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Aspectos sintácticos de las oraciones exclamativas

Si se atiende a su constitución interna, cabe distinguir entre tres tipos de oraciones exclamativas que presentan varias peculiaridades sintácticas: las exclamativas de anteposición enfática, las exclamativas bimembres o predicativas y las exclamativas de partícula enfática inicial. 

Las exclamativas de anteposición enfática presentan antepuesto el elemento que se enfatiza o focaliza. Como en las interrogativas, el sujeto expreso se sitúa en ellas en posición posverbal cuando no coincide con la palabra exclamativa: ¡Qué hambre tenía yo!; ¡Cómo vive esta gente! No obstante, el segmento antepuesto en estas oraciones no está constituido necesariamente por palabras exclamativas: ¡Dos mil dólares me pidió tu amigo por un auto usado!; ¡Buen apetito traías!; ¡A tal punto llegó la discusión! o ¡Tarde viene una a arrepentirse de sus crueldades! (Ayala, Muertes). 

Constituyen un subgrupo de estas exclamativas las que incluyen la conjunción que, que separa el grupo exclamativo del resto de la oración, como en los textos que se citan a continuación: 

¡Qué mal que finge amor quien no le tiene (Lope Vega, Perro); —Buenas tardes, don —dijo la señora de negro—. Qué calor que hace (Cortázar, Rayuela); ¡Qué estúpido que he sido, cómo he malgastado mi tiempo! (O’Donnell, Vincent). 

En este uso, la conjunción que se considera expletiva, ya que puede omitirse sin afectar al sentido. Su presencia es más común en la lengua coloquial que en los registros formales. No se usa el pronombre neutro qué (¡*Qué que dices!) en estas construcciones, pero sí el exclamativo cuánto y sus variantes, como en ¡Cuánto que disfrutó! o en ¡Cuánta gente que ha festejado el triunfo de Obama en USA! (Clarín 3/2/2009). Tampoco se emplea la conjunción expletiva en las interrogativas parciales, lo que da lugar a contrastes como ¡Qué cosas que dices! ~ *¿Qué cosas que dices? 

Además de los grupos formados con qué o cuánto, pueden entrar en este esquema otros grupos exclamativos: 

¡Menuda bromita que nos gastaron!; ¡Poco que nos reímos!; ¡Mucho que le van a escuchar!; ¡Bien contento que iba!; Si no te invitan, ¡eso que pierden ellos y eso que te ahorras tú! 

Aunque en alguno de los ejemplos anteriores la partícula que podría interpretarse como relativo, su comportamiento es más propiamente el de una conjunción. Se ha observado que si que fuera relativo, se formarían con naturalidad relativas preposicionales como *¡Qué extremos a que hemos llegado!, donde la relativa sigue a su antecedente nominal, pero las secuencias correspondientes a esta pauta llevan, en cambio, la preposición en posición inicial: ¡A qué extremos que hemos llegado! 

Las exclamativas bimembres o predicativas se ajustan a la pauta «predicado + sujeto de predicación». Como se ve, el sujeto de la predicación es el segundo componente de la oración exclamativa. El predicado de estas oraciones no es verbal, sino nominal (¡Buena cosecha la de este año!) o adjetival (¡Magnífico el concierto del sábado!). El sujeto de estas exclamativas es frecuentemente nominal, pero puede ser también pronominal (¡Qué días aquellos!), además de oracional, como en ¡Qué bueno que las cosas se solucionaran! 

Se forman también oraciones exclamativas con una serie de partículas enfáticas que ponderan o realzan la actitud del hablante en relación con lo que expresa. En efecto, son oraciones exclamativas tanto ¡Iremos a la playa! como ¡Vaya si iremos a la playa! Sin embargo, en la segunda se percibe mayor vehemencia por parte del hablante, acaso como reacción a una objeción previa. La mayor parte de estas exclamativas de partícula enfática inicial se forman con la conjunción subordinante que ( ¡Cuidado que es lista!; Bien que la mirabas!), pero algunas alternan que y si. La variante vaya que está más restringida geográficamente que vaya si, pero puede alternar con ella en algunos países, además de con vaya que si: 

¡Vaya que eres descuidado! ¿Y tu máscara? (Gasulla, Culminación); ¿Quién ha dicho que soñar no cuesta? ¡Vaya si cuesta! (Alberto, Eternidad ); —¿Te acuerdas de aquel señor alto que nos arregló el cuarto de baño? Pues allí. —¿El del Escorial? —Vaya que si me acuerdo (Martín Gaite, Nubosidad ). 

La partícula bien se registra con la conjunción que ( ¡Bien que me lo sospechaba yo!) o sin ella ( ¡Bien me lo sospechaba yo!), pero la primera variante es hoy más frecuente que la segunda. Cabe agregar a este paradigma de partículas enfáticas sí que, en su uso no irónico, como en ¡Pues sí que tenías sed! Te has bebido dos litros de agua. 

Las partículas enfáticas iniciales de las exclamativas descritas en el apartado precedente son incompatibles con un cuantificador de grado interno a la oración: ¡Vaya si estudia (*mucho)!; ¡Bien que te pareces (*bastante) a tu padre!; ¡Si dirán estos chicos (*muchas) tonterías!; ¡Cuidado que es (*muy) mimosa mi gata! Constituyen, pues, una suerte de cuantificadores a distancia. Estas partículas enfáticas son asimismo incompatibles con la negación, como en ¡Vaya si (*no) lo conozco! Construida con futuros o condicionales, la conjunción si también da lugar a estructuras exclamativas de partícula enfática inicial: ¡Si estará loco!; ¡Si se habrá ido lejos!; ¡Si tendría dinero! En tales contextos, si puede suplir al cuantificador tan, hasta el punto de que cabe añadir subordinadas consecutivas. Así, ¡Si será listo que no falló ninguna respuesta! recibe una interpretación similar a ‘Es tan listo que no falló ninguna respuesta’. 

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