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La interrogación retórica

Se llaman interrogativas retóricas las que contienen implícitamente su propia respuesta o sugieren de forma velada la inclinación del hablante que las formula hacia una respuesta particular. Las interrogativas de este grupo contienen a menudo marcas de orientación, es decir, rasgos formales que muestran en qué sentido se orienta la respuesta. Así, la presencia del adverbio acaso en la oración ¿Acaso se oye mal este disco? deja entrever la respuesta negativa que espera el hablante. Algunas preguntas retóricas permiten la aparición de indefinidos negativos y otras expresiones de polaridad negativa, lo que es indicio claro de su orientación: ¿Dónde has visto tú a nadie que acepte una oferta así?; ¿Movió él un dedo por nosotros? 

Las interrogativas bimembres que se ajustan a la pauta «grupo interrogativo + grupo nominal», sin verbo, tienen con frecuencia valor retórico, en particular las formuladas con interrogativos que denotan causa. Así, ¿Para qué tanto esfuerzo? sugiere ‘No hay razón para tanto esfuerzo’, y ¿Por qué estas carreras? da a entender ‘No hay razón para estas carreras’. Las preguntas introducidas por ¿A santo de qué...?; ¿A cuento de qué...?; ¿A qué viene...? y otras expresiones similares implican asimismo la inexistencia de motivos (en opinión de quien las formula) para algún comportamiento determinado: ¿A cuento de qué tanta preocupación? (Hoy [Chile] 20/1/1997). Algunos sustantivos, no siempre coincidentes en todos los países (demonios, diablos, diantre, fregados, leches, narices y otras voces malsonantes) acompañan a los pronombres y adverbios interrogativos creando grupos interrogativos complejos de interpretación enfática, como en ¿Dónde demonios se encuentra ese muchacho? (Britton, Siglo). Las preguntas así construidas revelan fastidio, incomodidad, impaciencia, desesperación y otras actitudes similares ante alguna situación adversa. Se forman con interrogativos de interpretación referencial (quién narices, cómo diablos), lo que excluye de este paradigma el interrogativo cuánto. Las interrogativas enfáticas formadas con esta pauta no se interpretan en relación con el discurso precedente y rechazan siempre los complementos partitivos: ¿Quién (diablos) la habría avisado? ~ ¿Quién de ellos la habría avisado? ~ ¿*Quién diablos de ellos la habría avisado? 

Las preguntas retóricas introducidas por ¿A que...? dan a entender que lo que se dice es correcto ( ¿A que tengo razón?), pero también se usan para plantear al interlocutor un reto o una apuesta, sea real o fingida, como en ¿A que no sabe usted, Azorín, en lo que pensaba don Víctor cuando se estaba muriendo? (Azorín, Antonio Azorín). Las preguntas precedidas de la conjunción conque implican unas veces sorpresa y otras censura: Prato había oído algunas de sus viejas poesías libidinosas y lagrimeantes. [...] ¿Conque usted es el autor? (Uslar Pietri, Oficio). 

Con ¿Es que...? se introduce retóricamente una hipótesis considerada fiilógica o poco probable, pero digna de consideración: ¿Es que no respetas nada, muchacho? (Quintero, Esperando). Favorece asimismo la interpretación orientada la perífrasis "ir a + infinitivo": ¿Cómo lo voy a recordar?; ¿Qué iba a hacer yo? Suelen estar orientadas hacia una respuesta negativa muchas interrogativas directas de infinitivo, como en ¿Qué responder a semejante declaración? (Cabrera Infante, Habana), más marcadamente si son preguntas de o no, como en ¿Volverme? No, que será peor (Lope Rueda, Engañados). Otras fórmulas semilexicalizadas que se usan de forma habitual en la interpretación orientada son las subrayadas en los ejemplos siguientes: 

¿Tienes idea de lo que cuesta esto?; ¿Adónde vas con ese traje?; ¿Cómo puede uno estar con alguien así?; ¿Por qué no me habré quedado en casa?; ¿Qué te has creído que es este trabajo?; ¿Quién se podía imaginar que hoy estaríamos aquí?; ¿Te has dado cuenta de qué hora es? 

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