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Los grupos sintácticos exclamativos

Los grupos exclamativos son secuencias menores que la oración que pueden emplearse como enunciados exclamativos. Se construyen con recursos sintácticos, por lo que, a diferencia de las locuciones, no aparecen en los diccionarios. Estos grupos se clasifican en función de la clase de palabras en torno a la que se forman: grupos exclamativos nominales: ¡Qué maravilla!; ¡Magnífico partido!; adjetivales: ¡Cuán inútil!; ¡Muy curioso!; adverbiales: ¡Qué lejos!; ¡No tan deprisa!; verbales (no personales): ¡Cuánto trabajar la tierra!; ¡Formando las! Obsérvese que los grupos exclamativos pueden construirse con palabras exclamativas (como el primer ejemplo de cada serie) o sin ellas (como el segundo). 

Los grupos exclamativos nominales se forman de manera característica con los exclamativos qué (¡Qué alegría!) y cuánto (¡Cuánta gente!), a los que se asimila vaya cuando se usa como determinante: ¿Y así se va un año y se entra el otro? ¡Vaya despedida! (Chase, Pavo). Con el exclamativo qué, usado como determinante en este contexto, se pondera la cantidad que corresponde a una magnitud ( ¡Qué calor!), pero también se expresa el grado elevado de alguna propiedad: ¡Qué belleza! También se construyen grupos nominales exclamativos con la expresión cuantificativa ¡Qué de...! seguida de sustantivos contables en plural, como en Qué de años y de años, señor (Uslar Pietri, Oficio), o de incontables en singular, como en ¡Qué de agua!

Los grupos exclamativos nominales construidos sin palabras exclamativas admiten gran número de formas. De hecho, casi cualquier grupo nominal puede usarse como exclamativo en el entorno sintáctico adecuado, con múltiples efectos de sentido que dependen de factores contextuales. A pesar de ello, los grupos nominales se especializan a veces en significados particulares en función de los sustantivos con los que se crean. Así, con ¡Un momentito!; ¡Un coñac! o ¡Música! se realizan peticiones (Los actos verbales y las modalidades de la enunciación); con ¡Un alivio! o ¡Una gozada! se expresan sentimientos o reacciones; con ¡Un disparate!; ¡Cosas de niños! o ¡Pavadas! se enjuician acciones, situaciones u opiniones. 

Estas construcciones se diferencian de los llamados fragmentos, es decir, de las secuencias que solo se interpretan si se proporciona la pregunta a la que responden o la información a la que se oponen en la réplica. Así, el enunciado ¡Una novela muy interesante!, pronunciado ante un libro, constituye un grupo exclamativo, pero si se usa como respuesta a la pregunta ¿Qué te pareció? se considera un fragmento, ya que proporciona la información que se solicita en la pregunta mediante el pronombre interrogativo qué. Algunos adjetivos prenominales dan lugar a alternancias como ¡Qué hermoso día! ~ ¡Hermoso día!, en las que se expresa un significado similar a pesar de que no aparece ninguna palabra exclamativa en la segunda opción. Anteponiendo al nombre una serie reducida de adjetivos y participios (bendito, bonito, bueno, condenado, dichoso, lindo, menudo, valiente y algunos más) se construyen grupos nominales exclamativos de sentido generalmente contrario al literal: ¡Menudo error! (‘¡Qué gran error!’); ¡Dichoso viajecito! (‘¡Qué viaje tan desafortunado!’). 

Los grupos exclamativos adjetivales y adverbiales pueden construirse con qué (¡Qué difícil!; ¡Qué deprisa!) y cuán, este último restringido generalmente a la lengua literaria: ¡Cuán regaladas y honestas respuestas tuve! (Cervantes, Quijote ). Estos exclamativos indican un grado muy elevado de la propiedad que se cuantifica, lo cual no impide que se unan a adjetivos de grado extremo: ¡Pero qué hermosísima está hoy esta rosa de Jericó! (Clarín, Regenta); ¡Oh, qué maravilloso, qué exquisito el razonamiento! (Somoza, Caverna). El adverbio cómo puede incidir a distancia sobre un atributo y dar lugar a dos variantes. La primera, ¡Cómo era de simpática!; ¡Cómo come de rápida!, es la más extendida actualmente; la segunda, ¡Cómo era simpática!; ¡Cómo come rápida!, propia de la lengua antigua, se registra también en el español oral contemporáneo de algunos países americanos. Los grupos adjetivales cuantificados pueden integrarse en los grupos exclamativos nominales de dos formas: en la primera, la más generalizada, el adjetivo se antepone ( ¡Qué bonito vestido!) o bien se pospone acompañado de los adverbios cuantificativos tan o más: ¡Qué vestido {tan ~ más} bonito! En la segunda opción, la posposición del adjetivo se admite sin estos cuantificadores. Se atestigua esta variante en la lengua literaria y a veces también en otros registros en las áreas caribeña y rioplatense, como en ¡Qué día lindo! o en ¡Qué paz lujosa y digna! (Mujica Lainez, Escarabajo). En las ponderaciones de grado extremo el exclamativo qué puede alternar con un / una ¡Qué magnífico día! ~ ¡Un magnífico día! 

Los grupos exclamativos adjetivales y adverbiales pueden construirse sin palabras exclamativas: ¡Demasiado caro!; ¡Más afuera! Con la partícula exclamativa so (procedente de señor) se forman grupos nominales asimilables en alguna medida a los vocativos, como en Pues mire usted, so idiota, ese es uno de los rasgos negativos de mi modesta biografía (Guillén, Correspondencia). Los adjetivos que se admiten en esta pauta están sujetos a un proceso de sustantivación (como en tonto > un tonto ~ so tonto). Se crean grupos nominales exclamativos con los sustantivos pedazo, especie, remedo y con ciertos sustantivos de grupo (Los sustantivos cuantificativos. Clasificación. Sus propiedades gramaticales) como el que aparece en ¡Hatajo de maulas! (Benet, Saúl). Con la pauta «adjetivo + de + grupo nominal o pronominal» se construyen también grupos exclamativos adjetivales en los que el adjetivo concuerda con el núcleo del término de la preposición: ¡Dichoso del que no conoce la envidia!; ¡Pobrecitas de ellas! 

Los grupos exclamativos de infinitivo, gerundio y participio presentan propiedades híbridas. Los que se forman con infinitivos están sujetos a los cruces entre nombre y verbo descritos en Infinitivos nominales e infinitivos verbales; los que se construyen con participio, como ¡Cuán olvidado de todos!, se asimilan en buena medida a los grupos adjetivales. Como en los restantes grupos sintácticos, los verbales pueden formarse con palabras exclamativas (¡Cuánto sufrir!) o sin ellas (¡Bien hecho!). Son habituales en el español general las estructuras de infinitivo en las que se manifiesta contrariedad, rechazo o sorpresa, como en ¡Hablarle así a mi hija! o ¡Llamarme a estas horas de la noche! Como se vio en Características del gerundio y Otros enunciados de valor imperativo, los gerundios en la exclamación son característicos de las expresiones apelativas de significado imperativo: ¡Andando! 

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