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Categorías a las que pertenecen los adjuntos

Desde el punto de vista categorial, los adjuntos pueden ser adverbios o grupos adverbiales, grupos preposicionales, nombres o grupos nominales, y también oraciones subordinadas. De acuerdo con lo dicho en Los adjuntos como modificadores no seleccionados, los adjetivos pueden ser asimismo adjuntos, aunque no complementos circunstanciales. 

Los adverbios pueden incidir como adjuntos en los grupos verbales. Como se vio en los apartados precedentes, unos constituyen complementos circunstanciales (Me sentaré aquí; Llegarán inmediatamente), pero no otros (Todavía te estoy esperando; Quizá exagera: Los adjuntos como modificadores no seleccionados). Los adverbios de modo o manera y los llamados de punto de vista son modificadores adjuntos de los adjetivos: químicamente puro, económicamente rentable o en En tono suavemente irónico [...] (Cercas, Velocidad ). Los adverbios todavía, ya y otros que denotan nociones aspectuales modifican frecuentemente a grupos no verbales, sobre todo si tales grupos son predicativos, como en El propietario del salón de billar lo vio entrar al atardecer, todavía con las manos en los bolsillos (García Márquez, Hora). 

Los grupos preposicionales son los que dan lugar a un mayor número de adjuntos en español. Entre las nociones expresadas se encuentran las de compañía o colaboración (Cantaba en los bares con una orquestina), instrumento (Subieron los muebles con una grúa), manera (Compiten con mucho coraje), tiempo (Se conocen desde la infancia), medio (Se escribían por Internet), pero también otras distintas, ligadas a los variados contenidos que transmiten las preposiciones. El grupo preposicional alterna en ocasiones con un adverbio, como en «con + sustantivo» y el respectivo adverbio en -mente: con fuerza ~ fuertemente. Los grupos preposicionales que funcionan como adjuntos inciden sobre los grupos verbales, pero también sobre otros, como en enfermo desde hace un año o en [...] una carrera hasta la casa de mis abuelos (Bayly, Días). 

Los nombres y los grupos nominales también pueden funcionar como adjuntos, aunque con numerosas restricciones. Con los nombres de los días de la semana y con los sustantivos víspera y antevíspera, basta el artículo determinado para que puedan formarse grupos nominales como adjuntos temporales: Las vísperas, los lunes y los viernes, en que por lo general no se juega, redacta los textos, y los miércoles saca la foto (Arrabal, Torre); e incluso adjuntos de sustantivos: Vamos a darle gracias a Dios por la venida del Papa el día siete de febrero (Prensa [Nic.] 3/2/1997). 

Otros sustantivos temporales requieren la presencia de modificadores o complementos, o bien de demostrativos o cuantificadores, para funcionar como adjuntos del verbo. Compárese *Puedes venir el día con Puedes venir el día que prefieras. A esta misma pauta pertenecen secuencias como Caía enfermo demasiados días o Presentía que tampoco su padre llegaría aquella tarde (Caso, Peso). En estos comportamientos intervienen también los sustantivos con los que se construye el grupo nominal adjunto. Contrastan, en efecto, Me lo repitió muchas veces; Sucedió aquel año, sin preposición, con *Me lo repitió muchas ocasiones; *Sucedió aquella época, donde la preposición en resulta imprescindible. Además de los adjuntos temporales, pueden aparecer sin preposición determinados grupos nominales cuantificativos: Es mil pesos más barato; La finca está unos diez kilómetros hacia el sur; Dos veces lo recibí en casa, etc. 

Funcionan como adjuntos determinadas subordinadas adverbiales (entendiendo el concepto de ‘subordinada adverbial’ en sentido amplio: Tipos de subordinadas). Algunas de ellas suelen considerarse adjuntos de toda la oración, como las construcciones absolutas y las prótasis condicionales y concesivas. e aquí ejemplos de subordinadas que funcionan como adjuntos: Una vez concluida la oración, vuelto el silencio entre los asistentes, pide el juez principal que se lean en alta voz los últimos cargos que quedaron pendientes (Fernández Santos, Extramuros); Mientras ella se quedaba barloventeando en las sombras de la plaza, Aureliano pasaba por el corredor como un extraño, saludando apenas a Amaranta Úrsula y a Gastón (García Márquez, Cien años). 

 

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