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Los actos verbales y las modalidades de la enunciación

En el enunciado, entendido como la unidad mínima capaz de constituir un mensaje verbal (Oraciones y enunciados), se han distinguido tradicionalmente dos componentes: el contenido al que alude, llamado dictum, y el modus, que aporta la actitud del hablante ante él. En la oración ¿Está lloviendo? corresponde al dictum la descripción de un estado de cosas (‘Está lloviendo’), y al modus el hecho de que el hablante presente esta información como una pregunta. El concepto tradicional de modus se relaciona con el moderno de modalidad. Aunque hoy existe acuerdo general sobre la importancia de esta noción y su estrecha relación con numerosos aspectos de la sintaxis, son menores las coincidencias entre los gramáticos a la hora de deашnirla y delimitar su amplitud. 

Los enunciados lingüísticos no solo expresan informaciones sino que pueden también constituir acciones cuando se usan en las circunstancias comunicativas y sociales adecuadas. En efecto, quien dice Te felicito; Muchas gracias; ¡Cuidado! o ¡Cállate! en las condiciones apropiadas no describe estados de cosas, sino que, por el hecho mismo de usar esas palabras, felicita a su interlocutor, le agradece algo, le hace una advertencia o le da una orden, es decir, lleva a cabo actos verbales o actos de habla. Los enunciados con los que se realizan los actos verbales se llaman realizativos (a veces también performativos, calcando una expresión inglesa). Se caracterizan por tener fuerza ilocutiva o valor ilocutivo, en el sentido de que llevan asociadas las propiedades requeridas para constituirse en un acto verbal determinado. Así, la expresión Te lo prometo no es una oración declarativa similar a Está lloviendo, puesto que quien emite la primera ante otra persona en la situación apropiada lleva a cabo una promesa, por tanto cierto tipo de acción verbal o de acto de habla. Es importante subrayar que un acto de habla determinado solo es reconocido como tal en las circunstancias sociales adecuadas. Por ejemplo, la expresión Está usted absuelto constituye un acto de absolución si es pronunciada por un juez en la situación formal apropiada y no, en cambio, si un abogado la dirige a su cliente. 

En una interpretación amplia del concepto de acto verbal, se considera que oraciones declarativas como Está lloviendo o Te lo prometí, que transmiten determinadas informaciones, también pueden constituir actos verbales. De hecho, suele distinguirse entre el contenido que les corresponde (por ejemplo, la información de que la caída de la lluvia se produce en el momento en que se habla) y el acto verbal que ponen de manifiesto (en este caso, la afirmación o aseveración de un estado de cosas). 

Los actos verbales pueden manifestarse gramaticalmente de formas muy diversas. Para pedir perdón, por ejemplo, suelen usarse en español expresiones como Le pido perdón; ¡Perdón!; Perdóneme; ¿Me perdonas? (o ¿Me perdonás?). Para el acto de jurar se utilizan, entre otras, Lo juro; ¡Por estas!; ¡Por mi madre!, etc. Se llaman verbos realizativos (o, en general, predicados realizativos) los que dan lugar a enunciados que producen el acto de habla que designan. Se usan, en efecto, el verbo prometer para prometer, el grupo verbal pedir perdón para pedir perdón, o el verbo jurar para jurar, pero no se usa el verbo insultar para insultar. Los tres primeros son verbos realizativos porque con enunciados como Te lo prometo, Les pido perdón u Os lo juro se realizan, respectivamente, promesas, peticiones de perdón y juramentos. 

Los verbos realizativos aparecen casi siempre en primera persona del presente de indicativo. Cuando adoptan otras formas suelen perder el valor realizativo. Así pues, el enunciado Te lo prometo constituye una promesa. Por el contrario, con la expresión Te lo prometí (con el verbo en pretérito) no se lleva a cabo una promesa, sino más bien una afirmación, por lo que su contenido puede ajustarse o no a la verdad. Los enunciados construidos con verbos realizativos que poseen valor ilocutivo (como Te lo prometo) no son verdaderos ni falsos, en lo que coinciden con las preguntas, las exclamaciones, las órdenes y otros actos verbales. 

Se mantiene el valor ilocutivo del predicado en ciertas construcciones de pasiva refleja (por tanto, con verbos en tercera persona), como en Se abre la sesión, así como en algunas construcciones de participio: Queda usted despedido; Estás contratado; Prohibido el paso. También se mantiene el valor ilocutivo de algunos verbos cuando aparecen en oraciones subordinadas, como en la decisión que te prometo que nunca volveré a tomar. Es posible, asimismo, felicitar a alguien con la expresión Permítame que la felicite, con la que no se solicita verdaderamente un permiso, lo mismo que con Estoy encantado de felicitarla; Quiero felicitarla por su premio, etc. Como se explica en El infinitivo en las oraciones independientes, en muchos países hispanohablantes es habitual usar el infinitivo como verbo principal con función ilocutiva: Señores, informarles (de) que...; Antes de nada, explicarles que... Se recomienda evitar estas construcciones y emplear en su lugar verbos en forma personal: Señores, les informamos (de) que...; Antes de nada, deseo explicarles que..., etc. 

La negación y las perífrasis progresivas («estar + gerundio»; «ir + gerundio») suelen cancelar, en cambio, el valor ilocutivo de los verbos realizativos. De este modo, No te prometo llevarte al cine no constituye una promesa, ni siquiera una promesa negativa. Quien dice Te estoy pidiendo perdón no pide tampoco perdón por el hecho de usar esas palabras, sino que más bien describe lo que hace con ellas. No tienen, en cambio, el mismo efecto las perífrasis de obligación. Así, es posible entender Debo excusarme como ‘Pido excusas’ o Tengo que anunciar que... como ‘Anuncio que...’. 

