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Finales internas con la preposición a

Tienen sentido final una serie de construcciones encabezadas por la preposición a dependientes de verbos de movimiento. Estos pueden ser intransitivos, como en Durante a‹ os han estado subiendo a protestar por las manchas de humedad que brotaban esporádicamente en el techo de su vivienda (Martín Gaite, Nubosidad), o transitivos, como en Desde que la había traído a vivir aquí no sabía de otras noches pasadas a su lado (Rulfo, Pedro Páramo). Los verbos de acción que no cabe interpretar como verbos de movimiento suelen rechazar esta construcción: Abrió la ventana {para ~ *a} que entrara el sol. No obstante, en algunas variedades del español hablado en el Ecuador y el Perú se admite «a que + subjuntivo» con este uso, como en Avísenlo a que venga pronto. A esta misma pauta corresponde el texto siguiente: Paga primero y di tu apellido, a que yo sepa quién fue tu padre (Barrantes Castro, Cumbrera). También admiten la construcción unos pocos verbos que expresan el cese de un movimiento o una actividad: Doña Chon se detuvo a pagar el carruaje (Asturias, Presidente). 

Los complementos finales con la preposición a mencionados en el apartado anterior están sujetos a una serie de restricciones. Así, el movimiento que el verbo principal expresa debe tener término o destino, lo que explica el contraste entre Corrió al hospital a que le curaran la herida y *Corría en el gimnasio a fortalecer las piernas. Por otra parte, el predicado de la oración final es un verbo de acción, no de estado (*... a ocupar menos espacio, *... a tener algo que decir), y tiende a rechazar la negación (*Se sentaron a no discutir). Las oraciones finales con a suelen ser igualmente extrañas si en la subordinada no se alude a una acción en la que participe la persona designada por el sujeto del verbo principal: Vengo {para ~ *a} que t‹ú te vayas. Por último, el verbo principal y el subordinado no deben situarse en espacios temporales diferentes. Resulta natural decir, en efecto, Voy al médico a las siete para que me atiendan a las ocho, pero resultaría forzada la variante Voy al médico a las siete a que me atiendan a las ocho. 

Las oraciones finales con a son compatibles con las de para: Llevé a mamá a que viviera con nosotros, para que fuera testigo y juez de lo que pasaba (Castellanos, I., Eterno), y también con los complementos locativos que expresan destino, como en Voy a la ciudad a que me vea el médico. El carácter argumental de las construcciones finales con a explica que, en posición posverbal, las introducidas por a precedan a las formadas con para. Se dice, pues, Voy a que me den un certificado para que contraten a mi hija, en lugar de *Voy para que contraten a mi hija a que me den un certificado.

Además de los verbos de movimiento, seleccionan argumentos oracionales de sentido final introducidos por a varios verbos que expresan apoyo, contribución, coacción y otras formas en que se puede manifestar la influencia de alguien sobre los demás. Pertenecen a este paradigma animar, ayudar, contribuir, empujar, obligar, y otros verbos similares: Lo animaba a que cogiera el tren y se marchara (Chirbes, Letra); El padre lo empujó a que se metiera en las carreras (Puig, Beso). También se construyen con a, en su interpretación final, los complementos de aguardar y esperar: […] aguardó a que el médico concluyese el debilísimo hilo de sus memorias (García Pavón, Reinado). 

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