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El complemento directo preposicional y las clases semánticas de verbos

Los verbos transitivos pueden dividirse en tres grupos según introduzcan o no la preposición a cuando se construyen con complementos directos de persona:

A. Verbos que exigen la preposición

B. Verbos que rechazan la preposición

C. Verbos compatibles con la preposición

Entre los verbos del grupo A destacan los que alternan los objetos directos con los indirectos. Se obtienen así contrastes como Teníamos que ayudar {*muchos ~ a muchos} enfermos (frente a atender, que es compatible con las dos opciones); Obedecemos {*demasiados ~ a demasiados} gobernantes; Sirvió {*varios ~ a varios} reyes; un periodista famoso por insultar {*los ~ a los} políticos. También requieren la presencia de la preposición los verbos de  afección:  Esas películas  asustan {*muchos ~ a muchos} espectadores; supuestos éxitos diplomáticos que impresionan {*muy pocos ~ a muy pocos}.

Al grupo B, el más reducido, corresponden los verbos de causación, como en La crisis producirá {miles ~ *a miles} de desocupados. Cabe también integrar en este grupo, aunque con mayores restricciones, verbos como pedir, demandar o solicitar en ciertos contextos: Habían pedido {más ~ *a más} jueces, pero la Administración no los proporcionaba, frente a Habíamos pedido {este juez ~ a este juez} en particular. Se incluyen asimismo en el grupo B los predicados existenciales haber y tener, que están sujetos al llamado efecto de definitud (El efecto de definid). No se dice, en efecto, *Hay a muchas personas interesadas ni *Julián tuvo a un solo hijo. Sin embargo, tener admite la preposición cuando significa ‘dar a luz’ (cuando Ana tuvo a su tercer hijo), en las construcciones presentativas como Aquí tenemos a la autoridad sanitaria (Giménez Bartlett, Serpientes), y también cuando se construye con complementos predicativos: Y es cierto que tener a un hijo en las guerrillas podía suponer una condena a muerte para un padre (Ortiz-Armengol, Aviraneta).

El grupo C es el más polémico de los tres porque la presencia de la preposición depende de factores sintácticos, semánticos y discursivos estrechamente relacionados. Los casos más nítidos son los que cabe asociar con acepciones distintas de los verbos, como en distinguir un hombre (‘percibirlo’) y distinguir a un hombre (‘percibirlo’, pero también ‘honrarlo’), o en abandonar una ciudad (‘dejarla, salir de ella’) y abandonar a una ciudad (‘dejarla en el abandono, descuidarla’). Asimismo, en Conozco varios dentistas en la ciudad, se da a entender que el que habla sabe de su existencia, mientras que en Conozco a varios dentistas en la ciudad se sugiere relación o trato personal con ellos.

Otras distinciones que se establecen en el grupo C son semánticas, pero no puede decirse que sean léxicas, en el sentido de que no representan informaciones que podrían reflejar los diccionarios. Es el caso de los llamados verbos intensionales (Factores externos que determinan la (in)especificidad, Contextos de modo dependiente y Inductores modales en las subordinadas relativas), casi todos de naturaleza prospectiva. La ausencia de la preposición favorece con ellos la interpretación de tipo o clase (Buscó las personas adecuadas; Necesito el mejor abogado), pero su presencia induce la interpretación en la que se habla de individuos particulares (Buscó a las personas adecuadas; Necesito al mejor abogado). En otros casos, como los ya citados Mató {un león ~ a un león} en su último viaje a África o Vimos {tres policías ~ a tres policías} en la esquina, la presencia de la preposición se ha interpretado como una invitación a individualizar a las personas, los animales o las cosas de que se habla o a aportar más información sobre ellos.También se ha señalado que en oraciones como Es difícil parar (a) un tren en marcha, en atacar (a) los aviones o en bombardear (a) las ciudades costeras, la elección de la preposición acentúa el proceso de personificación —y, por tanto, el grado de animacidad que se atribuye a esos seres—, mientras que, si se evita, se entiende que se habla de cosas materiales sin capacidad de acción. Al efecto de personificación o de animicidad se ha atribuido también la elevada frecuencia con que la preposición aparece ante nombres no personales en las construcciones de complemento predicativo, como mirando a las nubes pasar o El mar lejano, el mar entero, murmuró mi padre viendo a las naves de Pacífica alejarse sin ellos (Fuentes, Cristóbal).

Se suele denominar uso distintivo de la preposición a  ante objeto directo no personal al empleo de la preposición para marcar esta función sintáctica por oposición a otras, notablemente el sujeto, pero también otros complementos del verbo. Los predicados en los que se reconoce este valor de modo característico expresan acciones o situaciones que involucran a varios participantes (no animados en casi todos los casos), por lo que la preposición se convierte en un recurso gramatical que permite distinguir entre ellos. Así ocurre con acompañar (a) la música, contener (a) los polos magnéticos, modificar (a)l primer verbo, comparar (a) la universidad con una empresa. Por la misma razón (es decir, porque se alude a la presencia de más participantes), es común la variante con a en las comparaciones: Lo temo como al fuego; Detesto los domingos, incluso más que  (a) los lunes; Conozco a Raúl como a la palma de mi mano (Mendizábal, Cumpleaños).

Algunos verbos pueden tener complementos directos e indirectos de persona simultáneamente. Es posible, en efecto, recomendar (o presentar, enviar, entregar,  etc.) a una persona (OD) a otra (OI). Son infrecuentes estas  construcciones cuando los dos complementos están representados por nombres propios. En estos casos la preceptiva recomendaba tradicionalmente evitar la preposición ante el objeto directo (Presentó Luisa a Marta), pero ha acabado imponiéndose la opción que la contiene, tanto con los nombres propios como con los comunes: Fue él quien le presentó a mi madre a Nicolás Blanch (Ribera, Sangre).

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