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Marcas de género

El género se manifiesta en ocasiones en algunas marcas formales explícitas, como las terminaciones de los sustantivos en casos como hij-o, jef-a, juez-a, leon-a, abad-esa, sacerdot-isa, gall-ina. Tales marcas han sido interpretadas como morfemas de género, es decir, segmentos a los que corresponde la información morfológica relativa al sexo. Con otros sustantivos, en cambio, la terminación carece de contenido, por lo que resulta problemático identificarla como morfema. Tampoco parece acertado asociar la vocal -o a los sustantivos masculinos (tiempo, huerto) y -a a los femeninos (casa, huerta), puesto que existen sustantivos masculinos terminados en -a (día), femeninos terminados en -o (mano), y de uno u otro género terminados en -e (héroe, serie), en -i (alhelí, hurí), en -u (ímpetu, tribu) o en consonante (árbol, canción). Estas terminaciones de los sustantivos de género inherente no son, pues, depositarias de información genérica. Actualmente se analizan como marcas segmentales, desinenciales o de palabra, por su incidencia en ciertos procesos fonológicos y morfológicos, como la formación de derivados. Así, por ejemplo, se suprimen en cas-a, libr-o, mont-e o Merced-es para formar cas-ona, libr-ote, mont-ec-ito o Merced-itas. 

Existen, no obstante, ciertas correspondencias entre la terminación de los sustantivos y su género inherente. En efecto, la mayor parte de los sustantivos que acaban en -a son femeninos (alegría, amapola, casa, silla, etc.), y la mayoría de los que terminan en -o son masculinos (cuaderno, fuego, odio, puerto, etc.). Los acabados en consonante o en otras vocales pueden ser masculinos (alhelí, amor, diente, espíritu, fénix, hábitat, reloj) o femeninos ( or, fuente, grey, hurí, perdiz, tribu, vocal). Muchos sustantivos terminados en -a son masculinos, como aroma (‘perfume’, no ‘ or del aro- mo’), cisma, clima, día, dogma, mapa, problema, tema, trauma; son femeninos varios de los acabados en -o, como libido, mano, nao, seo, así como los que provienen de acortamientos de palabras femeninas, como disco (de discoteca), foto (de fotografía), moto (de motocicleta), polio (de poliomielitis) o quimio (de quimioterapia). 

Las terminaciones -o y -a en los sustantivos no animados pueden marcar diferencias léxicas no ligadas al sexo, como la que se establece entre el árbol y su fruto o su or (almendro ~ almendra; camelio ~ camelia; cerezo ~ cereza; tilo ~ tila), o bien distinciones relativas al tamaño o a la forma de las cosas: bolso~bolsa; cántaro~cántara; cesto~cesta; huerto~huerta; jarro~jarra; río~ría. Estos pares no forman paradigmas sistemáticos, lo que indica que tampoco en estos casos se trata de verdaderos morfemas. 

Entre los sustantivos que designan seres animados, la terminación en -a se corresponde en la mayoría de los casos con la denotación de una mujer o un animal hembra. Esta marca presenta a veces un incremento morfológico: -esa (abadesa, alcaldesa, condesa, duquesa, tigresa, vampiresa), -isa (diaconisa, papisa, profetisa, sacerdotisa, poetisa, aunque se usa también el femenino poeta), -ina (gallina, heroína, jabalina, zarina). Otros pares, formados sobre pautas menos productivas, son rey / reina y los femeninos terminados en -triz, como emperatriz o actriz, correspondientes a algunos masculinos en -dor o en -tor. Esta terminación aparece también en ciertos adjetivos, pero contraviene las reglas de concordancia usarla cuando el adjetivo modifica a sustantivos masculinos (impulso motriz, taller automotriz), por lo que en estos casos se recomiendan las variantes en -or: impulso motor, taller automotor.

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