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Restricciones en el uso de los sustantivos ambiguos

A diferencia de lo que ocurre con los nombres comunes en cuanto al género, son relativamente raros los sustantivos que, usados con un mismo sentido y en una misma construcción, pueden considerarse ambiguos para los hablantes de una misma comunidad lingüística en un período determinado. Esta importante diferencia entre las dos clases gramaticales refuerza la idea de que el género es para los hispanohablantes una propiedad gramatical inherente de cada sustantivo. Los sustantivos ambiguos poseen los dos géneros: azúcar {moreno ~ morena}; mar {grueso ~ gruesa}. Otros sustantivos ambiguos son agravante, armazón, azumbre, interrogante, maratón, prez, pringue. Entre los escasos sustantivos ambiguos que designan seres animados figura ánade: ánades majestuosos ~ ánades majestuosas. 

Se dan a menudo diferencias geográficas, de registro, de frecuencia o simplemente de uso entre las dos variantes: el sustantivo calor es masculino mayoritariamente, pero en algunas regiones también se emplea la forma femenina, que no pertenece al español estándar; en la lengua común mar es masculino (el mar, mar bravío), pero entre la gente de mar de varios países predomina el femenino. Este es también el género que muestra en expresiones como en alta mar o hacerse a la mar. Otras veces, la elección del género está en función del número. Así, mar en plural (mares) es siempre masculino. De forma parecida, el sustantivo arte se usa como femenino en plural: las bellas artes, las artes marciales, pero en singular se construye hoy casi siempre en mascu­lino: el arte español, un arte re nado, el arte dórico. 

Muchos sustantivos ambiguos tienden a dejar de serlo. Aunque se registran excepciones en algunos países, es más frecuente emplear como masculinos acné, anatema, aneurisma, contraluz, fueraborda, mimbre, reúma o reuma y vodka. Prefieren el femenino cochambre, dote, enzima y pelambre. Este es el género que se recomienda también para aguachirle, apócope, apoteosis, aula, comezón, hemorroide, índole, parálisis y porción, aunque alguna vez se usen como masculinos; por el contrario, se usan casi siempre en masculino aceite, alambre, apéndice, apocalipsis, arroz, avestruz, color, detonante, énfasis, fantasma, puente, tequila, vinagre y vislumbre. Aunque se han registrado usos en femenino de estos sustantivos, se recomienda en todos ellos la variante en masculino. Se emplean ya solo como masculinos apóstrofe y herpes. En los que siguen siendo ambiguos, como agravante, atenuante, condicionante, eximente, invariante o resultante, la alternancia de género está limitada a ciertos contextos. Por ejemplo, el uso femenino de eximente suele circunscribirse al ámbito jurídico. 

Los factores que intervienen en la alternancia de género son otras veces geográficos. Así, el sustantivo pijama o piyama es masculino en muchos países, pero femenino en México, gran parte de Centroamérica, el Caribe y otras áreas: Se ponían a cambiarle la pijama empapada de sudor (Uslar Pietri, Oficio). De forma análoga, pus es mayoritariamente masculino, pero en Chile, México y algunos países centroamericanos alternan los dos géneros, incluso en la lengua formal, con predominio del femenino. También varía el género en tanga (masculino en el español europeo, pero femenino en buena parte de América) y bikini o biquini (femenino en casi toda el área rioplatense, pero masculino en la mayor parte de los demás países). 

No son, en cambio, ambiguos sino polisémicos los sustantivos en los que la diferencia de género se relaciona con dos interpretaciones que mantienen cierta relación semántica, como el margen de la página pero la margen del río; el final del libro pero la final del campeonato; la doblez (‘hipocresía’, ‘malicia’) y el doblez de sus enaguas; el terminal del cable y la terminal de ómnibus; el editorial (‘artículo de fondo no fir­mado’) y la editorial (‘casa editora’). En otros casos, las diferencias en el género no corresponden a acepciones directamente relacionadas entre sí, como ocurre en el capital ~ la capital; el clave ~ la clave; el cólera ~ la cólera; el coma ~ la coma; el corte ~ la corte; el cura ~ la cura; el frente ~ la frente; el pendiente ~ la pendiente, por lo que a veces se consideran casos de homonimia.

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