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Las expresiones vocativas

Las expresiones vocativas son pronombres personales o grupos nominales que se usan para dirigirse a alguien, generalmente solicitando una respuesta o una reacción. Se emplean también para saludar o iniciar una conversación (¡Buenas tardes, doña Encarna!), para llamar la atención (¡Eh, tú!), pedir u ordenar algo ( ¡Acércate, muchacho!), para disculparse ( ¡Perdone, señor!) o para dirigirse a alguien con muy diversos propósitos. Como se vio en Los grupos sintácticos exclamativos, con los grupos nominales se pueden crear enunciados exclamativos que constituyen insultos. Estas expresiones ( ¡Maldito embustero!; ¡Canalla!; ¡Ladrón!) no se diferencian de los vocativos más que en la intención del que habla, puesto que su objetivo no es llamar la atención del interlocutor, sino dirigirle alguna expresión difamatoria, esté o no presente. 

Se emplean como vocativos los pronombres, los nombres propios de persona, los de parentesco, oficios y profesiones, títulos honoríficos, y otros sustantivos análogos. Pueden dirigirse también a animales y cosas personificadas, como en Come, perrito, de este manjar (Quintero, E., Danza) o en ¡Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas! (Jiménez, Eternidades). Los vocativos aparecen con frecuencia acompañando a las interjecciones, como en Adiós, mi niña: voy a Nigeria (Alberto, Eternidad), a los imperativos: Dame la mano, Molina (Puig, Beso) y a las preguntas: ¿Vienes, Camila? (Asturias, Presidente). Suelen carecer de determinante los grupos nominales vocativos formados por nombres comunes: ¡Pase, señora! Se registran, sin embargo, algunas excepciones con los posesivos (Posesivos posnominales. Contrastes con los prenominales), como en ¿Qué te sucede, mi amor?; Epa, mi hijita, despiértese; A sus órdenes, mi comandante. 

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