Los verbos realizativos constituyen una de las opciones mediante las que es posible llevar a cabo actos verbales, pero existen otras posibilidades, entre ellas las expresiones interjectivas (¡Perdón!; ¡Adiós!; ¡Cuidado!; ¡Salud!), así como grupos sintácticos diversos que forman enunciados no oracionales: Para Isabel (dedicatoria); Por Julio y Ángela (brindis); Despacio (instrucción); Imbécil, encuentre lo que le pido (Jodorowsky, Danza) (imprecación); ¡Música, maestro! (Mundo [Esp.] 11/11/1995) (petición); ¡Esa luz!; ¡Todos firmes! (órdenes); ¡Mía! (petición de la pelota en un juego), etc. Muchos actos verbales se llevan a cabo asimismo mediante enunciados oracionales que no contienen un verbo realizativo. Así, ¿Qué hora es? constituye una pregunta; Vuelve pronto, una petición; Que te mejores, un deseo, etc. 

Existen determinados patrones formales a los que tienden a ajustarse los enunciados oracionales (y con frecuencia también los no oracionales), dependiendo de cuál sea su fuerza ilocutiva. Se trata de las denominadas modalidades de la enunciación o modalidades enunciativas, que corresponden a las estructuras imperativas, interrogativas y exclamativas. A ellas se añade, como modalidad por defecto o no marcada, la asertiva o aseverativa (también llamada enunciativa). Las construcciones optativas o desiderativas presentan en español algunos rasgos distintivos. Los límites entre esas construcciones y las que corresponden a las oraciones imperativas son escurridizos, por lo que no siempre se considera que estas últimas constituyen una modalidad enunciativa autónoma. Todas las anteriores pueden acoger variantes afirmativas y negativas, por lo que la negación no constituye, en sentido estricto, un tipo de modalidad enunciativa. Las modalidades mencionadas se manifiestan a través de la entonación, el orden de las palabras, el modo verbal y otros recursos que se analizarán a lo largo del capítulo. 

Como ha quedado señalado en el apartado anterior, se entiende que la aseverativa puede ser también una modalidad, en la medida en que un enunciado como Está lloviendo expresa cierta información que el hablante presenta como verdadera, y al hacerlo muestra su punto de vista sobre una situación. Los adverbios evaluativos como desgraciadamente, lamentablemente, felizmente y otros similares, usados en posición incidental y separados por una pausa (Desgraciadamente, está lloviendo) no se refieren a los hechos que se describen, sino que reflejan la valoración que el hablante hace de ellos. Se ha observado en numerosas ocasiones que el hecho de que exista una modalidad asertiva —y por tanto pueda hablarse de actos de habla denominados aseveraciones o aserciones— permite interpretar adecuadamente ciertas oraciones subordinadas. En efecto, mientras que en Pablo ha engordado porque hace poco ejercicio se establece una vinculación causal entre dos hechos (‘Que Pablo haga poco ejercicio causa que haya engordado’), en El jefe ha venido, porque su cartera está en la mesa no puede decirse que la presencia de cierta cartera en una mesa constituya la causa de que haya venido el jefe. Las subordinadas así construidas son causales, pero proporcionan la causa de que se diga o se comunique (también se in era o se concluya) el contenido de la oración principal (por tanto la causa de cierta aserción). Se extiende este tipo de razonamiento a las oraciones finales, condicionales y concesivas. 

Cada modalidad puede presentar marcas gramaticales propias. Algunas de ellas son incompatibles entre sí y pueden dar lugar, por tanto, a choques de modalidad. Así, los adverbios de duda son incompatibles con los imperativos (*Siéntese tal vez); el adverbio ojalá es incompatible con las interrogativas que no constituyan réplicas literales (*¿Ojalá se haya muerto?), etc. 

Existe cierta tendencia a que cada modalidad enunciativa se asocie con determinados actos verbales; por ejemplo, la modalidad interrogativa se utiliza prototípicamente para hacer preguntas (¿Dónde vives?; ¿A qué te dedicas?). Sin embargo, la correspondencia no es biunívoca. Así, las estructuras interrogativas constituyen a menudo peticiones (¿Me enseña su pasaporte?), negaciones veladas (¿Tengo yo la culpa de que estuviera cerrado?), propuestas (¿Y si fuéramos al cine?), recriminaciones (¿Por qué no te tranquilizas?), entre otros actos verbales distintos de las preguntas. Análogamente es natural usar las oraciones imperativas para ordenar (Ven inmediatamente), pero también para reconfortar (Ten confianza), desear (Diviértanse) o hacer un ofrecimiento cortés (Tome asiento, por favor), entre otras posibilidades. También es esperable que los enunciados declarativos se usen para afirmar o negar algo (Son las diez), pero se emplean asimismo para ordenar (La llamas y te disculpas con ella), para solicitar algo (Se ruega silencio) y para realizar otros actos verbales. En todos estos casos se suele hablar de actos verbales indirectos, en el sentido de que expresan de manera indirecta contenidos ilocutivos que no se corresponden con los habituales de la modalidad oracional que manifiestan. Intervienen en tales interpretaciones traslaticias diversas convenciones lingüísticas y culturales, algunas de las cuales forman parte de la llamada pragmática de la cortesía. 

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