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Dativo de interés y dativo simpatético

Se llaman tradicionalmente dativos de interés o complementos indirectos de interés los complementos indirectos no argumentales que denotan la persona o la cosa que resulta beneficiada o perjudicada por la acción verbal. Así, el verbo describir posee dos argumentos que designan, respectivamente, el agente de la acción y el objeto de la descripción. No obstante, ese verbo aparece con tres participantes en el ejemplo Un empleado del banco le describió a Clarín a uno de los asaltantes (Clarín 16/9/1997). El tercer participante, designado por el complemento indirecto, es el beneficiario de la acción. El dativo de interés puede referirse también a quien resulta perjudicado por ella, como en Te hizo un verdadero estropicio. La existencia de esta doble interpretación ha llevado a acuñar términos como dativo de daño o provecho, dativo benefactivo o malefactivo, entre otros similares. 

El dativo simpatético o posesivo se interpreta como un complemento indirecto de posesión. En efecto, el español expresa a menudo el poseedor mediante pronombres átonos de dativo en concurrencia con frases nominales que expresan la cosa poseída y que se construyen con determinante (El artículo determinado con valor de posesivo. La relación de pertenencia y Alternancias de presencia y ausencia de posesivos), como en Se le hincharon los pies; Se te nubló la vista; Se me torció el tobillo (también Me torcí el tobillo), en lugar de Se hincharon sus pies; Se nubló tu vista; Se torció mi tobillo. Esos grupos nominales, que designan muy frecuentemente partes del cuerpo, suelen ejercer la función de sujeto, pero también pueden desempeñar la de objeto directo, como en el ejemplo mencionado Me torcí el tobillo o en El perro le mordió la pierna. El grupo preposicional que los contiene desempeña la función de complemento circunstancial de lugar en El perro le mordió en una pierna o Le picaba en la sien. El dativo simpatético es compatible con otros contenidos, lo que le permite aparecer con predicados que seleccionan objetos indirectos argumentales. Así, el pronombre me en Me duelen los oídos, designa la persona a la que pertenecen los oídos, pero también a quien experimenta el dolor, como se señaló en Clases de complementos indirectos

En un buen número de casos, la noción semántica que expresan los dativos posesivos no es solo posesión o pertenencia, sino más bien inclusión, puesto que ponen de manifiesto relaciones de «parte – todo», como las que se dan entre un ser animado y las partes de su cuerpo (Me duele la espalda) o entre un objeto y las partes que lo componen (Al avión le empezó a fallar el motor izquierdo; Les cortaremos las puntas a los tallos). En general, es sumamente frecuente que los verbos de dos argumentos (como lavar o romper) se construyan con tres participantes (sujeto, complemento directo y complemento indirecto) cuando el segundo de ellos designa una parte del elemento expresado por el tercero: Le lavó la cara al niño; Le rompió la ventana al auto, etc. El dativo simpatético denota otras veces relaciones más laxas que el español suele expresar mediante posesivos, tales como el parentesco (Se le casaron todos los hijos), la autoría (Te ha quedado muy bien el artículo) y diversas nociones que pertenecen de forma más o menos estrecha a la esfera personal del individuo (Le iba la vida en ello; Se nos acaba el tiempo; Se me va el autobús). Véase también El artículo determinado con valor de posesivo. La relación de pertenencia. 

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