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Causales del enunciado y causales de la enunciación

Las dos secuencias que siguen presentan pautas entonativas diferentes, pero también corresponden a tipos oracionales distintos: Llueve porque esta zona está cerca de la montaña; Llueve, porque la gente lleva paraguas. En el primer ejemplo puede entenderse que la cercanía de la montaña produce, o al menos favorece, el hecho de que llueva. Por el contrario, la presencia de los paraguas en la segunda no se interpreta como causa de la lluvia, sino como causa de que el hablante infiera, y por tanto comunique, que está lloviendo. La primera oración contiene una subordinada causal que corresponde al enunciado (modifica al verbo llover), mientras que la segunda corresponde a la enunciación, más exactamente a un verbo de lengua o de juicio, que no está explícito y que expresa el hecho mismo de emitir esas palabras o el de llegar a la conclusión que se presenta. Una paráfrasis aproximada de la última secuencia podría ser (Digo que) llueve porque la gente lleva paraguas Las causales de la enunciación son siempre externas al predicado. 

Así pues, con las causales de la enunciación no se justifica el hecho que se aduce, sino el acto verbal que lo expresa, así como la deducción que realiza el hablante. Caben, no obstante, otras interpretaciones. Con el contenido manifestado por la oración causal puede justificarse una amenaza (Cuando yo sea jefe de estudios, esto se va a acabar, porque ya está bien), una petición (Acércame la sal, que no llego), una pregunta (¿Hace frío? Porque os veo muy abrigados) o un deseo: Hay gringos que en este pueblo no han llegado y ojalá no lleguen porque lo compran todo de una sola ve (Morón, Gallo). 

Las causales de la enunciación suelen ir introducidas por la conjunción porque, pero son posibles otras conjunciones, como se ve en los ejemplos siguientes: 

Ya que Fermín está en su dormitorio, puede usted usar mi habitación (Ruiz Safón, Sombra); Puesto que todo es así, puedes morir en cualquier momento con grandiosa futilidad (Umbral, Mortal); Tampoco estaba cerca, pues no respondía al grito ansioso de Adán (Alegre, Locus). 

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