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Dativo ético y dativo concordado

Se suele denominar dativo ético el pronombre dativo átono no reflexivo que señala al individuo que se ve afectado indirectamente por la acción verbal: No se me acalore (Valle-Inclán, Gerifaltes); Luego la dejé a ella con el timón otra vez y otra vez se me puso nerviosa (Fuentes, Naranjo). Tiene alto contenido afectivo, y se emplea con más frecuencia en el español americano que en el europeo, pero se atestigua en ambos, sobre todo en la lengua oral. 

Los dativos éticos pueden alternar con otras interpretaciones de los pronombres de complemento indirecto. En efecto, mientras que el pronombre me en Te me olvidaste del niño no admite más interpretación que la de dativo ético, en oraciones como No te me vas a escapar, Juan (Uslar Pietri, Visita) podría interpretarse como un complemento indirecto argumental de procedencia (‘No te vas a escapar de mí’). El dativo ético está próximo en algunos aspectos al simpatético y al de interés, pero es el único que puede aparecer junto a otro pronombre átono con su mismo caso, en contra de las pautas habituales de colocación de los pronombres (Posición de los pronombres átonos en relación con el verbo), como se ve en además dijo ya por último tu abuelo Teófilo-, me le quitás esos zapatos de tacones altos (Ramírez, Baile) o en No, no me le estropeen la cabeza, carajo, que es un profesor (Vázquez Montalbán, Galíndez). Este rasgo ha llevado a algunos autores a interpretarlo como morfema pronominal desprovisto de caso. 

El llamado dativo aspectual se parece al ético en su valor fundamentalmente afectivo, pero se diferencia de él en que, como los reflexivos, concuerda en número y persona con el sujeto, por lo que se denomina también dativo concordado: Ya me [1.a persona singular] leí [1.a persona singular] toda la prensa; Nos [1.a persona plural] fumábamos [1.a persona plural] dos cajetillas diarias. Ambos dativos, el ético y el aspectual, pueden concurrir en la misma oración: Mi hija se [dativo aspectual] me [dativo ético] comió toda la tarta. El dativo aspectual tiene valor enfático. En efecto, la diferencia entre Leímos toda la prensa y Nos leímos toda la prensa radica en que en la segunda opción se da a entender que la lectura implicaba algún esfuerzo, que comportaba cierto mérito o que había algo de particular en el hecho de hacerla. A veces se sugiere que la acción descrita sobrepasa lo que se considera normal o se añaden otras connotaciones similares. El dativo concordado solo se combina con predicados que expresan eventos delimitados, por lo que se rechazan oraciones como *Ana se bebió leche (frente a ... la leche, ... un litro de leche o ... toda la leche); *No me sé geografía (frente a ... la geografía o ... la lección de geografía); *Los invitados se bebieron vino (frente a ... el vino o ... todo el vino). 

Entienden algunos autores que los dativos aspectuales (o al menos algunos de ellos) pueden reinterpretarse como morfemas de persona de los verbos sobre los que inciden. Desde este punto de vista, el papel de la forma se sería similar en esperarse (esperarse un resultado) y en el verbo pronominal levantarse (levantarse de la cama). A favor de la asimilación parcial de estas dos unidades está el hecho de que puedan definirse independientemente las variantes de los grupos verbales así construidos en función de que la forma se esté o no presente: 

saber algo (‘conocerlo’) ~ saberse algo (‘haberlo memorizado’; más frecuente en el español europeo);
creer algo (‘tenerlo por cierto’) ~ creerse algo (‘aceptarlo de buena fe’);
llevar la plata (‘transportarla’) ~ llevarse la plata (‘salir o escaparse con ella, robarla’);
saltar una barrera (‘salvarla’) ~ saltarse una barrera (‘omitirla, no atenderla’);
encontrar a alguien (‘hallarlo’) ~ encontrarse a alguien (‘tropezárselo, dar con él sin buscarlo’);
esperar algo (‘tener esperanza en ello’) ~ esperarse algo (‘temer que vaya a suceder’). 

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