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El imperativo. Sus propiedades formales

La expresión Tranquilízate constituye un enunciado imperativo, por tanto un acto verbal con el que se solicita algo. Los enunciados imperativos se construyen de forma característica con un verbo en modo imperativo. Desde el punto de vista morfológico, este se caracteriza por presentar un paradigma defectivo constituido fundamentalmente por formas de segunda persona. Así, por ejemplo, el imperativo del verbo venir consta de las siguientes formas: 

Singular: ven ~ vení (en las zonas voseantes), venga (usted ).
Plural: venid (usada en parte de España), vengan (ustedes), vengamos. 

Como se comprueba en esta relación, las formas ven, vení y venid son exclusivas del modo imperativo, mientras que las otras tres son compartidas por el imperativo y el subjuntivo. Para los detalles sobre la flexión del imperativo, véase el capítulo y las tablas de la conjugación en él incluidas. 

No existe pleno acuerdo sobre la cuestión de si las formas compartidas a las que se acaba de aludir pertenecen únicamente al modo subjuntivo o corresponden también al paradigma del imperativo. En cuanto a las formas de primera persona del plural, solo podrían ser consideradas de imperativo aquellas que incluyen al oyente en su referencia, como sucede en los siguientes textos: 

Vámonos, Villier, aunque tengamos que separarnos tú y yo, salgamos de aquí y dejémosla que repose (Nieva, Zorra); Si me invitaste a entrar, veámoslo todo (Donoso, Elefantes); ¡Tranquilícense todos y vayámonos a dormir [...]! (Sastre, Viaje). 

A favor de integrar las formas compartidas en el imperativo está el hecho de que los pronombres átonos se posponen a los imperativos (Díganle la verdad), pero se anteponen a las formas del subjuntivo (para que le digan la verdad). Es igualmente polémico si deben considerarse en el paradigma del modo imperativo los verbos que se subrayan en Pase Vuestra Majestad; No se preocupe la señora marquesa; Véase el párrafo siguiente; ¡Que lo cuelguen!; No lo permita Dios

Las formas exclusivas del imperativo, es decir, las que no comparte con el subjuntivo, no admiten la negación: *No ven; *No sal. Los plurales del tipo No venid; No salid se atestiguan ocasionalmente en España, como en Atended al tiempo y no quered perder el rocín y las manzanas (Estébanez Calderón, Escenas), pero se consideran hoy incorrectos. Las formas de imperativo se sustituyen en todos estos casos por las de subjuntivo: No vengas; No salgáis. Las correspondientes a usted / ustedes pueden ir negadas porque coinciden con las del subjuntivo: ¡No me molesten, déjenme tranquila! (O’Donnell, Vincent). 

En la lengua coloquial son relativamente comunes los infinitivos usados como imperativos, pero se recomienda evitar este uso en la expresión cuidada. Se trata de enunciados como ¡Venir a echarme una mano!, en lugar de ¡Venid a echarme una mano!; ¡Darle lo que os pida!, en lugar de ¡Dadle lo que os pida!; Sentaros (o Sentarse), en lugar de Sentaos (o Siéntense). También se recomienda evitar en la expresión cuidada el uso de infinitivos negados con el valor de los imperativos negativos: No hablar de eso ahora; No venir más por aquí. La alternancia entre las formas de imperativo y las de infinitivo se produce en todo el mundo hispánico tanto en carteles y rótulos (No fumar; Salir antes de entrar; No tocar, peligro de muerte) como en las instrucciones de los textos escolares (Ordenar alfabéticamente las siguientes palabras). Fuera de estos usos se recomienda evitar el infinitivo en los registros formales. 

Como se hace notar en Posición de los pronombres átonos en relación con el verbo, las formas verbales afirmativas del modo imperativo presentan los pronombres pospuestos: Pónmelo; Sacadlas. La norma se aplica igualmente a las formas de primera de plural (Digámosle la verdad) y a las correspondientes a usted/ustedes. Se recomienda usar, por tanto, expresiones como Póngame un kilo de manzanas; Repítamelo; Siéntense, en lugar de Me ponga un kilo de manzanas; Me lo repita; Se sienten, puesto que estas últimas variantes están desprestigiadas. Las formas del subjuntivo que se usan en las versiones negativas se construyen con pronombres proclíticos en lugar de con enclíticos: No se lo digas. Aunque el imperativo admite la posposición simultánea de varios pronombres, esta resulta menos natural si uno de ellos es un dativo ético (Dativo ético y dativo concordado). Se dice, pues, No te caigas y Cáete, pero, frente a No te me caigas, se evita la variante con enclítico Cáeteme. 

La posposición de los pronombres en el imperativo puede dar lugar a alteraciones morfofonológicas, además de gráficas. Se ejemplifican los principales cambios con los verbos callarse y decir

Callad + os: desaparece -d (callaos). No se recomiendan en los registros formales las variantes con -r propias de la lengua coloquial: Silencio. Callaros (Arrabal, Cementerio). 

Callemos + nos: desaparece la primera -s (callémonos). Se documentan ocasionalmente las variantes que no eliden dicha consonante (callémosnos, pongámosnos), pero se consideran incorrectas. 

Digamos + se: desaparece -s en la escritura (digámoselo), no siempre en la pronunciación. No se debe, pues, escribir digámosselo. 

Se cuestiona si debe reconocerse o no un tiempo presente (o más sencillamente, un tiempo verbal) en el paradigma del imperativo (dime, ven). La significación de estas formas es siempre prospectiva, es decir, apunta al futuro. No obstante, en el español coloquial europeo se usan infinitivos compuestos con valor realizativo, como en los textos que siguen: 

—Vimos la vía y el pesebre y pensamos... —Pues no haber pensado, les replicaron (Mendoza, Ciudad); Carmiña: Pues de lo malo lo menos, que el sábado pasado te pusiste en lucimiento con los cuatro ramajos que trajiste. Susa: Haberlos traído tú en vez de tanto soltar quejas, Carmiñina (Lázaro, Humo); [...] No haber venido, hombre (García Hortelano, Mary Tribune). 

Estos infinitivos compuestos constituyen, en efecto, actos verbales, pero los enunciados en los que aparecen no son propiamente imperativos. Se usan como recriminaciones dirigidas al oyente una vez que se ha puesto de manifiesto que se obtiene algún perjuicio por no haber adoptado la conducta adecuada. Como consecuencia de esta interpretación, no se usan al comienzo del discurso. Son, por otra parte, construcciones contrafácticas, ya que presuponen que tuvo lugar en el pasado el estado de cosas contrario al que expresan: ¡No haberte ido! implica, en efecto, ‘Te fuiste’, y ¡Haberos preocupado! implica ‘No os preocupasteis’. En el español americano es más común el pluscuamperfecto de subjuntivo que el infinitivo compuesto con este valor: ¡Hubieras venido!; ¡Lo hubieras traído!; ¡No lo hubieran hecho! Esa opción es también la que muestran muchos textos del español europeo y la que se usaba en la lengua clásica (El pretérito imperfecto (CANTARA o CANTASE) y el pretérito pluscuamperfecto (HUBIERA o HUBIESE CANTADO)).

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