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Construcciones que aceptan la alternancia

La alternancia negativa es posible en el ámbito de la oración —y en concreto del grupo verbal, como se ha explicado—, pero también en el del grupo adjetival (medidas no necesarias en absoluto ~ medidas en absoluto necesarias) y en el de los participios. Así, junto a culpas no visitadas por ninguna virtud (Borges, Ficciones) cabría decir culpas por ninguna virtud visitadas. No siempre, sin embargo, es posible la alternancia. Solo se admite la segunda variante en sin reclamar tu puesto en el nada eucarístico banquete (Goytisolo, J., Reivindicación), y únicamente la primera en la no aprobación de ninguna ley. No existe, en efecto, en español la posición de foco requerida en el grupo nominal para que se aceptara también la segunda. Rechazan asimismo la segunda variante los gerundios y los infinitivos: {No comprando nada ~ *Nada comprando}, ahorras sin duda. En algunos países americanos se admite, no obstante, esta pauta en secuencias como Es perjudicial nunca comer verduras (además de no comer nunca verduras, común a todas las variedades del español). La anteposición de nunca es general en construcciones semilexicalizadas como para nunca más volver o la historia de nunca acabar

Las oraciones negativas coordinadas pueden formarse con dos conjunciones: No llamará ni el lunes ni el martes, o bien con una sola: No llamará el lunes ni el martes (Conjunciones coordinantes copulativas discontinuas o correlativas). La primera opción admite la segunda variante de la alternancia negativa: Ni el lunes ni el martes llamará. La admite igualmente cuando ni equivale a ni siquiera: Ni a levantar la cara me atrevía (Martín Gaite, Visillos). 

También están sujetas a la alternancia negativa otras expresiones, como los grupos preposicionales que incluyen el cuantificador alguno pospuesto, por ejemplo el subrayado en En forma alguna aceptaremos esa solución, que alterna con No aceptaremos en forma alguna esa solución. La aceptan asimismo las locuciones adverbiales formadas con el sustantivo vida (en mi vida, en tu perra vida) que equivalen a nunca, como en Yo no he visto en mi vida una novia que encargue los muebles y se venga a llorar (Chacón, Voz), en la primera variante, y En mi vida tendré celos (Lope Vega, Peribáñez), en la segunda. 

La falta de un inductor en la primera variante de la alternancia negativa es posible en algunas expresiones coordinadas que presentan una palabra negativa en el último miembro: Eso le costó un susto y nada más. También lo es en las construcciones en las que se usa nada (o una nadita) con el verbo faltar, en el sentido de ‘muy poco’, como en A Wall Street le ha faltado nada para alcanzar la gloria (Vanguardia [Esp.] 19/2/1995). Estas excepciones suelen asociarse a algún efecto estilístico en la lengua literaria: Me dejaba ir por calles desconocidas a ninguna parte (García Hortelano, Mary Tribune). tras veces, los indefinidos negativos sin negación previa alternan con los cuantificadores de indistinción y adquieren el significado de estos. Así sucede en los complementos causales: Conozco a otro escritor —añadió—, que se echa a llorar también por nada (Millás, Mujeres), es decir ‘ por cualquier cosa’. 

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