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Conjunciones y locuciones conjuntivas de carácter ilativo

Con escasas excepciones, como luego o conque, casi todas las partículas que introducen oraciones ilativas son locuciones conjuntivas. La pauta «de + sustantivo + que» da lugar a las locuciones de forma que, de modo que, de manera que, de suerte que, esta última más propia de la lengua escrita. Se usa por manera que en algunos países americanos. Todas estas partículas se construyen con indicativo cuando tienen un valor estrictamente ilativo: Las Fuerzas Armadas no han reclamado en ningún momento que se les confiara la tarea de enjuiciar y sancionar a los delincuentes, de manera que estos permanecer|n sometidos al fuero regular de la justicia civil (Margas Llosa, Gantaleón). Construidas con subjuntivo, adquieren valor consecutivo (más exactamente consecutivo-final: Características generales y Caracterización), ya que cuantifican a los sustantivos modo, manera, forma. Se obtienen así alternancias como Escríbelo de {tal manera ~ manera ~ una manera tal} que todo el mundo lo entienda. A esta misma pauta corresponde el texto siguiente: Respiró recio dos veces: primero hacia afuera, para sosegarse, luego hacia dentro, de modo que no tuviera que respirar más mientras estuviera encarando (Aparicio, César). 

Sobre el adverbio demostrativo así se forma la locución conjuntiva así que (con la variante así es que y la incorrecta así es de que), cuyo valor ilativo queda patente en ejemplos como demás, cuando come no conoce a nadie, así que por favor dime qué te pasa (Esquivel, Agua). El adverbio así forma parte igualmente de la locución adverbial de carácter ilativo así pues Sobre adverbios demostrativos están también formadas las locuciones de ahí que, de aquí que: En aquellos meses de verano a verano apenas si pensó en algo más, de ahí que aceptara el papel de esperar (Regàs, Azul). Se diferencian de las restantes locuciones ilativas en que presentan la información oracional que introducen —siempre en subjuntivo— como conocida por el lector o el oyente, aunque esa suposición sea a menudo retórica. Desde el punto de vista de su estructura, ofrecen también algunas particularidades: pueden ir precedidas de la conjunción y (... y de ahí que...). Cuando inducen a pensar en la reposición de un verbo (de ahí se deduce, ... se sigue, etc.), cabe entender que la oración con que es una subordinada sustantiva de sujeto, en alternancia con un grupo nominal: De ahí {que aceptara ~ su aceptación}. Aunque no se recomienda colocar una coma tras ahí, su presencia en los textos parece apoyar esta segmentación: De ahí, que muchos, cuando se encuentran en presencia de un rostro nuevo, es como si de pronto, tuvieran ante los ojos un mapa (Arlt, Aguafuertes). 

De la combinación entre la preposición con y la conjunción subordinante que se obtiene la conjunción conque, de sentido semejante al de así que: —Ah, conque la lucha guerrillera te parece menos peligrosa (Fuentes, Gringo). No debe confundirse con el complemento de régimen introducido por la preposición con, combinación que no tiene valor ilativo y que se escribe en dos palabras: Bastaba con que la habitación estuviera limpia. También se distingue la conjunción conque de la combinación de la preposición con y el pronombre relativo que, como en Debía ser su novio por el cariñ‹o con que pronunció la palabra Pipo (Cabrera Infante, Habana). 

La conjunción ilativa pues, de carácter átono, se distingue tanto de la conjunción causal explicativa (Causales explicativas) como del adverbio pues, también ilativo. Este último es tónico y suele aparecer como inciso, según se muestra en los siguientes ejemplos: 

Llegó, pues, don Felices con su reloj de arena (Cunqueiro, Merlín); Al principio, pues, veíanse al fondo muchas figuras confundiéndose en la sombra (Ferrero, Bélver); Miren, pues, el hombre ha leído (Uslar Pietri, Oficio). 

Como conjunción ilativa, ha sido considerada partícula expletiva, ya que puede omitirse en un gran número de casos. Aun así, su presencia, más habitual en la lengua coloquial, añade énfasis a la expresión y señala expresamente el deseo del hablante de establecer algún vínculo entre la información que introduce y la que ya se ha presentado. La frecuencia de esta partícula y su carácter átono la convierten a menudo, sobre todo en ciertas zonas de América, en pos, con variantes como pus, pu, po, pue, pes, pis, pe e incluso ps, todas las cuales se recomienda evitar, especialmente en la lengua escrita y en los registros formales. 

Es frecuente el uso de la conjunción ilativa pues como apoyo para iniciar una respuesta o una réplica, como en - ¿Y qué se necesita Pues la verdad es que no lo sé muy bien, o en - Se ha ido de viaje fuera. Pero no tengo ni idea de adónde. -Bueno, pues ahora a dormir (Martín Gaite, Nubosidad). En el uso llamado contrastivo, pues introduce una afirmación opuesta a la que se acaba de presentar, como cuando alguien dice: Aquí no hay cigüeñas, y su interlocutor replica: Pues en mi pueblo hay cientos. Se obtiene otra variante del uso contrastivo de pues cuando el hablante no desea negar lo que ha dicho su interlocutor, sino más bien agregar una apostilla que lo presenta como sorprendente o inesperado: -¡Este poema es fantástico! -Pues lo ha escrito Pablito. Se trata de un empleo opuesto al de como que descrito en Causales explicativas: -¡Este poema es fantástico! -Como que es de Neruda. En otros casos pues se antepone a la respuesta dada a alguna pregunta, si el que responde entiende que la contestación era obvia: 

— Y ¿qué pintas tú allí? — Hombre, pues para llevar las cuentas y vigilar la carga, no (Landero, Juegos); — ¿De qué te ríes? —Pues de la injusticia de tu amigo. ¡Pobre! (Isaacs, María); ¿Quiere guerra? Pues la tendrá (Ribera, Sangre); Cómo que de qué tierra Pues de la tierra, hombre, de la tierra, está bien claro (Zamora Vicente, Traque). 

Unida a bueno (bueno, pues…), la conjunción pues tiene un valor recapitulativo semejante al de la locución adverbial ilativa así pues sabías lo del hijo a madre era una compa era de guerra de Amadeo… Bueno, pues le conté la aventura de aquel día (Aldecoa, J., Maestra). El valor ilativo es ya muy tenue en los ejemplos en los que pues tiene función fática. Se usa en ellos para indicar que el canal sigue abierto mientras se encuentra la forma de proseguir la secuencia, como en Lo que digo es, pues eso, lo que he dicho que no se puede vivir ni con ellas ni sin ellas (Pombo, Héroe). Otras veces separa ciertas subordinadas antepuestas en posición de tópico del resto de la oración: Como lo dominaron tanto tiempo, pues aspiran a continuar este dominio. Este uso es especialmente común en algunas variedades del español americano.

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