uso de la forma apocopada muy en Hubiera podido el muy bestia de Juárez arreglar su comercio (Galdós, Fortunata) o en el muy gallina del alcalde. Este proceso se extiende a algunos sustantivos femeninos que no designan animales, como bala, cabeza o cara, lo que no obsta para que se diga de un hombre o de una mujer, respectivamente, que es un bala perdida / una bala perdida en el sentido de ‘tarambana’; un cabeza loca / una cabeza loca, en el de ‘persona de poco juicio’; un caradura / una caradura — también un cara o una cara —, en el de ‘sinvergüenza, persona descarada’.

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