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Las interrogativas directas totales

Las oraciones interrogativas directas pueden ser totales o disyuntivas y parciales o pronominales. 

Las interrogativas totales (llamadas a veces cerradas) presentan implícita o explícitamente dos o más opciones entre las que el oyente debe elegir. Se dividen a su vez en interrogativas de sí o no e interrogativas alternativas. Las primeras (también denominadas polares) se contestan con uno de esos dos adverbios, o no). En ellas se contraponen dos (y solo dos) opciones antagónicas, como en ¿Tienes frío?, donde se entiende ‘¿Tienes frío o no (tienes frío)?’. En las interrogativas alternativas, en cambio, se elige entre dos o más opciones que la propia pregunta ofrece de forma expresa, como en ¿Prefieres este libro o ese otro?; ¿Iremos por fin a Roma, a París o a Londres? Se asimilan a las interrogativas totales de o no las formadas por un grupo adjetival (¿Listo para empezar la jornada?), nominal (¿Un aperitivo?) o verbal en gerundio (¿Descabezando un sueñecito?). También es posible construir interrogativas alternativas con segmentos suboracionales, como en ¿Accidente o asesinato? (Galeano, Días). 

Pese a su nombre, las interrogativas totales de o no admiten como respuesta otros adverbios e interjecciones, además de las locuciones adverbiales e interjectivas correspondientes a ambos tipos de palabras. Pueden expresar asentimiento (claro, naturalmente, por supuesto, sin duda, desde luego), negación (jamás, de ningún modo, ni hablar), duda (quizá, probablemente, seguramente, a lo mejor). Por otra parte, es habitual que las respuestas a estas preguntas totales proporcionen más información de la que se solicita, unas veces repitiendo enfáticamente lo que podría sobrentenderse (—¿Ha llegado el patrón? —No, no ha llegado) y otras añadiendo contenidos que no se demandan, pero pueden interesar (—¿Te vas de vacaciones? —Sí, el lunes). 

En las respuestas es muy frecuente que el adverbio no vaya seguido de un elemento que sustituye al afectado por la negación. Así, el enunciado interrogativo ¿Le has entregado al profesor de Lengua el trabajo de esta semana? puede recibir respuestas diversas dependiendo de cuál sea el foco de la pregunta, como por ejemplo, No, a su ayudante; No, al de Literatura o No, el de la semana pasada. Por razones discursivas relativas a la naturaleza del diálogo, más que a las propiedades sintácticas de la interrogación, el interpelado puede contestar una pregunta interrogativa total de o no sin usar una expresión de asentimiento o de rechazo y sin proporcionar tampoco el sustituto que corresponde al foco de la interrogación. Por ejemplo, a la pregunta, ya mencionada ¿Le has entregado al profesor de Lengua el trabajo de esta semana? podría replicarse con un enunciado declarativo (He estado enfermo), imperativo (No bromees), exclamativo (¡Qué pregunta tan tonta!) o interrogativo (¿Por qué habría de hacerlo?), además de con otras muchas variantes de cada una de estas opciones. 

De forma paralela, la respuesta a una pregunta alternativa puede no estar constituida por uno de los elementos propuestos en ella, de modo que a la pregunta ¿Hoy es lunes o martes? podría responderse con el sustantivo Miércoles, pero también con ¡Nunca sabes en qué día vives! La variedad de respuestas posibles se incrementa por el hecho (señalado en Características generales de las oraciones interrogativas directas) de que los enunciados interrogativos pueden emplearse para realizar actos de habla distintos de las preguntas. Así, es natural interpretar como invitación la pregunta de o no ¿Tomamos un café?, de modo que la respuesta que el interpelado ofrezca estará en consonancia con tal interpretación discursiva, como por ejemplo Te lo agradezco, pero tengo mucha prisa

Muchas interrogativas totales se interpretan como preguntas confirmativas u orientadas. Es normal que quien pregunta ¿Te llamas Rosarito? no quiera expresar el contenido que corresponde a ¿Te llamas Rosarito o no?, sino más bien el de ¿Es cierto que te llamas Rosarito? Así pues, el emisor puede usar una pregunta de o no para confirmar cierta información que tiene por verdadera, en lugar de para pedir que se elija una entre dos opciones antitéticas. Las preguntas que se ajustan a los patrones ¿Verdad que...? o ¿No es cierto que...? son también confirmativas. Aunque se consideran totales, no presentan propiamente dos opciones, ya que no aceptan el apéndice ¿... o no? Terminan de esta forma, en cambio, las preguntas que reclaman una aclaración, como —¿Qué? ¿Vienes o no? —le gritó Clara desde la puerta (Torrente Ballester, Gozos). Este apéndice añade a la pregunta valores diversos (insistencia, presión, recriminación o vehemencia, a veces duda) y admite variantes como ¿... sí o no? Suelen ser descorteses las fórmulas ¿... o qué? y ¿En qué quedamos?, usadas también como apéndices confirmativos en las preguntas. Cuando ¿o no? forma grupo entonativo independiente (lo que se refleja en la escritura), cambia el significado de las preguntas a las que acompaña. Contrastan así ¿Estás con nosotros o no?, donde se demanda una aclaración o una resolución, y Estás con nosotros ¿o no?, donde se da por sentado el contenido de la afirmación inicial, que se pone luego en tela de juicio. 

Los apéndices confirmativos (también apéndices interrogativos o muletillas interrogativas) pueden seguir asimismo a las aseveraciones, como en Estás enojado, ¿no? Muchas de estas fórmulas están extendidas por la mayor parte de las áreas hispanohablantes: ¿no?, ¿verdad?, ¿eh?, ¿ves?, ¿oíste?, ¿(me) entiendes?, ¿te das cuenta?, ¿está bien? tras están sujetas a mayor variación geográfica: ¿ya?, ¿tú sabes?, ¿viste?, ¿vale?, ¿no cierto?, ¿di?, ¿ta?, ¿a poco no? Se usan estas expresiones para enfatizar lo dicho, presentarlo como evidente, lógico o natural, pedir la aquiescencia del interlocutor o simplemente intentar averiguar si se está siendo atendido o comprendido. Los siguientes textos ejemplifican algunos de estos usos: 

Tengo cuarenta años y jamás, ¿oíste?, jamás he permitido que una mujer me manipule (Martínez, Vuelo); Te lo anuncié, ¿viste? (Benedetti, Primavera); No me hace falta nada. Todos me quieren, ¿no te das cuenta? (Boullosa, Duerme); Siempre se la anda uno buscando, ¿a poco no? (Fuentes, Región); Dejá que yo me preocupe por mi salud, ¿vale? (Belli, Mujer). 

Se usan en el habla coloquial varias fórmulas interrogativas introductorias que anticipan una afirmación del hablante, generalmente presentándola como novedosa, interesante, inesperada u oportuna. Algunas de ellas son ¿sabes? (también ¿sabes una cosa? o ¿sabes qué?), ¿te digo una cosa?, ¿te cuento?, ¿te acordás?, ¿a que no sabes...?, entre otras muchas similares, como en ¿Sabes lo que te digo? Que no eres más que un perfecto majadero (Guelbenzu, Río). Las expresiones ¿sabes?, ¿ves? y algunas otras de las citadas se usan como interrogaciones introductorias al principio de un enunciado, pero también como apéndices interrogativos tras una afirmación, como en Las cosas no van muy bien en la tienda, ¿sabes? (O’Donnell, Vincent). 

 

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